— Debería sacar el billete de cincuenta y dejarme ya de tonterías, hay personas esperando —se recrimina Gaspar mentalmente, con culpabilidad, entretenido en buscar el cambio exacto. Esas monedas. Aunque hace frío en la calle, sus manos sudan dentro del pantalón, en los bolsillos a reventar de papeles, apremiadas por un deseo que les hace fallar en su empeño.
— Son doce euros chaval —repite con un deje rutinario y cansado el hombre barbudo canoso tras la ventanilla de cristal. La voz rasposa del hombre y su mirada hacen temblar a Gaspar por un segundo. Le sorprende que el barbudo al otro lado del cristal no participe del anonimato que esperaba de este tipo de lugares y que, al contrario, clave sus ojos claros en él como diciéndole: sé quién eres y nunca más se me olvidará tu cara. Te tengo fichado, vicioso. Se lo voy a contar a todo el mundo, chaval.
— Sí, sí, perdona. Es que estoy buscando…
— Pues date vida tío, que hay gente esperando con el calentón —responde secamente el barbudo. Al hacerlo, se gira para colocar unas toallas blancas y unas chanclas en algún lugar que escapa a la visión de Gaspar. Con ese movimiento, descubre su incipiente calvicie y barriga. Un Santa Claus en camiseta desesperado y harto de su trabajo.
— Hasta en el puto día de Nochebuena, no hay manera… Nadie debe tener familia —le oye Gaspar murmurar con una especie de ritmillo musical aprendido, en una conversación que está seguro acostumbra a tener, la conversación solitaria. No hay rastro de otra persona que cohabite la pecera mientras el hombre revolotea en el cubículo acristalado, dedicándose a actividades laborales que Gaspar desconoce y que nunca hubiese podido imaginar que existieran.
Le parece curioso, incluso algo enfermizo, que la habitación transparente esté recubierta en dos puntos huérfanos por espumillón verde que con seguridad conoció tiempos y brillos mejores. La presencia de tan raquítica decoración recuerda a los visitantes que es Navidad, aunque Gaspar esté seguro de que les importa bien poco. Le produce un anhelo casi insoportable relacionar el lugar con esas fechas. Desde luego, en el orden de la mayoría, de la seguridad del mundo, en la estructura moral que se establece en las calles, en la multitud, en los conceptos compartidos, en los ruidos, en el devaneo de gente, en la sucesión interminable de noches y días, eso no suele ser así. Sin embargo, aquí está él contra todo pronóstico: intentando encontrar las monedas exactas. En la tarde de Nochebuena. En la puerta de una sauna.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Una PRECIOSIDAD.
Sin duda el mejor cuento de navidad que he leído jamás, así que no hace falta decir que ha sido todo un placer poder ilustrarlo.
Eres grande Javi…
Hola,
Me gustaría dejar un comentario porque creo que puede resultar de interés. Me considero alguien muy ajeno a todo lo que cuenta este relato de ficción. Nunca había oido hablar de cosas como las que cuenta este escritor en él. Confieso que por momentos me he sentido algo incómodo con el texto, no tanto por su escritura (que me parece digna de admiración) sino por lo que en él se narraba: situaciones y lugares que considero sórdidos. Sin embargo, ha habido algo en él que me ha mantenido atento hasta el final. Una vez terminado y digerido me gustaría felicitar sinceramente al autor. Creo que ha conseguido transmitir fielmente el sentimiento navideño de muchos de nosotros: esa soledad tan triste y a la vez tan «ilusionante». Me parece un cuento maravilloso y mucho más por tratarse desde una óptica y un mundo anti-navideño. Es un gran logro. Es divertido, extraño, triste, emocionante y muy recomendable. Mis felicitaciones. Y feliz navidad.
Me ha gustado muchísimo, y me encanta lo que ha escrito «Uno», has dado en el clavo. Lo tiene todo…trash y ternura.
Te felicito de corazón.
El cuento es brillante por lo que apunta «uno», la mezcla entre la sordidez del escenario y la humanidad de los personajes, me ha encantado.
Maravilloso, como todo lo que escribe este hombre, gracias Javi Giner por tu talento.
Me ha encantado. Especialmente leerlo hoy el día en el que se supone que ocurre lo que cuenta. Me ha emocionado. Me parece un cuento de Navidad precioso. Felices fiestas!
No se si «precioso» pueda ser la palabra, lo que está claro es que es un cuento humano y sincero, que son las dos caracterísiticas de la Navidad. Aunque a muchos les parezca un mundo extraño, hay muchos Gaspar en este mundo.
Un maravilloso regalo de Navidad.
Lo he disfrutado de principio a fin y me quedo con muchas ganas de más.
Felicidades al autor por dejarme totalmente colgado.
¿Para cuándo la siguiente?
A mí me ha gustado mucho, me ha parecido una lectura interesante. Intrigante desde el principio, donde te encuentras totalmente desubicado pero poco a poco entras en la mente del protagonista y le vas comprendiendo. La navidad llega a cualquier rincón. Y este chaval, además, parece encontrar el amor.
A hora bien, el final me parece un poco precipitado, precisamente por querer encontrar un final demasiado bueno. Es bonito en tanto que refleja el «espíritu navideño», pero me parece poco realista en cuanto a que el chaval ha tenido un golpe de suerte muy gordo, casi poco creíble.
Pero vaya, era por sacar alguna pega (como crítica constructiva). El texto, una maravilla. Muchas gracias al escritor e ilustrador.
Un saludo.
Me flipa este cuento. No estoy de acuerdo para nada con Danie, a mí me parece que el final está desarrollado de puta madre. Yo no lo entiendo como un final bueno, porque es un final abierto. Lo que dice el escritor es lo que pasa por la cabeza de Gaspar, que es la ilusión de un futuro, pero no tiene por qué ser la realidad. Creo, igual meto la pata hasta el fondo, que el autor ha dejado el final abierto para que cada uno entienda lo que quiera. En ese sentido me parece valiente y genial, atrevido y realista. Todos nos montamos movidas en la cabeza que no sabemos si será lo que ocurrirá y que tienen más que ver con nuestras carencias que con la realidad. Y a veces, pero eso sería ya la continuación, puede que sean ciertas. Enhorabuena por haberme emocionado estas vacaciones, Javier Giner. Espero leer muchas más cosas tuyas pronto.
Al leer este relato lleno de candor, que entremezcla hábilmente luces y sombras, y que me parece escrito con una maestría fuera de toda duda, me siento embargado por una sensación de paz y calma. Me gustaría compartir con todos vosotros mis deseos de navidad, que son tres:
1.- Que los hermanos Izquierdo, de Puerto Hurraco, estuvieran vivos.
2.- Que estuvieran encerrados en una habitación con Javier Giner.
3.- Que Javier Giner dijera algo de unas lindes, así, como sobrándose con ellos. Cómo viendo hasta donde puede llegar.
Esos serían mis deseos de navidad.
Pingback: Y de repente, se imagina enamorado (un cuento de Navidad). » Javier Giner
Pingback: Una historia de reconciliación - Blog de CJ