El discurso abierto se erige como el pilar central de una sociedad libre porque permite el intercambio de ideas, promueve el pensamiento crítico y asegura la transparencia y la rendición de cuentas. En el caso de temas delicados y polémicos como la guerra de Ucrania o el conflicto israelí-palestino, la importancia de mantener un diálogo abierto y sin censuras se magnifica, sin embargo vivimos unos tiempos convulsos en los que ir en contra de las tesis oficiales es motivo de cancelación, cuando no de linchamiento.
Este no es un tema que tenga ver solo con cuestiones geoestratégicas o políticas, también afecta de de forma contundente al pensamiento. Que haya tenido que surgir una revista científica como el Journal of controversial ideas para que puedan publicarse estudios científicos sobre temas controvertidos, como la identidad de género, firmados anónimamente es un claro ejemplo de la situación que vivimos. Muchos científicos denuncian como la universidad ha dejado de ser un centro de debate.
Cuando se abordan temas complejos, es fundamental que todas las voces, incluidas aquellas que disienten o critican las posiciones oficiales, tengan la oportunidad de ser escuchadas. La capacidad de cuestionar, analizar y ofrecer diferentes perspectivas no solo enriquece el debate público, sino que también contribuye a una comprensión más profunda y matizada de los asuntos controvertidos. No es una cuestión de ideologías ya que tanto la izquierda woke ataca sin piedad a cualquiera que esgrima argumentos biologicistas en temas de identidad de género como el neoliberalismo beneficia a las grandes corporaciones silenciando a la crítica. Por poner solo dos ejemplos. Y no hablemos ya de las verdades oficiales de los diferentes estados, sea en relación a las vacunas o a quién es o no es terrorista.
Y hay que destacar que son las empresas tecnológicas con sus «algoritmos morales» las que tienen muchas responsabilidad en lo que acontece. Desde la eliminación de los pezones en fotografías a la imposibilidad de mencionar cientos de palabras en los chats operados con inteligencia artificial. Desde hace tiempo el revisionismo tecnológico borra del mapa las obras clásicas. Así mismo, las redes sociales operadas por intencionadas y oscuras instrucciones pueden dar y quitar la voz a los que participamos en ellas sin posibilidad alguna de objeción. En un mundo tan digitalizado como en el que vivimos, un análisis equivocado de un algoritmo en pruebas puede hacer desaparecer gran parte la vida virtual -de la vida, en definitiva- de cualquiera de nosotros.
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Postureo. Encabezado por una lista de privilegiados «bien vistos» en Davos, que nunca han tenido problemas por mostrar lo que piensan. Ninguna de estas personas está «cancelada», tienen plataformas y medios donde dan a conocer sus ideas y de hecho bloquean a los que les ponen objeciones en las redes sociales, ¿Verdad Pinker?. O personajes que si no hubiera sido por las plataformas que critican no serían conocidos ¿Verdad, Peterson?Por otro lado no se mojan en cuestiones tan flagrantes como lo que está ocurriendo en Gaza. Lo dicho, posturistas, que no tienen en cuenta a los invisibilizados y olvidados.
¿Girauta, Soto Ivars, izquierda woke?….no hay más preguntas señoría.
Richard Dawkins, Oliver Stone,Slavoj Zizec,Yaris Varoufakis, Tim Robbins, ..
El gran problema es que esto deba ser defendido. Que haya gente que se crea con derecho a silenciar opiniones que no le gusten es algo que siempre ha ocurrido, pero nunca ha estado tan al alcance de la mano conseguir que la censura triunfe globalmente. Los modernos quemalibros —por más que vayan de defensores de causas nobles como «la verdad», «la democracia» o «los oprimidos»— no ansían la justicia, sino la venganza. Es algo tan obvio que da rabia ver a gente inteligente que no se da cuenta. Gracias Jotdown; a pesar del rechazo que me causan muchos de los firmantes, creo que es un manifiesto sensato que aumenta la libertad.
Hay que gente que ante una declaración o un manifiesto, en vez de leerlo y pensar si está de acuerdo o no con lo escrito , mira quién lo firma y entonces decide si le gusta o no.
Es que ese es el nivel, compañero Molinero.
Me parece bien hasta cierto punto. Hay que proteger la libertad de expresión? Si, absolutamente. Es el intercambio de ideas uno de los mayores patrimonios de la humanidad, y sin el no habrá progreso? Si, absolutamente.
PERO, y siempre hay un pero, debería haber una forma de diferenciar lo que es opinion de lo que es información. Los firmantes están asumiendo que la «desinformación» frente a la que luchan las «censuras» o los filtros de los diferentes medios, son opiniones disidentes, cuando no creo que leer una opinion disidente suponga un problema para nadie medianamente maduro. El problema no son las opiniones disidentes, sino las informaciones falsas, que abundan, y cada vez mas. Las informaciones falsas, las MENTIRAS de toda la vida, se nutren de una libertad de expresión mal entendida, la pudren desde dentro y la hacen estallar, creando en todos nosotros una sensación de descreimiento, de apatía, sobre la cual se pueden empezar a construir los verdaderos estados mentales totalitarios.
Si todo es verdad, nada lo es; y si todo es mentira, nada importa.
Y me pega que los firmantes de este manifiesto lo saben.
