Ciencias

El edificio más caro del mundo no está en el mundo

La ISS. Imagen Agencia Europea Espacial. edificio más caro del mundo
La ISS. Imagen: Agencia Europea Espacial. edificio

La gravedad es una costumbre difícil de olvidar.

Dioses menores, de Terry Pratchett (1948-2015)

En los principios de la era espacial, en uno de esos círculos escogidos donde se concentra el talento de la humanidad, surgió una pregunta de gran calado y trascendencia: ¿es posible hacer pis en el espacio? En mitad de elaboradas disertaciones apoyadas en croquis de sistemas urinarios, reacciones virulentas aferradas a fórmulas aceptadas por consenso científico y ensoñaciones especulativas sobre los efectos en la uretra de gotitas perfectamente esféricas, uno de ellos se bajó los pantalones, hizo el pino y, en dicha posición, logró que brotara un alegre chorro de orina de su entrepierna. La física empírica es así de demoledora: quedó demostrado de manera impepinable que no necesitamos la ayuda de la gravedad para aliviar la vejiga1. 

Estamos tan acostumbrados a que la atracción gravitatoria nos condicione en tantos aspectos de nuestra vida cotidiana que damos por hecho que no seríamos capaces de hacer ciertas cosas si su valor fuera imperceptible. Ya sea porque por desgracia son pocas las ocasiones en las que se puede zanjar una discusión científica abriendo la bragueta o porque la humanidad está condenada a viajar por el espacio tarde o temprano si no quiere sucumbir como especie, parece razonable tener un lugar adecuado donde realizar experimentos donde no se aprecie la gravedad terrestre. 

Construir una instalación científica polivalente para una media docena de personas no es un proyecto demasiado ambicioso. Por otra parte, llevar un kilo de material al espacio es un hito de la tecnología humana. Un sistema de climatización en un edificio es una práctica común sin ningún secreto. En cambio, mantener en un recinto la temperatura y la calidad del aire dentro de unos parámetros agradables cuando el calor y el frío en el ambiente no se transmiten como en superficie y cuando en el exterior del mismo no hay apenas oxígeno y las temperaturas son extremas en positivo y en negativo, exige exprimir bien el coco. Etcétera. Está clara la problemática: la complejidad de poner en marcha un laboratorio en el espacio reside en que, obviamente, tiene que estar, ser explotado y mantenido en el espacio. Desde los años setenta del siglo pasado, las administraciones espaciales más potentes del mundo han puesto en órbita diferentes ingenios con este fin, pero se lleva la palma por envergadura, duración y ambición, la Estación Espacial Internacional (ISS, en sus siglas en inglés).

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Un comentario

  1. Francisco Clavero Farré

    Buen artículo, sobre todo para un ignorante como yo.
    Después circulan por ahí imposturas sobre la colonización humana de la Luna, Marte, terraformaciones, etc.
    Somos insignificantes; el universo podemos conocerlo un poco y admirarnos, no más. Esos maravillosos telescopios que nos hacen volver casi a los orígenes.

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