Arte y Letras Historia

Criptografía (esto no es un bailarín)

criptografia

What ho! what ho! this fellow is dancing mad!

He hath been bitten by the Tarantula.

— All in the Wrong.

[¡Hola, hola! ¡Este tipo es un bailarín loco!

Le ha picado la tarántula.

(Todo al revés)].

Resulta que en los últimos meses se han resuelto dos enigmas: uno que llevaba oculto cinco siglos y otro milenario. Ambos tienen que ver con el lenguaje y ambos se han resuelto con métodos de investigación similares, más o menos tradicionales, basados en la criptografía clásica. Lo curioso es que uno de los dos enigmas, la inscripción en la mano de Irulegui, no respondía a una intención del autor por comunicarse en clave, no se trataba de una criptografía, como sí sucedía en el segundo caso, la carta del emperador Carlos V a su embajador en Francia. No deja de ser irónico que lo que antaño fue lenguaje y comunicación común, perdidas sus claves y pasados los siglos, pase a ser un conjunto de señales ininteligibles que necesiten ser descifradas igualmente, como cualquier criptografía al efecto. Tampoco podríamos considerar los jeroglíficos egipcios como criptografías, puesto que no se practicaban como escritura cifrada, aunque también los descifrase así Champollion. Hay cierta belleza en que ieroglyphikos signifique, simplemente, «escrito sagrado». En el caso de la mano de Irulegui, posiblemente un elemento ornamental a la entrada de una casa hace más de dos mil años, la inscripción estaba a la vista y era comprensible para cualquier contemporáneo que supiese leer y traspasase el umbral. Soronieku reza el inicio, en un protovasco que recuerda demasiado al actual vocablo en euskera Zorioneko («bienaventurado, dichoso»), lo que sitúa el origen de esta lengua en Navarra (Irulegui está cerca de Pamplona) y no en el actual País Vasco, tierras no vasquizadas hasta la Edad Media, cuando los vascones desde Navarra someten a los celtas que las habitaban y conforman entonces las Vascongadas, pero esa es otra historia.

La carta de Carlos V a su embajador en Francia sí es criptografía en sentido estricto, emplea claves secretas y algoritmos para proteger algunos mensajes y garantizar su confidencialidad. Algunos fragmentos de la carta no se encriptaron porque el emperador deseaba intencionadamente que fuesen comprensibles para los franceses por si la carta se perdía o caía en malas manos, pero la información que le importaba salvaguardar estaba cifrada en un código tan difícil que solo ha podido ser descifrado cinco siglos después y gracias al hallazgo fortuito de una «chuleta» con claves similares que el embajador apuntó para otro documento sin aparente conexión con esta carta.

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2 comentarios

  1. Carlos I, Carlos V, Carlos I de España, Carlos V de Alemania, Carlos I de España y V de Alemania… Hay donde elegir. Pero ¿Carlos V de España? Carlos II, Carlos III y Carlos IV deben de estar contentos…

    • Je, je, es que los «moernos» que saben de historia lo que dice el tebeo, no saben que Carlos I era Hijo de Juana I de Castilla y Felipe I el Hermoso, y nieto por vía paterna del emperador Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña, de quienes heredó el patrimonio borgoñón y el Archiducado de Austria con el derecho al trono imperial del SIRG, y por vía materna de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, de quienes heredó la corona de Castilla, con los dominios en Navarra y las Indias Occidentales, y la corona de Aragón que comprendía los reinos de: Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Reinos de Valencia, Mallorca y Aragón, y condado de Cataluña. Y que fue «quinto» en Alemania, y que fue por esa razón (no por su estirpe castellana) el heredero del Sacro Imperio Romano Germánico. Aunque en España fue Carlos I, por tanto aquí debería nombrarse como Carlos I.

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