
Iba yo a despeñarme por el barranco del lugar común cuando pensé titular este artículo “La modernidad del clasicismo”. Ciertamente, nada me parece más moderno (que no actual) que la perseverancia en una manera de narrar clásica, en la concepción del cine como vehículo para contar una historia. Tal y como explica E. M. Forster en Aspectos de la novela, los orígenes de la narración literaria deben situarse en aquellas cavernas prehistóricas donde para entretener a la concurrencia el cronista lenguaraz contaba aventuras de caza y muerte. Tal vez allí nació la leyenda, el bulo, la ficción que ordena el mundo. Siempre dispuestos a la etiqueta, los anglosajones se inventaron un oficio para el relator de cavernas moderno: storyteller. El contador de historias. Y en estas estamos. Todo el cine clásico norteamericano parte de la premisa inquebrantable de que hay que contar bien una historia. La base fundamental de la industria cinematográfica es el entretenimiento del personal. Clint Eastwood aprendió bien la lección. En cualquier caso, el título me parecía mil veces leído y oído.
Heredero de los cineastas que cimentaron el Hollywood esplendente, Eastwood lleva a rajatabla la sencillez compositiva y la economía de medios. Poco amante de atosigar y dirigir con exceso a los actores, apuesta, a la antigua usanza, por primeras tomas, siempre pendiente del cumplimiento de plazos y presupuestos de rodaje. A esta disciplina influyeron probablemente los directores Sergio Leone y Don Siegel, tipos acostumbrados a rodar con cuatro duros y a los que dedicó la obra maestra Sin perdón (1992). Fritz Lang dijo que el western era la saga de los Nibelungos estadounidense, la epopeya norteamericana. Eastwood, director norteamericano por excelencia, consiguió poner el punto y final (aunque después de haber visionado Deadwood, uno está por afirmar que el punto es aparte) al género.
Sin embargo, su debut en la realización fue a manera de thriller: Escalofrío en la noche (1971), un notable film de suspense criminal que llevó a algunos críticos a pensar que Clint pretendía hacérselo de Hitchcock. En esta primera incursión en la dirección aparece ya su melomanía jazzística, que germinará en Bird (1988), un impresionante homenaje a Charlie Parker que consiguió que la mayor parte de los entendidos europeos (franceses, of course) dejaran de poner cara de oler mierda cuando se hablaba de Eastwood como un cineasta de los grandes. A partir de entonces, las fronteras se abrieron de par en par y el Macho Man pasó de actor limitado y artesano apañado a “autor” con todas las de la ley. La ley cahierista, se entiende. En Escalofrío en la noche se permitió utilizar material rodado en el Festival de Jazz de Monterey, así como incluir el cameo de Don Siegel, maestro y mentor con el que rodó, entre otras, Harry el sucio (1971) y El seductor (1971). Me refiero, sobre todo, a El seductor porque guarda un parecido razonable con Escalofrío. Si en esta es un pichabrava quien seduce a una psicópata con terribles consecuencias (el temible asunto de la atracción fatal), en el citado film de Siegel, un soldado norteño de la Guerra Civil acaba siendo pasto de la ira de un grupo de mujeres. Esta particular manera de abordar las relaciones de sexo fue en su momento calificada de machista. No estoy en absoluto de acuerdo, y por ello, si disculpa el lector la autocita, me valgo de argumentos que expuse en Don Siegel, el violento olvidado, artículo que publicó Dirigido por hace unos cuantos años y que el Festival de Cine de San Sebastián ha tenido la ocurrencia simpática de traducir al euskera e incluir en Don Siegel (2010), un librito/homenaje al realizador:
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Respecto al conservadurismo de Clint Eastwood, creo que es un poco injusto, más de una vez ha dado su opinión sobre temas como el matrimonio homosexual y cosas por el estilo y su actitud es más bien de liberal tirando a libertario de manual….aunque en otros temas pueda ser conservador, es fácil etiquetar a Clint Easwood, como cuando Spike Lee lo tachó de racista, la imagen de Clint Easwood juega en su contra en estos temas…En cualquier caso lo más recalcable es que su obra no desprende mucho de lo que realmente piensa, no parece que sea su principal objetivo convencer a nadie de nada, si no contar historias como bien dice el autor de este artículo excelente.
Jordi, «Medianoche…» destripa no New Orleans sino Savannah (Georgia), ciudad que me pateé al ritmo de la película y donde actuaba (¿y actúa todavía?) la inolvidable travesti cabaretera de la película, personaje local.
Tomen nota en redacción y cambien el lapsus. I’m sorry, Juanjo. No soy tan viajado como usted y evidentemente soy mucho más despistado. Abrazos y gracias por la aclaración.
¡Fabuloso, enternecedor e impecable homenaje al tío Clint! Voy a compartir raudo y veloz, me ha encantado.
Un solo «pero»: es Liberty Valance ;)
¡Saludos y enhorabuena!
