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Sevilla, tenemos un problema

sevilla tenemos un problema
La nao Victoria en un detalle de Descriptio Maris Pacific, un mapa del Pacífico confeccionado por Abraham Ortelius en 1589. sevilla

Corría la primavera de 2012 cuando el proyecto Mars One lanzaba una singular convocatoria: se necesitaban voluntarios para un viaje sin retorno a Marte. El despegue se produciría en 2024 y, si bien se trataba de una travesía que daba bastante vértigo —sobre todo por lo de no volver—, los candidatos sabían que recorrerían cincuenta y seis millones de kilómetros entre la Tierra y Marte en doscientos cincuenta días; también dónde y cómo vivirían una vez amartizados. Exactamente cinco siglos atrás, la Corona española pidió a Fernando de Magallanes que reclutara tripulaciones para la flota que había de llegar a las Indias Orientales por la ruta del oeste. Para entonces ya se sabía que la Tierra era redonda, pero sus cuarenta mil kilómetros de perímetro bien podían ser cuatrocientos mil, o más; nadie sabía ni por dónde ni cuándo habían de llegar, ni tampoco qué había en aquel mar que Núñez de Balboa había divisado desde Panamá. 

La diferencia principal entre una expedición interplanetaria de nuestros días y otra transoceánica quinientos años atrás no radica tanto en el peligro, sino en la incertidumbre: puede que subirse a uno de aquellos cinco barcos que partieron del puerto de Sevilla el 10 de agosto de 1519 fuera una aventura aún mayor que el primer viaje tripulado a Marte, si es que este llega finalmente a producirse. En cualquier caso, el objetivo principal de la flota de Magallanes fue siempre llegar a las islas Molucas y volver, claro. Poco se sabía de aquel archipiélago, salvo que se encontraba a la altura del Ecuador más allá de la India, y que era el lugar donde se producían la canela, el jengibre, la pimienta, el clavo y el resto de las especias que en la Edad Media alcanzaban precios astronómicos en Europa y se utilizaban para ocultar el sabor de los alimentos que no eran frescos. Más allá del beneficio económico, pesaba también que los portugueses estuvieran a punto de llegar. Llevaban alrededor de un siglo de ventaja a España en sus viajes de descubrimiento hacia las Indias porque Portugal había concluido su Reconquista mucho antes. 

De la llamada «Armada de la Especiería» solo volvió a puerto la nao Victoria, capitaneada por Juan Sebastián Elcano tres años más tarde. Fue el primer barco en dar la vuelta al mundo. «A bordo iban oficiales y marineros, pero también carpinteros, toneleros, cocineros, cortesanos de segunda y sus criados, escribanos, pajes, grumetes… Así hasta sesenta. Muchos de ellos eran castellanos que ni siquiera habían visto el mar». Habla Xabier Alberdi, director del Museo Marítimo Vasco de Donostia. Se trata, dice, no tanto de contar el cuándo y por dónde, sino cómo era un día a bordo de aquel buque de veintiocho metros de eslora y tres mástiles. Pero antes de seguir necesitamos saber qué lleva a toda esa gente a embarcarse rumbo a lo más desconocido en una travesía que se antoja infernal. Alberdi apunta a sueldos compensados con la venta de sacos de especias que multiplicarían su valor una vez de vuelta, pero también a los réditos sociales de ser los primeros en llegar hasta esas tierras, cualesquiera que sean y dondequiera que se encuentren. 

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9 comentarios

  1. ¿Sevilla, tenemos un problema?.

    Será, ¡España, 2022, tenemos un problema!.

    Que un artículo (muy bien escrito, por cierto), que describa esa animalada de expedición, gesta científica, con las millones de intra-historias humanas y físicas que deben haber sucedido a todos los niveles, no haya despertado el interés en indagar, profundizar y transmitir (salvo honrosas excepciones) por todos los medios habidos y por haber, lo entonces sucedido, ya no digo ni poner un mínimo comentario por parte de los lectores (que no deja de ser «Jotdown» que se supone que el perfli del lector es un poco más elevado que la media), entonces sólo nos queda llorar.

    ¿Se imaginan que la cultura anglosajona hubiera tenido en su mano la propiedad intelectual de esta gesta lo que hubiera hecho?.

    Como decía aquél, cuyo nombre no recuerdo: «me duele España».

    • «¿Se imaginan que la cultura anglosajona hubiera tenido en su mano la propiedad intelectual de esta gesta lo que hubiera hecho?»

      No hace falta mucha imaginación, ahí está la circunnavegación de Drake: primer inglés en hacerla, primera vuelta al mundo con un mismo líder de principio a fin, héroe, regreso con riquezas en especies y oro español, etc, etc…

  2. Excelente artículo…la analogía entre el viaje a marte y los periplos españoles es perfecta…

  3. Es probable que el primer circunnavegador del mundo fuera Enrique de Malaca, esclavo e intérprete del nacionalizado Magallanes.

  4. Cao Wen Toh

    Por casualidad estoy leyendo ‘Relación de la expedición de Magallanes y Elcano’ de Antonio Pigafetta (testigo presencial). Voy justo por la muerte de Magallanes en Mactán. Después de la ferocidad cruel y abyecta con que los expedicionarios han tratado durante todo el viaje a las gentes amistosas que les dieron la bienvenida, me he alegrado un montón de que se cargaran a semejante despojo humano. Que el resto huyera de allí abandonando sin miramientos a los que quedaban atrás, habla de la cobardía de semejantes seres. ¿Han dicho por aquí «gesta científica»? ¡Y una mierda!

    • Ese tipo de expediciones, y toda esa saga de la conquista española para formar un imperio, no se hacen enviando hermanitas de la caridad, hermanos maristas o bachilleres…calificarlos de “despojos humanos”, “cobardes” o cualquier otro término peyorativo, es una miopía histórica que raya en la ignorancia…las cosas hay que contextualizarlas, analizarlas desde el punto de vista histórico, y no vestirlas con los prejuicios que tengamos como “seres humanos juntos y buenos” del presente…si lo hiciéramos así, la historia humana según usted, sería “la historia de la especie canalla”…y de allí viene usted, creo…

  5. Que yo sepa, la expedición nunca pasó por el Orinoco ni por el Amazonas. Fueron directos desde Canarias a Río de Janeiro.

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