
Versiones o reencuadres del mundo
Necesitamos la facultad creativa de imaginar lo que conocemos.
(Percy Bysshe Shelley, En defensa de la poesía)
Acudimos al teatro, o al cine, leemos relatos y poesía para comprobar si la versión de la vida que nos aporta la obra da respuesta a la experiencia que en ese momento tenemos del mundo. Esta es la función esencial del arquetipo. El sufrimiento psíquico suele producirse por un desencuentro entre lo que experimentamos en la vida y el relato que somos capaces de dar a esa experiencia. Y en el límite de esto, cuando no encontramos palabras para expresar lo que sentimos.
A continuación, presentamos una serie de propuestas que tienen como objetivo releer la realidad de un modo que permitan obtener una mejor versión de la existencia y la narración de una vida digna de ser vivida. No están necesariamente vinculadas al optimismo inflexible y militante que, si se intensifica acaba siendo banal, sino a la búsqueda de interpretaciones más profundas que nos recuerdan que la inquietud que nos invade en ciertas situaciones también es una señal de alarma que indica que lo que amamos en la vida está en riesgo. Por tanto, la desazón tiene una vía de amor a la existencia.
Hay que decir que la relectura de la dificultad no apunta necesariamente a su solución. Lo que persigue es que el anfitrión experimente el problema conectado con el mejor estado posible para encarar su aprendizaje.
En este sentido, se le puede decir a un niño travieso que valoramos el gran esfuerzo que hace para que sus padres se pongan de acuerdo como pareja. En realidad, él es el que más contribuye a que permanezcan unidos aunque sea para estar en contra de su comportamiento.
Se puede interpretar la discusión frecuente en pareja como señal del compromiso y la vitalidad con que luchan para encontrar la distancia óptima entre ellos.
La timidez puede entenderse como una versión de la capacidad intuitiva del sujeto. Como alguien que prevé con rapidez las consecuencias de un desliz en el comportamiento. La vergüenza también indica un alto grado de responsabilidad ante las cosas que se quieren aprender y ejecutar. El egoísmo tiene la función de recordarnos que debemos ocuparnos de nosotros mismos. Y la tristeza puede ser entendida como la necesidad de tener un alto en el camino para descansar.
Un relato para afrontar el temor a la soledad:
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Leyendo por segunda vez este texto pude comprobar qué efectos producía, y tengo que reconocer que hay pasajes notables pues me pareció estar limpiando un objeto de sucesivas capas de polvo para encontrarme con él, pero aún dudoso de su morfología, utilidad o calidad final: la palabra.
Creo que la dificultad primera consistió en esa ruptura imprevista percibida entre ese relato solipsista para pasar al de
grupo, con el ejemplo de Bush y con un final, además de hilarante, esclarecedor hasta cierto punto. Todavía no logro
entender pero sí aceptar esa contradicción de una palabra que en grupo significa otra cosa. En definitiva, una excelente
lectura, pero me preguntaba si este tipo de razonamientos podrían ser de ayuda a ciertos individuos que de uno de ellos
daré noticias sumarias más abajo, producto de charlas interminables en la cuales percibí a alguien que con las palabras
parecía estar en conflicto perpetuo, como si ellas fueran invasoras de un país pacífico e inerme y no sabía cómo liberarlo
«…desde que me levanto, cuando comienzo a considerar si no tendría que imitar a ese pibe hebreo aun siendo cristiano
que daba gracias a dios por haberle devuelto el alma después del sueño, sueño de uno sin sueños, cuestión que me deja en
inferioridad de condiciones ya que no puedo ni rechazar ni aprobar las teorias del psico análisis, visto que por
desconocidos motivos soy un in-onírico o como diablos se llame, pasando luego por los espejos, ese país fronterizo que
a veces me causa miedo, porque reflejando cambia de sentido lo horizontal, pero jamás lo vertical, como diciendo que
inevitablemente, en esa posición, estamos crucificados a la Tierra y solo para los costados podemos volar, siempre en
sentido contrario y con trayectoria curva porque la recta no existe existiendo la gravitación universal, es una simple
consolación o ensoñación para hacer todo más fácil, y después con el café de la modorra y su vapor y su silbido de viajes
por mar, mirando con la boca abierta la boca abierta de la vida ahí afuera, bien pegadita a la ventana como niña burlona,
con sus colores, las aves, las flores y sus sonidos de diana llamando al despierte, y sin que lo quiera me van cambiando
mis pensamientos por … intuiciones o ideas? Pero quién tiene tiempo para pensar en las palabras de frente a lo que me
rodea…? Lo abundante del existir te deja marcas, a veces es el rostro y nombre de una muchacha, otras es el de una niña
comiendo un helado, absorta, el primer bocado de lo que le está por venir. La vida pasa a tu lado sin la menor sospecha,
como las de los vecinos, y a vos no te queda otra que registrarla en el debe y haber con glosas a un costado, y a pesar
de esta pesada broma del existir merece que se vuelva a repetir, una y mil veces. (Qué ganas de decirte che, piba, disculpá
por lo anticuado pero quisiera besar tu mano como lo haría en el pasado un gentilhombre, si dejaras de lado por un instante
tu móvil que te absorbe con noticias e imagenes sin principio ni fin, que te des vueltas y descubras la simple alegría
de estar viva y de ser hermosa y, de paso, si querés, mirar de lejos a ese que que no de tan lejos te mira)
Prosa de WL, un decidor bonaerense contemporáneo.
Gracias por la lectura.
Valió la pena escribir el artículo solo por poder leer sus reflexiones posteriores, que son una prueba de que el conocimiento crece con el intercambio de textos. Gracias por el aprendizaje