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Lacedemonios

Lacedemonios Omar Little, The Wire. Imagen HBO. po
Omar Little, The Wire. Imagen HBO. Lacedemonios

En uno de los poemas de su último libro, A New Path to the Waterfall, Raymond Carver escribe:

Recuerdo, por alguna razón, a aquellos lacedemonios,

de los que escribió Herodoto, cuyo deber era

defender las puertas contra el ejército persa. Y así lo hicieron.

Durante cuatro días. Antes, sin embargo, bajo la incrédula mirada

del propio Jerjes, los soldados griegos se tumbaron, despreocupadamente,

en el exterior de sus trincheras de madera labrada, las armas hacinadas,

peinando y peinando su largo cabello, como si fuera,

un día más de una campaña cualquiera.

Cuando Jerjes exigió saber el sentido de tal exhibición,

le dijeron, Señor, ahora que estos hombres se disponen a abandonar sus vidas,

embellecen, antes, sus cabezas.

Carver no recuerda a los hoplitas espartanos por casualidad. Cuando escribe A New Path to the Waterfall sabe que le quedan pocos meses de vida. Su mención a los lacedemonios es toda una declaración de principios sobre una manera concreta de enfrentar la muerte, que a su vez indica una forma de entender la vida. Una forma que Borges resume en un conciso cuarteto.

Entre las cosas hay una

de la que no se arrepiente

nadie en la tierra. Esa cosa

es haber sido valiente.

El valor obsesiona a al gran escritor argentino, algunos de cuyos mejores relatos son auténticas odas a esta virtud tan pasada de moda. Quizá ninguno tan bello como «Hombre de la esquina rosada». Un hombre llega a un pueblo miserable de la pampa con el único propósito de desafiar a otro, un tal Rosendo Juárez, alias el Pegador:

Rosendo Juárez el Pegador, era de los que pisaban más fuerte por Villa Santa Rita. Mozo acreditao para el cuchillo […]nadie inoraba que estaba debiendo dos muertes; […] la suerte lo mimaba, como quien dice. Los mozos de la Villa le copiábamos hasta el modo de escupir. Sin embargo, una noche nos ilustró la verdadera condición de Rosendo.

El hombre que osa desafiar a este matón local es un norteño llamado Francisco Real, alias el Corralero: 

En seguida un silencio general, una pechada poderosa a la puerta y el hombre estaba adentro. El hombre era parecido a la voz. Para nosotros no era todavía Francisco Real, pero sí un tipo alto, fornido, trajeado enteramente de negro, y una chalina de un color como bayo, echada sobre el hombro. La cara recuerdo que era aindiada, esquinada.

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14 comentarios

  1. Una delicia. Muy en sintonía con usted.

  2. jose antonio

    Que maravilla de articulo. Gracias¡¡¡

  3. Danny Coughlin

    Grande!!!

  4. Gracias, me ha devuelto la esperanza en la crítica. ¡Qué gran artículo! Muchas gracias.

  5. McNulty y Bunk están en el bar. Pasa
    delante de ellos una rubia monumental. Cuando Bunk recupera el aliento, dice: “That was made by God. That was no accident” En el momento que el espectador teme escuchar un comentario grosero, o en el mejor de los casos una obviedad, se encuentra nada menos que con la prueba de la existencia de Dios. Sublime.

  6. No cuadraba con The Wire, pero el cuento de Borges que lleva la misma idea más lejos es «El Sur». ¿Acaso algún lector de la Iliada no está con Héctor?

  7. Brillante.

  8. Malvado Aspersor

    No es ni la Iliada ni la Odisea, pero siempre he considerado Stringer Bell como un trasunto de Ícaro.

  9. Gavrilo Princip

    Un texto fantástico, felicidades. Jamás había hecho una lectura así de The Wire. Me ha recordado escenas que había olvidado, y me han entrado unas ganas terribles de ver las cinco temporadas por cuarta vez.

  10. Fantástico escrito.
    Muchas gracias

  11. Abel "el bedel"

    Otro ejemplo del Síndrome del abuelo Cebolleta. Enésimo artículo de la jotdown sobre «The Wire». La otra fijación fílmica, «Los Soprano». La perfección que les atribuís a ambas series no está en el metraje, sino en la mente de los que escriben, que fijo que peinan muchas canas. Hubo series policíacas mejores y bastante más demoledoras que esas, como «The Shield» y la infravalorada «Southland». «The Wire» 2, por ejemplo, es bastante mediocre y hay un montón de episodios de «Los Soprano» que mejoran al darle doble velocidad al vídeo.

  12. otro gran momento cinematográfico similar es el final de Jimmy El Santo en «Cosas que hacer en Denver cuando estás muerto». la peli (ni Andy Garcia) tampoco es que sea la monda, pero detalles como ese abotonarse y arreglarse la chaqueta mientras se gira a encarar a los sicarios que vienen a matarle, hacen que le tenga debilidad.

    no lo encuentro en youtube, así que deberán confiar en mi palabra
    j

  13. Kevin Schwantz

    The Wire es una maravilla de principio a fin. Tiene tanto bueno donde elegir que es un festín de personajes e historias. Esa reunión en la azotea recordando su infancia y su amistad entre Stringer Bell y Avon, cuando ambos ya se han traicionado previamente.
    Y sí, Aquiles es casi divino, pero pocas cosas hay más humanas que Héctor. Imposible no ir en su bando.

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