
En 1910, el comandante general del Ejército de los Estados Unidos George Owen Squier ideó la multiplexación en el entorno telefónico. Una técnica que permitía transmitir diferentes señales de audio por una sola línea en una época donde la radio tradicional no era viable para la mayoría de la gente al resultar demasiado costosa y muy engorrosa. A principios de los años veinte, Squier se asomó por la oficina de patentes estadounidense y registró en ella un sistema propio para la transmisión y distribución de señales a través de las líneas eléctricas ya disponibles. Su plan era utilizar la multiplexación para retransmitir música a la gente, y las primeras pruebas, emitiendo tonadillas vía cables eléctricos a un selecto grupo de habitantes de Staten Island, fueron lo suficientemente prometedoras como para insinuar que allí había un negocio en potencia.
En 1922, la North American Company se hizo con las patentes de Squier manteniendo al hombre implicado en los tejemanejes internos de la empresa. La compañía se renombró como Wired Radio Inc. y comenzó a tantear el mercado con un pequeño grupo de clientes a los que les cobraba las transmisiones musicales, de canciones previamente licenciadas, en las facturas eléctricas. Aquello se prometía muy rentable hasta que en los años treinta la radio se convirtió en un electrodoméstico asequible y se acomodó con confianza en el salón del ciudadano medio. De repente, todo el mundo tenía acceso a la música de manera gratuita, porque las cadenas de radio se financiaban a través de los anuncios publicitarios, y dicho panorama dinamitó las expectativas futuras de la Wired Radio Inc. Con las radios asentadas en casita, las gentes no iban a pagar a nadie una cuota mensual a cambio de melodías.

Squier decidió replantearse sus estrategias comerciales empezando por el rebranding de la marca: fascinado por lo molón que sonaba el nombre de la compañía Kodak, el hombre agarró la palabra «music», la podó un poquito y le empasto una «ak» en la cola rebautizando su empresa como «Muzak». Y también reencaminó la línea de trabajo para apuntar hacía clientes comerciales que necesitasen rellenar con música el silencio de sus locales, en lugar de a ciudadanos que utilizasen la música para matar la tarde bailoteando por casa. En 1937, llegó la Warner Bros y compró Muzak a base de cheque gordo, expandiendo sus servicios a lo largo del país. A William Benton, un tío que no podía estarse quieto (llegó a ser senador, fundador de una empresa de publicidad, vicepresidente universitario, editor de cosas como la Enciclopedia Británica y un habitual de las reuniones de las Naciones Unidas), se le ocurrió la idea de ampliar el negocio invadiendo otro tipo de instalaciones, lugares que no se habían considerado en un principio por creer que no necesitaban de armonías flotando en el ambiente. De este modo, la empresa decidió que además de suministrar hilo musical a las tiendas (lo que habían hecho hasta entonces) también podrían hacerlo a lugares como las salas de espera del dentista, los despachos o las peluquerías. Sitios que se beneficiarían de una música que no había sido ideada para ser escuchada.
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Brian Eno tiene muchos discos de ese tipo de música que parece que no quiere molestar mientras tú haces cualquier cosa. Pero, si te paras un poco, verás como el AMBIENTE se carga de algo indefinible, parecido a la magia.
Yo soy ese mapache haciendo mi tesis a esas horas de la noche, desesperada porque nadie me acepta mis entrevistas