Ciencias

El afgano que subió al espacio y bajó al infierno

Abdul Ahad Mohmand
Abdul Ahad Mohmand es el único afgano que ha visitado el espacio. Fotografía: Colección personal Mohmand.

¿Realmente había un afgano en el espacio exterior? El milagro es televisado el 30 de agosto de 1988, cuando Abdul Ahad Mohmand se dirige a su pueblo desde la estación espacial soviética. Hoy recuerda todo aquello desde su casa en Stuttgart (Alemania). Le pedimos que empiece desde tierra, por el principio.

Cuenta que su primera órbita alrededor del sol arranca en 1959, encapsulado en una de esas aldeas de adobe al sur de Kabul. Su fecha exacta de nacimiento es un misterio (lo es para la mayoría de los afganos), así que su madre decide que el 1 de enero es un día tan bueno como cualquier otro para celebrar un cumpleaños. De Sardeh —su aldea—, Mohmand recuerda soñar con volar cuando ve esos aviones que ve sobre su cabeza, pero aún no ha oído hablar de atravesar el espacio. —Todo aquello era muy nuevo y, además, ¿cómo podía enterarme de algo en un lugar al que no llegan ni la televisión ni los periódicos? —dice el afgano. También es lo normal en un lugar donde solo dos personas saben leer. Sardeh, un puñado de casas de barro seco entre nubes de polvo, aún no se atreve a soñar con haber parido al que será el único afgano en el espacio de la historia. 

Kabul es otra cosa. Afganistán es un país oficialmente neutral que cortejan tanto Washington como Moscú por lo que la ayuda fluye en caudal desde ambos grifos.

Hay autopistas hasta la capital; ahí desembocan en largas avenidas que flanquean árboles, librerías, locales que ofrecen zumos de frutas que ni siquiera conoce y relojerías con escaparates repletos de relojes Vostok o Slava. Y lo que es más importante: hay escuelas. Mohmand aprende allí el dari, la lengua nacional de Afganistán. No hemos dicho que la entrevista se desarrolla en este idioma por videoconferencia con la ayuda de un traductor baluche que arrima el hombro desde Londres. Pero volvamos al Kabul de los sesenta. Al chaval se le da bien lo de estudiar y pronto tendrá un estímulo más para hacerlo: una recién estrenada cadena de televisión ofrece las primeras imágenes del espacio y de los que van y vuelven. Héroes todos. 

El de Sardeh acaba la secundaria en el 76 y de ahí al Instituto Politécnico de Kabul. Le llaman a filas en el 78, justo después del golpe militar que catapulta al poder a los comunistas. Afganistán deja de ser un país neutral, y Mohmand, que luce ya un bigote tan poblado como sus cejas, es enviado a la URSS para recibir educación militar en las escuelas de aviación militar de Krasnodar y Kiev. A su vuelta, la Fuerza Aérea Afgana no será más que el penúltimo paso antes del despegue más definitivo; el último es la academia de aviación militar más prestigiosa al este del Muro: la Yuri Gagarin de Moscú. Hasta su cierre en 2011, una miríada de retratos jalonaba las paredes de una institución que presumía de haber formado a más de setecientos héroes de la Unión Soviética. También colgaba la de Mohmand.

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3 comentarios

  1. Glorioso.
    Nunca estuvo mejor Afganistán que con los comunistas. Sobre todo las mujeres.

  2. Pingback: Enlaces Recomendados de la Semana (N°585) - NeoTeo

  3. Pingback: Enlaces Recomendados de la Semana (N°585) – Cunaguaro Digital

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