
David Sinclair, un genetista de la Facultad de Medicina de Harvard, dice que la senescencia, el envejecimiento, no debe ser vista como una consecuencia natural de hacerse mayor, sino como una enfermedad en sí misma. Esto tal vez no sea toda la verdad y nada más que la verdad, pero nos hace pensar. ¿Qué es una enfermedad? ¿Qué es lo que la ciencia llama envejecimiento? ¿Por qué envejecemos? ¿Comprender este porqué nos ayuda a enfrentarnos al cómo?
Desde Aristóteles, los humanos han especulado sobre los componentes involucrados en el declive del cuerpo humano con la edad. Lucrecio Caro, un filósofo romano, argumentó que el envejecimiento y la muerte son beneficiosos porque dejan espacio para la próxima generación. Ahora que la ciencia forma parte de la filosofía, ¿hemos hecho algún progreso en probar o refutar su conjetura? Para los biólogos, el concepto de envejecimiento sigue siendo un «problema» sin resolver. Y lo llamamos «problema» porque todavía se discute cómo se define y se entiende en relación con el pilar básico de toda la biología: la evolución. Pero, como veremos, el argumento de Lucrecio ha persistido entre los biólogos que más tarde han dado en examinar su idea a la luz del paradigma evolutivo.
Tanto si eres una medusa inmortal, un pino que puede vivir cinco mil años, un elefante que vive hasta los sesenta años, un salmón que vive hasta los siete, ratones que viven dos años, una mosca que vive un mes o una bacteria que vive veinticuatro horas, en alguna etapa de tu ciclo de vida mostrarás signos de envejecimiento. Empezarás a envejecer y, en la mayoría de los casos, luego morirás. Pensamos en esta secuencia como causa y efecto: el envejecimiento lleva a la muerte. Pero ¿podría ser en realidad al revés? En la historia de la búsqueda viva de respuestas para entender la senectud, una de las primeras ideas tuvo mucho que ver con la noción misma de la muerte: la inevitabilidad de la muerte como explicación del envejecimiento.
Esta idea, aunque había aparecido antes, la desarrolla con mayor profundidad en 1880 un biólogo llamado August Weismann. Se preguntó por qué, considerando la selección natural, el envejecimiento existe, si este reduce la capacidad de un individuo para dejar descendencia o para criarla y eso sería un contrasentido evolutivo. Para Weismann, la clave estaba en la diferencia entre las células germinales y las células somáticas. Es decir, su razonamiento se basaba en diferenciar y considerar de forma aislada, por un lado, las células germinales que son utilizadas por los organismos con reproducción sexual para transmitir sus genes a la siguiente generación y, por otro, las otras células del organismo. La idea de Weismann era que en los organismos multicelulares existe una parte funcional, el soma, que son los diferentes tipos de células no germinales, los tejidos y los órganos que estarían destinados a morir. De esta manera serían como una armadura, el equipo de batalla que permitiría que las células germinales se reproduzcan y sobrevivan a través de las generaciones.
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No sé si moral, pero eficaz…
Interesantísimo artículo, leido de pé a pá con detalle. Sigo pensando que todo parte de la degradación intrínseca de todo a lo largo del tiempo y que el resto son artificios para buscar una justificación a todo, un sentido final, muy común en la especie humana. Incluso la teoría evolutiva del sistema inmunológico me parece una búsqueda de sentido circular a esto, explicable también por la decrepitud del organismo. Precisamente la evolución ha sido la que se ha encargado de regular y ajustar los ciclos reproductivos a su fase óptima dependiendo de la «durabilidad» de la especie a lo largo del tiempo. Pudiendo entonces teorizar sobre que los diferentes tiempos de vida de diferentes especies son métodos de aproximación al mismo problema que es evitar su extinción. Algo parecido a como los virus mutan y su probabilidad de muerte del organismo anfitrión.
Hace mucho que terminé mis estudios de biología y no es mi rama, pero se me ocurre así a bote pronto lo siguiente: Imaginemos dos especies diferentes que compiten por un mismo recurso, ambas inmortales. Si su eficacia por conseguir el recurso fuera igualada llegarían a un equilibrio poblacional. Los individuos competirían con los miembros de su propia especie y con la otra. Si la variación en la descendencia produce un individuo mejor, más adaptado, este tendría ventaja sobre los miembros de su especie y también sobre la otra. Seguramente con el tiempo esa variación dominaría en la población de su especie, pero ello conlleva que la competencia intraespecífica es un lastre que se suma a la interespecífica, es mucho mejor eliminar esa competencia para mejorar la eficacia, así que otra mejoría sería que la propia competencia desapareciera lo más rápidamente posible (entendiendo por posible el tiempo adecuado para que se pueda reproducir). Por lo tanto el envejecimiento y la muerte «programada» sería consecuencia de la carrera de armamento de las especies para conseguir los recursos.
Interesantísimo enfoque pero no he entendido muchos de los párrafos, por ejemplo, » la muerte accidental sigue imponiendo un límite a la duración de la vida de los organismos, y este aumento acumulativo de la probabilidad de morir causaría una reducción del valor reproductivo.» y como estas afirmaciones, muchas más, hay un poco de batiburrillo en los conceptos. La autora ha querido mostrarnos varias teorías pero no ha dado en el calvo al explicarlas.
Cuantás más probabilidades tengas de morir, más probabilidades tienes de no reproducirte. Es decir, que si te nueres no follas.
Me ha parecido excelente el artículo. De todas maneras la mejor explicación sobre el posible sentido de la vida la encontré en un relato de Stanislav Lem llamado Golem XIV, en el la frase definitiva es: el sentido del transmisor está en la transmisión. O sea que el único objetivo de la vida es permanecer.
Un poco al hilo de esto se me ocurre que hacer individuos eternos presupone también que las condiciones ambientales no cambiarán pues no hay posibilidad de mutaciones adaptativas. Si la vida lo único que busca es perpetuarse parece mejor opción eliminar los individuos cada tanto para posibilitar la flexibilidad adaptativa.