Cine y TV

Guía para una maratón de cine insufrible

cine insufrible

Es probable que el lector más cinéfilo y atento al runrún de las redes se haya topado en las últimas semanas con un curioso fenómeno: una ristra interminable de elogios hacia un film canadiense de terror, ignoto e independiente, llamado Skinamarink y dirigido por Kyle Edward Ball. O la extraña película que la revista Rolling Stone calificó como «horror silencioso en su máxima expresión» y Empire Magazine como «un test de Rorschach inquietante, con un final aterrador que se asentará en la boca de tu estómago como una piedra». Aquella cinta que varios usuarios de las redes sociales definieron como lo más espeluznante que habían visto nunca.

También es posible que el lector se haya animado a sentarse ante Skinamarink azuzado por la locomotora del hype y por tantas voces recomendando vestir pañales para enfrentarse al largometraje más angustioso de los últimos años y bla, bla, bla, BLEH. Y, finalmente, es muy factible que ese lector haya acabado sufriendo una embolia cerebral como consecuencia del putísimo coñazo insoportable que es Skinamarink, un ejemplo de cine insufrible. Porque el éxito de esta película indie ultrabarata no se debe a que se trate de una obra maestra del terror, sino a que se ha presentado en el lugar correcto y en el momento más adecuado para convertirse en un fenómeno social inesperado. Algo que ha ocurrido de pura chiripa, de manera totalmente casual y, lo más fascinante, como consecuencia de una serie de catastróficas desdichas. 

Skinamarink dinky dink

La razón de la repentina fama de Skinamarink tiene bastante tela, pero antes de enredarnos en desgranar la viralidad del producto vamos a echarle un ojo a la película en sí. La sinopsis del film reza «Dos niños se despiertan en medio de la noche para descubrir que su padre (la única persona a cargo de ellos) ha desaparecido. Y que todas las puertas y ventanas de su casa se han evaporado».

Sobre el papel, se trata de una idea cojonuda, un concepto que de entrada ya produce verdaderos escalofríos. Pero en la pantalla, Skinamarink está repleta de problemas y obstáculos. Comenzando por el hecho de que, durante su arranque, todo aquel espectador que no haya leído previamente la citada sinopsis no entenderá, por culpa de lo críptico de sus imágenes, qué coño se supone que está pasando. Y es que Skinamarink es una producción bastante experimental, muy especialita con la puesta en escena: el noventa por ciento de su metraje, presentado bajo una textura analógica de VHS, está compuesto por planos de paredes, esquinas, techos, alfombras, televisores emitiendo dibujos animados turbios o juguetes desparramados por el piso. Encuadres alejados de los personajes, donde la mayor parte del tiempo no se muestra acción alguna.

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16 comentarios

  1. Añadan cualquiera de Akira Kurosawa o de Tarkovsky y la tortura será un éxito, oigan.

    • ¡Pardiez! ¡Retractaos mentecato, o recibiréis la visita de mis padrinos! Bueno, en serio, reconozco que hasta ellos pueden llegar a ser insufribles para algunos espíritus poco resilientes. Debo confesar que en su momento el enano de David Lynch me tenía hasta los coj…

    • Retire lo de kurosawa hombreporfavor…

  2. Fantástico. mil gracias por las ¿recomendaciones?

    Tilda Swinton debería ser anticonstitucional. la musa del aburrimiento malrollero.

    Precisamente la única película en la que decidí taparme con el abrigo y dormirme en el cine fue de Abbas Kariosklander o como se diga.

    j

  3. Un fuerte aplauso. La lectura de este artículo me reconcilia con el mundo. No me he podido reir más. Ha sido alucinante.

  4. Excelente texto, lo he leído con una sonrisa interminable…no puedo estar más de acuerdo con todo lo que escribe sobre esas películas…lo triste es que se puede hacer una lista similar con poemas, novelas, canciones, Yojo Ono…etc…

  5. Eduardo No Riega

    El artículo tiene un problema, y es que habla de gente a la que no conocen ni en su casa la hora de comer. Seamos mas arriesgados y hablemos de tostones más cercanos y convencionales, pero que parece que cuesta referirse a ellos como los ladrillos que son. Empiezo con A Ghost Story de David Lowery. A ver, quien da más.

    • Cualquier cosa que lleve la firma Terrence Malick…A ver, quien da más…

      • Ambituerto

        Adjudicado! La del fantasmita de la sábana parece Fast & Furious al lado de los peñazos que nos ofrece ese señor.

        Muy buen artículo de Diego, como viene siendo habitual.

    • Hombre no, «A ghost story» es una preciosidad, a mí me parece maravillosa. Que te pueda parecer aburrida es otra cosa, pero meterla en el saco de bodrios de los que se hablan aquí tiene poco sentido.

  6. Buenísima redacción, me encantó. Y pues sí, creo que muchos se llevaron una decepción de Skinamarink; resultó ambiciosa en el sentido contrario y con tantos planos del techo más el piso, toca dormirse en cualquier momento.

  7. Pingback: Jot Down News #1 2024 - Jot Down Cultural Magazine

  8. Stalingrado me aburrió soberanamente.

  9. elreylagarto

    Excelente artículo, me he reído de lo lindo. Hay que dar gracias por encontrarse textos como éste.

  10. De aquel Jot Down de 2011 y primeros años se ve que ha quedado el diseño de la página y poco más. Me pregunto cuántos venimos de vez en cuando a constatarlo en los artículos y comentarios a los mismos.

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