Me ha encantado el artículo. No conocía a fondo la figura de Clint Eastwood, pero me ha picado la curiosidad por seguir profundizando, tanto en su filmografía como en su biografía.
Agradecerte todo el esfuerzo (pasión) que demuestras en éste, el primero de muchos post que leo en el blog.
Un saludo.
«A lo largo de su filmografía, Eastwood nunca le ha hecho ascos al tratamiento de la violencia como material de entretenimiento pueril.»
Creo que sus películas no son para menores.
«Heredero de los cineastas que cimentaron el Hollywood esplendente»
Esta frase hace cagar.
Por lo demás, buen artículo.
Creo que con «pueril» no quiere decir que esté destinado a público infantil, sino a que sirve para hacer entretenimiento fácil, sencillo, de poca profundidad :)
«Esta frase hace cagar» es, al margen de una crítica de dudoso gusto, poco clara… ¿qué es lo que no te ha gustado?¿cuál es tu opinión? me has dejado con la curiosidad
Pocass veces he leído algo tan bien escrito como esto.
Mi máss sincera admiración y eso que yo nunca admiro a nadie.
Saludoss y silbidoss..
Podría creer que Eastwood es conservador si no hubiese visto «Million dollar baby», claramente posicionada a favor de la eutanasia. Respecto a «Gran Torino», a los personajes les pones un sombrero y un colt, y es un western en toda regla. Eastwood es uno de los grandes del cine, sin lugar a dudas.
Me comenta el bueno de Rafa Pecos una curiosidad sobre el maestro Eastwood que lo vincula a España: «el mantón que usaba en casi todos los spaguetti-western lo compró en el Rastro de Madrid, al igual que el sombrero vaquero cuando vino la primera vez a España para el rodaje de su primera peli de prota «Por un puñado de dólares» de Sergio Leone y rodada en Almería en el 64. Durmió en una pensión del centro de Madrid durante la preparación de la peli, no tenía muchos recursos económicos, pero esa peli le lanzó definitivamente en su carrera…»
¿Titubeos como director en The Outlaw Josey Wales, que se disipan en Pale Rider?
Apago y cierro.
El fuera de la ley es la película seminal de Eastwood, de la que bebieron todas sus grandes obras que vinieron después. La del jinete pálido se quedó en pasarratos entretenido, como otras tantas de su filmografía.
Discrepo. Pale Rider es única, la mejor de todas.
Ah, y no se menciona mi idolatrada «Un mundo perfecto». Qué grande es el maestro Eastwood!!
Gran Torino es una tremenda obra maestra que resume, de algún modo, la figura del gran Clint. El famoso ‘¿qué tramáis, morenos?’ debería formar parte de una de las frases históricas de su larguísimo currículum.
Fantástico repaso
«Sin perdón» es al western lo que «El Quijote» a los libros de caballerías. Ahí lo dejo.
Después de leer la citada biografía, se me ha hecho muy pero que muy díficil volver a ver al amigo clint de la misma forma, aunque discrepo de varias valoraciones sobre el cine de eastwood, la verdad que el retrato del personaje es descorazonador
Fabuloso escrito, fabuloso Clint.
Me parece un artículo muy bueno, Jordi. Lo de «Liberty Valance» (que creo que una película grandiosa, sublime, por cierto), lo has corregido una vez, pero no en la primera cita que haces.
«Samuradi», yo creo que tienes parte de razón, en el sentido de que «Outlaw Josey Wales» es quizá «más» película de lo que normalmente se considera y «Pale Rider» un poco menos, pero creo que has sido un poco riguroso, en el sentido de que, a mi entender, en «Outlaw…», y quizá por su ambición de cuestiones, el mensaje puede quedar algo disperso…en fin, un poco «quien mucho abarca, poco aprieta»…no sé si es que Jordi va por ahí cuando cita «dudas», no sé…pero pudiera ser, ¿no?.
Un saludo
La verdad es que Fernández-Santos acertó de pleno con esa cita tan bien traída en el texto: «la capacidad para representar el sufrimiento de tal forma que desencadene el alto e inimitable voltaje emocional que acompaña siempre al gran cine del clasicismo americano». La verdad es que siempre me ha resultado difícil determinar dónde está exactamente, en el plano formal, la grandeza de Eastwood (y soy de los que creo que tiene unas cuantas películas sin parangón en el cine estadounidense de los últimos decenios). No tiene, por ejemplo, la genialidad plástica en la composición de los planos de John Ford, por citar a un cineasta mencionado en el artículo. Y, sin embargo, aun en películas que no creo que sean obras maestras (como, por ejemplo, la última, «J. Edgar»), llega un momento en que la fuerza de la narración, del conjunto, supera, no se sabe muy bien cómo, a la de las partes, y resulta entonces de una verdad, de una emoción, poco menos que incomparables en el panorama actual del cine norteamericano.
Saludos
Francisco
genial..!! me falta conocer mucho de Eastwood, pero lo que he visto a dejado su marca.