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‘El acontecimiento’: mi cuerpo, mi lucha

El acontecimiento
El acontecimiento. Imagen: Rectangle Productions.

El 5 de abril de 1971, la revista francesa Le Nouvel Observateur publicaba entre sus páginas un manifiesto, redactado por Simone de Beauvoir, en el que trescientas cuarenta y tres mujeres (entre las que se contaban figuras como Jeanne Moreau, Marguerite Duras, Agnès Varda o Catherine Deneuve) declaraban haber abortado. Resulta importante el contexto: no fue hasta la Ley Veil de 1975, cuatro años después, cuando el país galo despenalizó el aborto inducido, que fue hasta esa fecha una práctica ilegal. La firma de dicho manifiesto implicaba el reconocimiento público de un delito tipificado en el código penal francés, lo que podía suponer penas de cárcel para todas aquellas mujeres. Las reacciones no se hicieron esperar: una semana después, la revista satírica Charlie Hebdo se hacía eco en su portada con una ilustración que señalaba con pulso firme uno de los aspectos al que no suele apuntarse: «¿Quién dejó preñadas a las trescientas cuarenta y tres guarras del manifiesto sobre el aborto?». La interrupción voluntaria del embarazo debía conquistar el espacio público, salir de su clandestinidad (cultural, política, religiosa o moral) y generar un debate que hiciera visible la realidad de las más de trecientas mil mujeres que, anualmente, arriesgaban sus vidas por abortar en pésimas condiciones.

Este momento clave podría ser un punto de partida para aproximarse a El acontecimiento, el segundo largometraje de Audrey Diwan, aunque su historia, la de Annie Ernaux (autora de la novela autobiográfica en que se basa la cinta) transcurra en la Francia de 1963. Porque puede que sea necesario partir de las esperanzadoras luchas posteriores, de los movimientos proderechos civiles y feministas que se multiplicaron desde mediados de siglo XX, para no perder la perspectiva de la trascendencia de ese «acontecimiento» del título, que, aunque vivido en soledad desde una apabullante primera persona, era a fin de cuentas la aterradora experiencia compartida de cientos de miles de mujeres. 

El acontecimiento
El acontecimiento. Imagen: Rectangle Productions.

Hay en el film de Diwan una innegable necesidad de hacer justicia con la primera persona como elemento narrativo. Necesidad que, a su vez, se convierte en el aspecto más importante de la puesta en escena: por eso la protagonista, Anne, está dentro del plano durante absolutamente todo el metraje. Una de las particularidades de la novela de Ernaux es la forma en que combina la descripción de los recuerdos que rodean su aborto con la presencia de una subjetividad que hace las valoraciones (siempre justas) de aquellos hechos desde el presente. Así, la distancia y el tiempo no solo matizan la memoria, sino que además le otorgan a su personaje-narrador una posición única dentro del libro, como una segunda voz que contesta con complicidad a su yo del pasado.

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