Cine y TV

De nazis y padres autoritarios: la leyenda del hombre lobo  

hombre lobo
Lon Chaney Jr en The The Wolf Man (1941). Imagen: Universal Pictures.

Seamos personas honestas. A estas alturas, todos sabemos que los verdaderos monstruos son los seres humanos. No importan los restos corporales de criminales unidos en un ser revivido o el Leviatán blanco. Todos sabemos que el mal reside en el doctor Frankenstein o en el capitán Ahab y no en las criaturas que maldicen. Atacamos lo que odiamos y odiamos lo que tememos. Las historias de monstruos, en definitiva, son una mirada distante hacia nosotros mismos, un sano ejercicio sobre la locura. Insuflar en esos engendros todo lo que nos da miedo para poder sentirnos atemorizados, para poder odiarlos.  

Estos terribles monstruos llenaban los relatos de cada país. Cada tradición nacional tenía su elenco estelar de criaturas de la noche mutando a lo largo de la historia, adecuando su narrativa a los miedos de cada época, hasta que el siglo XX modeló versiones definitivas de algunos de ellos gracias al cine. Uniendo las diferentes tradiciones, mezclando folclores y los temores propios de una sociedad nueva y multicultural como la estadounidense, el cine de Hollywood forjó las leyendas populares universales de Drácula, Frankenstein y, sobre todo, el hombre lobo. Realmente, el unificador de la leyenda vampírica fue Bram Stoker, y la criatura del doctor Frankenstein sobrevivió casi intacta a Mary Shelley. Lo que hizo Hollywood fue otorgarles una imagen icónica y les puso a vivir mil y una aventuras con el único propósito de hacer dinero, mucho dinero. Pequeños hombres grises, refugiados de la guerra en Europa, mataban su talento escribiendo guiones sencillos en una lengua que apenas dominaban y maceraban sus escritos en días y noches de alcohol que nublaran los horrores de donde venían y la mierda que creían que estaban escribiendo. Aun así, el talento es difícil de esconder y en cada modesta película de serie B de la Paramount, la Universal o la Warner, aparecían pequeños destellos que hoy revisamos como diamantes.  

La leyenda del hombre lobo es más complicada. Había ya varias películas sobre la licantropía y todas ellas incidían en lo abominable y salvaje de sus ataques nocturnos, pero no había un canon unificador sobre el monstruo. Se conocen historias de hombres lobo desde la Edad Media; diferentes objetos, como un cinturón mágico, un bálsamo encantado o incluso la propia piel de un lobo generaban la transformación. Eran historias inconexas sin demasiados elementos unificadores, salvo un pacto diabólico. Siempre el diablo y sus negocios, ya se sabe. Varias teorías de historiadores actuales proponen que el pacto con el diablo y la figura del hombre lobo se originaron para explicar comportamientos psicóticos violentos y también, cómo no, para acusar de brujería a aquella persona incómoda de la que el resto se quería deshacer. Los tiempos cambian, las personas no, por lo que parece. Ya entonces la figura del hombre lobo valía como perseguidor y perseguido, alguien a quien temer y alguien a quien señalar.

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21 comentarios

  1. Muy entretenido.

  2. Una corrección, es Edgar G. Ulmer. Por lo demás, muy buen artículo.

  3. Soberbio artículo. En este páramo de mediocridad intelectual que nos asfixia ha sido una gratificante sorpresa encontrar esta pequeña maravilla. No le pienso perderle la pista amigo. Un cordial saludo.

  4. Llevaba un día de mierda. Luego leí su artículo y el día seguía siendo una mierda, pero estuve sonriendo todo el tiempo mientras lo hacía. Gracias. :)

  5. Manuel Queimaliños Rivera

    Gracias por estas maravillosas historias .

  6. ¿ Vd. es el guionista de los comics de Mamen Moreu ? Espero que saquen otro pronto, y recomendar a los comentaristas su lectura, son muy desvergonzados y sumamente divertidos.

  7. Se me olvidaba, ¿ dónde tengo que recoger el jamón ?

  8. Seamos personas honestas, muy buen artículo. ¿Hasta dónde las películas de monstruos (y las historias de bestias en general) podrá sublimar la necesidad aparentemente histórica de ver monstruos en otros seres humanos?

    • Iván batty

      Gracias, Ramiro. La necesidad de ver monstruos en los otros no creo que vaya a desaparecer pronto, es un miedo atávico. Reforzamos nuestra identidad ( personal o colectiva) enfrentándola a otra. La otredad nos ayuda a definirnos, pero también nos da miedo y la odiamos, como vemos todos los días en los informativos.

  9. Buen contenido

  10. !Que historia conmovente y reveladora! Y si viene acompañada de chispazos de prosa irónica, mejor aún. Más cautivante. Durante su lectura rememoré un miedo de pibe que había olvidado: el lobizón. En la provincia de Entre Rios, con tantos inmigrantes judíos aceptábamos como cierto, nosotros, los «gurises», la existencia de ese monstruo, que sólo se manifestaba en el séptimo hijo varón y, por supuesto, en noches de luna llena, solo que no había manera de matarlo: esperar el declino de nuestro satélite era la única solución. Pienso que sea una variante más diluída de la suya. Lo que no me queda claro es porqué el relato necesitaba de tantos hijos, y puesto a fantasear arriesgo que sea una crítica velada a la superpoblación, o al predominio del varón. O a ambas. Está de más decir que en esas noches éramos unos angelitos y no pegábamos ojo. Muchisimas gracias por la lectura.

    • Iván batty

      Gracias E. Roberto. El 7 es claramente un número al que se le suponen características mágicas. Siete días para crear el mundo en las religiones abrahámicas, los siete sabios de Grecia, los siete dioses de la fortuna japoneses… curiosamente, en el folclore europeo el séptimo hijo era un poder benigno. El séptimo hijo del séptimo hijo ( todos varones, por supuesto) sería una especie de elegido. Esta tradición europea ha dejado peliculas malas como ‘ El séptimo hijo’ de Serguei Bodrov y un clásico del heavy como ‘The seventh son’ de los Maiden. Supongo que de ahí parte, también, el Lobizón.

  11. Gracias por el artículo y el rato pasado Iván.

  12. Estos artículos son los que hacen grande a esta revista. Pequeñas historias de gente que ha cambiado nuestra cultura para siempre, y que no sabíamos que existían. Los más relevante para mí:

    «Curt Siodmak introduce un elemento nuevo en la narrativa gótica: la piedad. Los espectadores se identifican con un personaje que es a la vez víctima y verdugo, que inspira horror y piedad»

    Brillante. Qué difícil tener éxito (¡y un legado!) con esta premisa en aquella época de guerra, donde en todas las instancias se refuerza el mensaje de «nosotros los buenos y puros » vs. «los otros malos y malditos».

    Gracias.

    • Iván Batty

      Muchas gracias por el piropo. La frase que cita es de Alberto José Lena Ordoñez, dentro de su magnífica investigación ‘La fuerza del destino: el cine de los hermanos Siodmak en Hollywood, 1941-1945.’ Un texto muy recomendable y fácil de encontrar en internet donde se repasa todo la filmografía de Curt Siodmak.

  13. Pingback: Zombis al borde de un ataque de nervios - Jot Down Cultural Magazine

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