
Comenzamos la partida con los dados sobre la mesa, las hojas de personaje listas, y todos los amigos allí presentes muy emocionados. Soy el Dungeon Master, y cada uno de los jugadores está sumergido en el oscuro y peligroso calabozo que les he descrito. Entran con sigilo, saben que en cualquier esquina puede estar aguardando un enemigo letal, pero también ansían el tesoro que, según las leyendas, se oculta en lo más profundo. La tensión aumenta a medida que se lanzan los dados: las decisiones y los resultados que se obtienen aquí cambiarán la historia, su historia.
Esta historia comienza bastante tiempo antes, en el año 1985, cuando viendo la televisión me encontré con una serie que en su introducción presentaba a un grupo de adolescentes paseando por una feria de atracciones. De repente, una de las atracciones les lleva a otra dimensión, un mundo lleno de peligros y criaturas fantásticas con un malo a la altura del Dr. Infierno y el Barón Ashler. Desde aquel día y durante bastante tiempo estuve fantaseando que poder me daría El amo del calabozo cuando me encontrara con él. Como otros muchos niños en aquella época, cuando terminó la serie, de solo tres temporadas, descubrí que Dragones y Mazmorras no solo eran dibujos animados, sino que también era un juego —de algo llamado «rol»—; más que eso, era una manera de crear historias junto a otras personas, de vivir aventuras que en ningún otro medio sería posible. Las reglas podían parecer complejas al principio, pero pronto se convertían en herramientas para desatar la imaginación. No importaba si eras un mago contrariado lanzando conjuros surrealistas o un fuerte guerrero con la musculatura de Conan enfrentándote a un dragón de siete cabezas; el encanto de Dragones y Mazmorras, lo que lo hacía diferente a otros juegos maravillosos como Imperio cobra, estaba en la colaboración para crear una historia.
En 2020, muy desconectado ya del rol, encontré de casualidad que había una comunidad muy activa de D&D en Discord y decidí probar. Jugar a Dragones y Mazmorras en Discord me resultó un poco decepcionante —no tanto como el Age of Empires IV o la reciente versión para Android—, quizás porque ninguna actividad actual puede ser tan emocionante como su versión ochentera. En Discord puedes usar canales de voz para comunicarte y con los canales de texto se organiza casi mejor la información del juego, como las hojas de personaje o los detalles de las misiones. Sin embargo, echo en falta el tablero, donde los amigos nos reuníamos en persona y también, el uso de objetos físicos como mapas, miniaturas y dados reales. En Discord, se depende de herramientas digitales como bots para lanzar dados y hojas de personaje en línea, lo que agiliza el juego pero reduce la complicidad y, especialment, tocarle las narices a los colegas.
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