El coche termina aquí. El medio de transporte individual y privado se restringe en toda Europa en un intento de caminar hacia una movilidad y economía verdes. Pero hay un punto medio entre el extremo de no tener coche en absoluto y poder dejarlo aparcado allí donde se nos abren mejores opciones. El centro de Londres se ha llenado de bicicletas, lo mismo que los bulevares de París, y las estaciones de tren también se han convertido en puntos de parada para el vehículo privado. Las apps que permiten usar el propio coche por la ciudad, planificar la ruta ahorrando tiempo y reservar aparcamiento en parkings como los de la estación de Sants resultan cada vez más útiles. Porque si hay un proyecto bandera donde esta realidad futura de la movilidad urbana va a concretarse es precisamente allí, en una de las principales estaciones de tren de Barcelona. Cuando en 2030, si no hay retrasos, se inaugure transformada, un punto de referencia del transporte por ferrocarril iniciado en 1890 para conectar la red ferroviaria española y europea volverá a marcar un hito histórico. Con un inequívoco rasgo de integración europea, que es una vocación barcelonesa por excelencia: ser una ciudad abierta al mundo contemporáneo y sobre todo, al futuro.
No se ha visto una remodelación semejante de Sants desde 1930, cuando se construyó una nueva estación de pasajeros donde se anticiparon las nuevas ideas de la arquitectura. Especialmente las de estandarización defendidas por el arquitecto alemán Ernst Neufer, que además fue uno de los primeros defensores internacionales de la arquitectura de Antoni Gaudí. Le conoció en los años veinte en Barcelona, en compañía de Paul Linder, uno de los arquitectos educados en la Bauhaus. Esa conexión facilitó empezar a aplicar algo que hoy damos por descontado, unas medidas iguales en todo espacio arquitectónico, adecuadas al tamaño humano, pensadas para que moverse sea fácil, tanto si eres un pasajero individual como para que las masas no causen aglomeraciones en momentos de gran afluencia. La antropometría, la medida humana como base de todo, continúa siendo un referente para el diseño arquitectónico de edificios comerciales e industriales, lo mismo que el libro de Neufert, Arte de proyectar en arquitectura. Y aquellos andenes de Sants en los años treinta, espaciosos, lineales, con espacio para abordar el tren y tejados para proteger del sol y la lluvia en la espera, constituyeron un primer precedente de su aplicación.
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Muy bonito el entorno, sobre todo comparado con la horrenda (y premiada) plaza dura que lleva décadas degradada en forma de skatepark en el otro lado de la estación. De todas formas, mucho tiene que cambiar la climatología para que se pueda mantener tanto verde y tanto lago. Y no parece que la tendencia sea a que aumenten las lluvias precisamente.
Este es el gran tema. Bosques muertos en las ciudades porqué no podemos regar?
Tremenda película se ha montado para decir que van a poner unos árboles en la parte de atrás de la Estación de Sants.
Punlicidad política. Mientras, tres generaciones, habremos visto languidecer, decaer, hasta la obscenidad y degradarse un entorno de vergüenza. Una chapuza tercermundista.