
Aquí va una teoría barata: todas las historias se pueden dividir en dos. Unas relatan la búsqueda constante para saber quiénes son, en verdad, sus protagonistas. Las segundas, en cambio, retratan más su certeza en desarrollar lo que ya saben que son. Tim Burton es el rey del último grupo. No alberga dudas sobre de parte de quién está: del lado de los raros, de los otros, de los temidos por los normales. De Ed Wood a El planeta de los simios, así son todos y cada uno de sus protagonistas de sus películas, sean de bajo presupuesto o blockbusters.
La leyenda dice que Tim Burton estaba destinado a ser un inadaptado pero, a veces afortunadamente, en la realidad casi siempre manda el factor sorpresa. A principios de los años 80 la maquinaria Disney —a priori, lo más antitético a la cosmogonía infantil y juvenil de Burton— se fija en él y le concede su primera oportunidad con Vincent, un corto de terror en el que un niño sueña que es Vincent Price. Para ello, Burton consiguió dos improbables hazañas: que el propio Price pusiera su voz en el corto —y así, de paso, conocer y hacer amistad con su ídolo de niñez—, y que el gran actor afirmara que esa pequeña pieza cinematográfica era lo más gratificante que jamás le había ocurrido porque suponía la verdadera inmortalidad, «algo mucho mejor que una estrella en el Bulevar de Hollywood».
Al poco, la compañía Disney despidió a Burton, pero da igual: el tiempo ha demostrado que las dos intuiciones del director respecto a sí mismo y los raros era la certera: una es que, al final, extraños somos todos y, por tanto, quien verdaderamente manda en el cine son los espectadores anónimos —y la prueba viviente es él mismo—; la otra es que los normales son una minoría que nadie está segura de conocer y que, en todo caso, está en franca decadencia. De la mano de estas dos intuiciones, desde hace décadas Burton es un valor en Hollywood (considerado, claro, raro pero seguro) y, lo más interesante, ha sido también el puente entre los mejores actores considerados serie B en el pasado como fueron el propio Price, Christopher Lee o Martin Landau, y la fila cero hollywoodiense como Johnny Depp o Jack Nicholson.
En Mars Attacks! Burton vuelve de nuevo al pozo sin fondo de su infancia, y en este caso rinde homenaje a unos cromos que le traían loco y que coleccionaba obsesivamente. Eran de la marca Topps, sus protagonistas eran unos marcianos cabezones empeñados en colonizar la Tierra, chorreaban violencia por los cuatro costados y sus connotaciones sexuales escandalizaron hasta el punto de que al poco tiempo quedaron fuera de circulación.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Una de las películas más lamentables y fallidas de Tim Burton. Caricaturesca y con nula gracia. Probablemente el reparto más desaprovechado de la historia del cine.
Una de las películas más gamberras de Tim Burton. Caricaturesca y con bastante mala uva, algo que se agradece. En cuanto a lo del reparto desaprovechado… A ver, no es El Padrino, ni lo pretende.