Quedé con A una soleada mañana de otoño en la que todavía podíamos andar, traviesos, en camiseta, desafiando al calendario. Hacía un par de meses que no nos veíamos. A se dedica a la producción de teatro (esa disciplina que parece estar reviviendo a contracorriente, menos mal, en nuestro país) y llevaba un tiempo de gira con una obra fuera de Barcelona. A siempre sonríe y tiene una voz muy dulce. Es delgado y dicharachero, tiene varios tatuajes, va rapado y es una de esas personas a las que abrazarías en silencio durante horas. Además A es tremendamente profesional y, a lo largo de muchos años y con esfuerzo, se ha hecho un hueco en eso tan difícil de ser imprescindible para levantar cualquier tipo de gesta cultural. A es de esas personas que tan pronto te organiza el viaje y estancia de todo un equipo como te lleva al tinte la chaqueta del protagonista como calendariza ensayos, cierra dietas y presupuestos y negocia con importantes teatros. Creo, si no me equivoco, que la compañía andaba haciendo un Chejov, felices e ingenuos, creyendo en sus viajes de furgoneta que el mundo aún tiene tiempo para ver un Chejov (este cinismo que me casco será vapuleado posteriormente con su taquilla en Madrid: llenazo absoluto durante mes y pico). El novio de A es actor (en este caso, dirigía con mano maestra la función en cuestión) y no de vodevil (cuando toca, también sabe hacerlo, doy fe). Están, lo que a pie de calle se dice, hechos el uno para el otro. Se conocieron trabajando en la televisión y, desde entonces, de eso hace ya casi nueve años, comparten su vida.
A podría ser Angel, como Alba, como Arturo, como Alexia como otro nombre cualquiera. D podría ser Daniel como Diana como David como Desiree como otro nombre cualquiera. Lo único imprescindible es que en esta historia, verídica, A y D DEBEN tener el mismo sexo, sin importar sus nombres. Así que tú eliges: puedes convertirles en maricones o en bollos masculinas. Lo dejo a tu elección. Esta historia, además de interactiva, ya lo dice su título, es mi historia, que es la suya, la de A y D, y también un poco de la tuya, aunque no lo sepas todavía: una historia como otra cualquiera, aunque muchos se empeñen en intentar hacernos creer lo contrario.
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Maravilloso. Como todo lo que publica este hombre. Se me ha puesto la carne de gallina.
Aquí en UK también el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal. Gracias por el texto, por tus palabras.
Yo sólo he llorado en una boda. La de mis cuñadas. Se casaron porque querían hacerlo años antes de que se legalizasen. Ahora son unas felices mamás y yo tengo una sobrinita más, amor y felicidad, por lo que intuyo que tus amigos son amigos y no amigas. Pero eso es lo de menos… Me tengo que ir pero tengo muchas cosas que decir y poco tiempo para hacerlo así que abrevio. Matrimonio. Es sólo una palabra. Un palabra que tiene una definición, pero es sólo eso: una palabra. Merece la pena pelearse por ella. Creo que no. Yo prefiero quedarme con el fondo y no con la forma. Y el fondo es eso: El AMOR… y si lo piensas bien en tu carta también hay odio. En el fonfo van ligados, amor, odio, pero quédate con el amor, bueno, en realidad sé que es con lo que te quedas. Un placer leerte. A ver si me compro tu libro…coño ya!!! ;)