Música

La Callas, Marilyn y un manojo de rábanos

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María Callas y Anton Tonini, 1961. Foto: Cordon.

Los que fuimos niños gorditos con gafas nos reconocemos entre nosotros. Da igual que nos hayamos hecho mayores, que hayamos adelgazado o que nos hayamos operado la miopía. La infancia deja cicatrices indelebles. Es obvio que yo hablo de las que conozco, cada uno tiene las suyas, pero es también indiscutible que hay cosas que nunca se superan, solo se aprende a vivir con ellas y basta un pequeño gesto para que se encienda el interruptor en la memoria que te lleve exactamente a ese lugar donde fuiste la gafotas, a cuando el profesor de baile regional te hizo actuar a ciegas porque, según él, el traje tradicional de gallega nunca se llevó con gafas, por citar un ejemplo al azar. Los amantes de las formas puras no tuvieron piedad durante el siglo XX, no nos librábamos ni los niños.

Por una cuestión similar, María Callas nunca quiso representar la ópera Carmen de Bizet. La cantó y la grabó, demostrando que podía hacerlo de manera magistral, lo cual tampoco era ninguna sorpresa, pero nunca aceptó encarnar a la gitana de Sevilla a pesar de que Luchino Visconti, que la había dirigido en la Scala con muchísimo éxito, y el maestro Tullio Serafin, el director que la ayudó a triunfar, le insistieron durante gran parte de su carrera para que lo hiciese. María, que también fue una niña gordita con gafas y que hasta que no adelgazó a casi la mitad de su peso original no vio su carrera lanzada de manera contundente, tenía pánico a ponerse en ridículo con aquel personaje. Carmen le exigía aprender a bailar y hacerlo encima de una mesa, enseñando los tobillos casi a la altura de los ojos del público. Eso, para ella, era demasiado.

Podía dejar plantado al presidente de Italia y a toda la alta sociedad en la ópera de Roma después del primer acto de Norma, sin dar más explicaciones que una indisposición, sin ningún remordimiento, pero enseñar los tobillos era otra cosa. Los miedos suelen ser más fuertes que las certezas, así que, aunque cantar a ciegas fue uno de sus superpoderes, ya que la obligaba a saberse de memoria toda la partitura de la ópera, incluidas las indicaciones del director, dejándole así libertad para interpretar a su aire, la consciencia de su cuerpo fue su mayor enemiga.

Buscamos motivos para aquello que no podemos controlar, así que, como si quisiera confirmarse que el personaje no era para ella, María Callas eligió cantar la «Habanera» de Carmen la noche que se volvió invisible, la única vez en su vida en que cantó ante más de quince mil personas y, aunque hay incluso un vídeo que lo atestigua, nadie recuerda que hubiese estado allí, en el cumpleaños del presidente Kennedy, el día que Marilyn lo eclipsó todo.

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2 comentarios

  1. Ahora entiendo unos de los motivos por el cual Zeffirelli realizó Callas Forever, en el cual se la ve protagonizado a Carmen. Gracias por la divulgación. Agrego que,leyendo sobre ella, llegué a la conclusión de que, además de haber sido «gordita y con gafas» era de una ingenuidad que me causó compasión. Cómo pudo sentirse atraida por ese viejo arpío de Onassis horrible y falso desdeñando a Meneghetti, uno que la adoraba? Tuvo una estrecha relación con Pier Paolo Pasolini de quien se había enamorado, y en una de las tantas entrevistas que dio queda en claro que, o no sabía que PPP era homosexual y si lo sabía no era un obstáculo para que él le pidiera de esposarlo, cosa que PPP no hizo jamás por motivos obvios. Pero todavía sigue cantando en manera celestial. Gracias por la lectura.

  2. Una bella/ un bello/ crónica/ ensayo, Bibiana. Perfecto reverso de «Una adorable criatura» de Truman Capote, que ya es decir algo. Felicitaciones, hermoso trabajo. Por si interesara a alguien: https://periodicoirreverentes.org/2017/02/06/una-adorable-criatura/

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