Entiendo que apelar a una aparente simetría ideológica en cuanto a la censura tiene su atractivo, pero afirmar que esta “izquierda woke” mantiene un control férreo sobre el diálogo sobre la identidad de género es extraño. Estamos hablando de una minoría históricamente marginada que está respondiendo a argumentos que son directamente contradictorios con su propia experiencia vital. Que se nos va la vida en ello, vamos… Tal y como personalmente lo veo, estos argumentos biologicistas son un intento de eliminar nuestra realidad del debate, insistiendo (normalmente desde posiciones de muy alto prestigio!) que nos debemos identificar exclusivamente de las formas que han elegido por nosotres. No veo “ambos bandos” de ninguna manera comparables, y especialmente no veo que los aquí llamados argumentos biologicistas sean una contribución al discurso abierto que celebrar. Es una pena que la línea editorial de Jot Down haya caído en esta trampa… y no creo que sea la única, pero sí es sobre la que me considero más cualificada en comentar.
Los argumentos son eso, argumentos. Parte del debate. No deberían suponer una amenaza para nadie, y menos si son científicos (aunque aqui se les llame «biologicistas», quizás para restarles peso). El que tradicionalmente el colectivo LGTBI+ haya sufrido una marginación histórica (nadie lo pone en duda) no es motivo para que otros no tengan derecho a intentar rebatir las tesis de dicho colectivo con argumentos, especialmente aquellas sobre las que aun no hay un consenso claro, como las de la autopercepción como motivo suficiente para generar identidad.
Creo que ese debate es positivo, en todo caso.
Considero que se trata de un falso debate. Estoy de acuerdo en que los argumentos no deberían suponer una amenaza para nadie, pero en este caso la realidad es distinta. El cuestionamiento de la autodeterminación del género es una parte inherente de la marginación histórica a la que me refería en mi respuesta original. Aceptarlo como un argumento válido necesariamente implica darle validez a esa marginación, lo que, espero que se entienda, no podemos aceptar. Puede que de aquí surja esa percepción de «un ataque sin piedad.» Como dije antes, y sin hipérbole alguna, se nos va la vida en ello.
Aunque con esto me arriesgo a entrar en juegos semánticos, opino que si no existe un consenso claro sobre la relación entre autopercepción e identidad es porque son conceptos inseparables; no existe identidad que no surja de una propia percepción. Y por ello, no es posible rebatir una tesis que surge de la propia experiencia sin negar dicha experiencia.
Aún así, gracias por escucharme. Desde luego que opino que el tema merece ser debatido. Lo que estoy cuestionando vehementemente es el planteamiento que este artículo ofrece, que en un intento de ser ideológicamente neutral acaba trivializando nuestra experiencia y nuestras vidas.
No, no se les llama biologicistas por ser más científicos. De hecho los argumentos biologicistas provienen de la biología folk (los hombres tienen pito y las mujeres vagina) que de la academia.
Lo que vd. diga.
Enfádese con su ADN también, si le parece.
¿Lo que que yo diga? Pues circule, hombre, circule.
Respuesta muy tolerante e inclusiva. Nada sorprendente, visto lo visto.
¡Pero si tan solo he apelado a su naturaleza!
Me parece a mi que «El origen del mundo» no es de Colbert…
Cierto, estaba mal escrito. Ya está corregido.
Gracias por el apunte.
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Ángel, estando de acuerdo en el fondo de tu reflexión y del manifiesto, creo que la expresión izquierda woke es muy desafortunada, en cuanto a que ese es un término peyorativo y ofensivo. No hace falta esgrimir jerga de la extrema derecha para argumentar, de hecho quita credibilidad al razonamiento y da la impresión de un claro acercamiento ideológico a posturas que, desde luego, no no son el aladid de la libertad de expresión, o de la libertad a secas.
Los que dicen que un hombre no puede ser una mujer no habrán leído «El Quijote», ni «La Metaformosis» de Kafka, ni a Oscar Wilde cuando afirmaba que los seres humanos pasamos 90% de nuestras vidas en nuestra imaginación…
… o bien, pasan por alto la creencia de millones de seres humanos de que tengan un alma eterno y una relación parlante con Dios que habrá creado este enorme desaguisado que se dice mundo a propósito, para ponernos a prueba… Creerse mujer me parece igual y incluso mas plausible y respetable para un hombre, o al reves, para una mujer que se cree hombre…
Yo mismo desde hace tiempo he empezado a percibir que no soy de las Tierras Altas de Escocia realmente, sino de Albacete, España, que lo de que fuese escocés habrá sido un sueno….
En contra de la cultura de la cancelación por supuesto, pero tampoco hay que exagerar sus peligros, hay una censura y manipulación brutal de los medios oficiales – que no hay confundir por un complot sino que se da por una similitud de intereses mas o menos conscientes de la clase periodística – que supera con creces el peligro de la sofocacion del debate…
El manifiesto me parece que va en la línea moderna, la misma que ejerce la censura. La cuestión es que para opinar con fundamento lo primero es callarse, escuchar y estudiar sin ira ni pasión. Eso es lo que está muriendo: el silencio meditativo. Yo participé en foros de la prensa generalista, ya me quité, y la libertad era total: insultos, mala fe, racismo, etc; lo que se toleraba menos es la argumentación respetuosa y bien fundada. También en Jot Down leí artículos de temas históricos, políticos y humanísticos de un nivel muy bajo; luego los foros eran dos hinchadas faltonas e insultantes.
Para opinar, son ejemplos, sobre Esparta, Gaza, Ucrania, España, etc hay que leer buenas obras, estudiar historia, idiomas y, sobre todo, escuchar en silencio lo que se diga. No morirá nuestra cultura por falta de opiniones; morirá por falta de inteligencia y amor.