
Por más que se intente, resulta inevitable ver, escuchar y asistir a los profusos comentarios y cotilleos sobre el tema de moda; hasta se ha colado en los noticieros que, por una cuestión de estilo y prioridades comienzan con los partes de guerra para acabar con las conversaciones de María, la murciana (como era conocida al principio de su carrera) y el emérito. El dolor por los muertos en las guerras, bastante anestesiado a estas alturas, y el drama de los inmigrantes dejan paso al llamado culebrón del otrora rey con la Rey —que bastante guasa tiene la coincidencia, redoblada con el nombre con el que ella bautizó a su hija—, puesto al día por un hijo que aprovecha las lecciones de su progenitora, incapaz, en apariencia, de controlar a su vástago.
Se les ha acabado el dinero fácil conseguido solo por dar cariño a un caprichoso y malquerido mugrón real, esos caudales gastados sin medida en los casinos de Nueva Andalucía y Torrelodones que enriquecieron a las respectivas bancas, antes incluso de que aparecieran los rusos. Es lo que tienen los regalos y los premios de azar, llegan y se van como vinieron porque no los acompaña el sudor de la frente o las noches de insomnio habituales de los currantes por cuenta propia ni la inseguridad de los que lo ganan por cuenta ajena.
Al pie del cañón están los medios que se llevan el mayor porcentaje gracias a estos protagonistas y sin tener que generar recursos propios para el entretenimiento; solo hay que airear, establecer mesas de debate, repetir una y otra vez lo mismo y concluir magníficas tesis doctorales sobre los asuntos de la entrepierna y de lo que le queda muy cerca, el bolsillo.
Las maneras son modernas pero el contenido es viejo, muy viejo. Algunos tertulianos justifican lo que estamos viendo en un particular gen de los Borbones que los inclina a los placeres de la carne, como si fuera privativo de esta familia. Se obvia que de ellos sí conocemos el linaje completo y sus andanzas, que han ejercido el poder —uno de los mayores estimuladores sexuales— por obra y gracia del sistema (aún con la llegada del constitucionalismo) y que han tenido los recursos suficientes para darse todos los gustos que han apetecido. Estos rasgos, propios también de todos los ricos por su casa, son la aspiración de aquellos que amasan grandes fortunas con sus manos, véase si no los mediáticos casos de Elon Musk y, últimamente, la revisión retroactiva, valga la redundancia, de las andanzas de Mohamed Al-Fayed. No es solo imitación, es que saberse impune, creerse los más guapos y los más listos tiene esa doble faz que les otorga la sensación de poder y de éxito absoluto, aunque este deba apoyarse en unas pastillas azules. Y cuanto más indefensas o necesitadas las víctimas, más presión sobre ellas. En el siglo XXI.
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Lo que más agradezco a los Borbones es su lucha denodada por traer la República a España.
Así es, jajajaja.
https://www.diariodecadiz.es/noticias-provincia-cadiz/barroso-primer-martir-iii-republica_0_2002711400.html
Aquí una poquita de sal de Cádiz.
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