Arte y Letras Literatura

Miedo al Quijote

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CC0

Hay tres maneras más o menos fiables de saber si alguien ha leído o no el Quijote

Se refiere uno, claro, a personas que por una u otra razón muestran algún interés por la lectura, se trate de un best seller, de una novela de Baroja o de En busca del tiempo perdido. Plantear esta cuestión entre quienes no leen nunca ninguna clase de libros no tiene ningún sentido.   

La primera de estas maneras de saber si alguien ha leído o no el Quijote suele tener lugar en ambientes de cierta confianza o intimidad, entre personas cercanas, colegas, parientes o amigos. Sucede cuando alguien, en un arranque de sinceridad, admite: «Yo no he leído el Quijote». 

Por lo general esta confesión no suele ser ni arrogante, ni presuntuosa, ni cínica. No es habitual que alguien añada que no lo ha leído «porque es un libro que no me interesa absolutamente nada» o «porque no voy a perder el tiempo en un libro lleno de notas» o algo parecido. Al contrario, quien admite no haber leído el Quijote suele reconocer con humildad y pesadumbre que «tendría que leerlo» o que «lo he empezado muchas veces» o que «siempre que he querido hacerlo, se ha interpuesto algo».

Las dos siguientes maneras de saber si alguien ha leído o no el Quijote son también bastante elementales. 

La primera de ellas es la más frecuente: «Yo lo leí de pequeño, en el colegio. Teníamos un profesor entusiasta del Quijote, y lo leíamos en clase».

Si uno pregunta la edad en la que eso ocurría, se encuentra con que la mayoría de los que afirman haber leído el Quijote en clase, lo hicieron a edades relativamente tempranas, entre los diez y los catorce años, lo cual tiene su lógica, porque a los catorce años la subida de testosterona hace ingobernable cualquier grupo de más de una docena de púberes. Lo único probablemente que mantendría atentos y en silencio a más de treinta chicos de entre catorce y diecisiete años sería una película porno o el funeral de un amigo.

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7 comentarios

  1. En mi caso fue la cifra: catorce años. Catorce años, pensé al escucharla en la radio, es una distancia en el tiempo enorme para una misma novela. Ya de pie en la librería, con el libro entre las manos, rodeado del bullicio de otros lectores y dándole vueltas a la metáfora que emplea Vargas Llosa en el prólogo para referirse al lavado de cara de los edificios de París, me decidí finalmente a comprarlo. Ese día me senté en una terraza a tomar un café y abrí el libro. Estaba atardeciendo… lo recordaré siempre… cuando leí el prólogo de Cervantes, sentí tal bofetada de sinceridad y honestidad que supe sin ningún género de dudas que estaba frente a «algo» a que no había tenido acceso con anterioridad. Leí el Quijote de un tirón: en parques, en estaciones de autobuses, en mi antiguo coche, en mi despacho, en el sofá, en el bar. El libro es sobrecogedor hasta la náusea; cuando alguien me dice que no lo ha leído, me dan ganas de espetarle una barbaridad; decirle cuán inútil, burro y estúpido es y será hasta que lo lea. No sé por qué pero tuve y tengo la sensación de que en esa obra está todo. Yo, que era un lector de novelas corrientes (aunque desde que lo leí, no sin placer, fui aficionándome a lecturas no convencionales), cuando llegué al momento en que aparecen el traductor y Cide Hamete Benengeli, yo, repito, en ese momento me metí en internet a ver… a ver quién coño había escrito el Quijote, ¡porque me estaba haciendo un lío! Ojalá pudiese leerlo de nuevo por primera vez. El Quijote (su Quijote) ocupa el mejor lugar de mi biblioteca, pese a que no pertenece a mi género favorito. La cinta separadora se quedó en la página en que Sancho le pide que no se muera; esa página es un nodo… Un solo lector, frente a todas las voces críticas que Vd. señala en su artículo, no es nadie, no obstante, desde la oportunidad que me permite esta revista, quiero agradecerle su trabajo, señor Trapiello, porque, sin él, probablemente yo no habría descubierto y disfrutado El Quijote. Muchas gracias.

    • Lux Interior

      Ostras yo pensé exactamente lo mismo «…en el Quijote está todo». Novela, teatro, poesía, libros de caballería, humor, aventuras, ensayo…

  2. Leo el Quijote una vez cad década, siento envidia de mi amigo Pepe que lo lee cada dos años. Eres un mercenario mediocre, como tus películas de salón creo que las llamas. El lenguaje del,Quijote es perfectamente comprensible, entendible hoy ayer y mañana. Para cualquiera que tenga dedo y medio de frente.

    • Exactamente, modificar el lenguaje del Quijote es modificar su ritmo y su forma, y como fondo y forma son, como Flaubert decía, Carne y alma, traducirlo sería crear un «libro» nuevo, una absoluta monstruosidad.

  3. Gracias, Trapiello

  4. Confieso que he intentado leer el Quijote dos veces y nada, simplemente no me engancha la lectura. A algunos me juzgarán de flojo o mediocre, pero soy de la idea de que conectamos con ciertas historias y autores; no a todos nos va a gustar lo mismo y por supuesto, no estamos obligados a disfrutar de los grandes clásicos, por más respetados que sean.

    De Poe, Lovecraft, Dostoievsky y Dumas, disfruto mucho sus lecturas, aunque Cervantes es demasiado pesado para mí. Supongo cada quien tiene sus preferencias. A pesar de todo, considero que es muy importante encontrar clásicos que te gustan para comprender la buena literatura, y leer (o por lo menos hacer el intento), aquello que no te llama la atención. Puede que termines llevándote una sorpresa o confirmando que no era para ti.

    Gracias por la reflexión, saludos.

  5. Rodrigo Gutiérrez Fernández

    Andres Trapiello será siempre recordado, sin duda alguna, por su extraordinario y monumental “Salón de pasos perdidos” y por su respetuosa traducción de El Quijote al castellano actual.
    Gracias, en todo caso.

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