Sociedad

Nueve cosas que aprendí dando vueltas por el mundo

Nueve cosas vueltas mundo
Una mujer en las inmediaciones del templo Thrangu Tashi Yangtse, Nepal, rodeada de banderas de plegaria tibetanas. Fotografía: Oleksandr Rupeta / Getty. vueltas mundo

1. Sobre la pobreza

Sobre la pobreza aprendí que es una metástasis que se lo come todo. Ojalá fuera solo escasez de dinero o incluso de alimentos. La pobreza hace que niños de cinco años tengan la estatura de uno de un año y que saquen peores notas que un niño que puede comer fruta, carne y pescado todas las semanas. La pobreza hace que su capacidad de aprendizaje y desarrollo sea mucho menor, hace que tengan menos opciones de tener éxito. Que tengan menos posibilidades de convertirse en deportista (por falta de medios —¿dónde conseguir una raqueta o una piscina para entrenar?—, de buena nutrición o de buena formación), de convertirse en científico o artista. La pobreza hace que crezcan con esas carencias y eduquen a la siguiente generación sin herramientas. Hace que se hereden las lagunas emocionales y no sepan ser cariñosos. Que se perpetúen los códigos de violencia. Que no haya medios para supervisar el desarrollo de los niños que conformarán la siguiente generación de adultos. Que no se detecten enfermedades con solución y la gente conviva con ellas sin ser consciente de lo que padece, ya sean alergias, ansiedad, problemas en la piel, tiroides o cualquier otra cosa que jamás nadie les diagnosticará. 

La romantización de la pobreza es, tal vez, el cliché más injusto y cruel. Esos niños y niñas sin zapatos que corren libres y sonriendo por el barro son niños y niñas que crecen en un ambiente sin normas en el que el bullying, la violencia, la agresión sexual y la tensión están presentes de manera permanente. Se forman como personas en una atmósfera de dureza y supervivencia. Y llegan a adultos con esa moldura que transmiten a sus hijos. La pobreza se perpetúa, se hereda, no se supera por arte de magia. 

La pobreza genera estrés y ansiedad pensando en cómo ganar dinero al día siguiente. Genera dolor de espalda porque la cama está rota. Genera fiebre y diarrea porque en casa entra frío. Cuando un niño se rompe un hueso se queda cojo toda la vida porque no hay medios para rehabilitar algo no tan complicado de solucionar. La pobreza lo abarca todo e influye en todo, se transmite de generación en generación y atrapa a sociedades enteras como una tela de araña. En general, cuando nos preguntamos por qué en algunos sitios ocurren ciertas cosas y en otros no, la respuesta casi siempre es la misma: pobreza. Ojalá fuera solo escasez de dinero.

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7 comentarios

  1. Gracias por esta lectura. Yo soy de los que ya no salen de su ciudad. Últimamente, apenas de mi barrio.

  2. A mí, los que viajáis mucho me dais mucha rabia. Una mezcla de envidia, porque a mí también me gusta viajar y por distintas circunstancias lo he hecho poco; y también de que a veces -y no digo sea el caso- hay algo de superioridad moral en el haber viajado: «yo he visto y tu no, así que sé más que tú». Pienso que viajes mucho o poco, leas mucho o poco (por citar otro tópico). Ni se te quita el nacionalismo ni el fascismo si los llevas de serie. Creo que en el fondo, actua el sesgo de confirmación, e interpretamos todos los estímulos en la medida que refuerzan nuestras creencias y valores arraigados quizás en la infancia, quizás en la adolescencia. pero de caídas del caballo en la edad adulta, solo conozco una, y viene en un libro no muy de fiar.

    Así, yo con mi poco bagaje viajero, me veo con pocas herramientas para comentar, criticar o rebatir estos aprendizajes. Aun así diré que:

    1. Es evidente, incluso sin viajar, pero no está de más recordarlo, visto que muchos no se enteran
    2. incluso en el primer Mundo es más seguro el avión que la carretera
    3. Lo más interesante- a mi modo de ver- del artículo. Fruto de muchos conflictos innecesarios a beneficio de los más espabilados.
    4. Quizás, sí, puede ser. Pero cada vez estoy menos seguro
    5. Me ha hecho pensar en una cosa que existía en cataluña a principios del siglo XX. La visión de la «Catalunya-ciutat», todo un terrirtorio domesticado. Y en mi profesora de literartura que nos decía que en Europa solemos ver la naturaleza como «beatus ille», mientras que en América (hablaba de los poetas Hispanoamericanos) la naturaleza es algo salvaje y temible. Poco a poco el planeta es una extensión de las ciudades, un almacen de recursos para el capitalismo. A mí, las cebras y los elefantes me la traen un poco al pairo, no soy animalista. Pero la situación de los animales es un indicador, tal vez, de como tratamos el entorno. Me preocupa la visión extractivista que tenemos sobre los recursos, y el desequillibrio que provocamos en los ciclos naturales por nuestra concepción lineal del tiempo.
    6. Ojalá fuéramos más conscientes de todo eso
    7. Ya está bien que no seamos muy conscientes de ello
    8. Da para un comentario muy largo. La ficción del Estado-Nación. ¿La realidad de las naciones, la mentira de los Estados? Un poco, pero no del todo.
    9. Tan absurdo como correr una maratón, como cantar ópera, o hacer danza clásica, como el boxeo o la halterorfilia. Llevar el cuerpo al máximo, por el simple hecho de hacerlo. Etamos tarados

  3. Gracias, de nuevo.
    Yo me encuentro con frecuencia con el asombro y la gratitud de vivir en un entorno en el que hay electricidad, agua corriente… sorpresas cotidianas que me hacen ser azarosa y enormemente afortunado.

  4. Me gustan las reflexiones del artículo, algunas obvias y otras no tanto. No seremos mejores personas por viajar más, pero sí cambia la perspectiva y te hace dudar de ti mismo.

  5. Me ha encantado el artículo, muy bien escrito y sobre todo evocador. También la respuesta de Diletante. Bravo.

    Viajar abre la mene la aquel que la tiene abierta de base, eso pienso yo. Conozco mucha gente que viaja o hace turismo y siguen siendo esencialmente igual que antes, es decir, no han tomado conciencia de nada. Gente con dinero que viaja a destinos de los más variopintos pero que no se empapa de nada, (todo confort, copas caras en sitios con buenas vistas, ya sea en París o en Kenia); y todo lo contrario, hippies de corazón para los que todo el mundo, estén donde estén, es una nube de buen rollo y confort.

    Hay un refrán que solía decir mi abuela:
    «Dicen que el viajar ilustra
    yo me sonrío y me callo
    por mucho que viaje el asno
    nunca llegará a caballo»

  6. Pingback: Pobreza… | Raiden.tk

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