
Juzgar un género por sí mismo es deporte banal: al que todas las óperas le parecen soporíferas no está diciendo nada de la ópera, sino mucho de sí mismo. Así que no es que tenga nada contra el biopic, todo lo contrario: no me parecerá mala cosa que en las escuelas los utilicen para explicar momentos históricos. Más efectivo será, para decirles a los alumnos —incluso a los alumnos de Historia— quién y qué hizo el loco de Lope de Aguirre, que les proyecten la película de Herzog a que les hagan leer la Jornada de Omagua de Francisco Vázquez; y si en Italia quiere Meloni que sus bachilleres no ignoren cómo fue formándose uno de los ismos con los que Italia ha contribuido a la exacerbación del mundo, ahí tiene los capítulos de M, que relata el ascenso de Mussolini basándose en las novelas de Scurati.
Son muchos los biopics que se han ido produciendo en estos últimos lustros —eso sin contar estrictamente con los biopics más o menos disfrazados, porque a fin de cuentas quizá entraría en el género Ciudadano Kane, de Orson Welles. Están, que yo recuerde ahora al tuntún, El fundador, que narra las peripecias del inventor de McDonald’s; la película sobre Zuckerberg; Bohemian Rhapsody; la película sobre Bob Dylan —que no he visto aún—; la del magnate Howard Hughes (El aviador)… En Filmaffinity —de la que no sé si fiarme— aparece un listado por puntuaciones de espectadores de los mejores biopics. Lo encabeza inapelablemente la Juana de Arco de Dreyer, empatada en puntuación con Toro salvaje, de Scorsese; En el nombre del padre, de Sheridan; El pianista, de Polanski; El hombre elefante, de Lynch; y Andrei Rublev, de Tarkovski. Más abajo está la preciosa Pechos eternos, de Tanaka, que nos acerca la vida de la poeta Fumiko Nakajo. El único título español que comparece es Yo, adicto, de Javier Giner, que no he visto.
Ahora bien, dentro del propio género hay caminos y caminos. Están los tímidos, que, a base de tratar de ser fieles a hechos documentados, se quedan en narraciones planas que no logran presentarnos un personaje lo suficientemente hondo como para justificar que sobre él se haga un biopic; y otros que son atrevidos y que, a partir de hechos documentados, tratan de hacer una lectura que —más allá de que agreguen ficción o no se propongan tener sujetas en todo momento las riendas de la invención— se atreven a ir más allá de la exposición de lo consabido, lo escrito en biografías y ensayos. Se diría que utilizan esos hechos documentados como trampolín para que el biopic se salga de su propio marco de género y alcance otra altura o se zambulla más hondo en las vidas que los han puesto en marcha. Ejemplo de lo primero es la película sobre Lee Miller, que, a pesar de lo apasionante de la vida de Lee Miller, llega a ser soporífera (sin que eso impida reconocer la excelencia de la actuación de Kate Winslet y demás actores del elenco). Ejemplo de lo segundo es Superstar, la serie de Nacho Vigalondo que no resume, sino que amplifica el fenómeno del tamarismo que se dio en la España de comienzos de milenio, cuando el programa de televisión Crónicas marcianas se llenó de frikis y nuestras madrugadas televisivas eran una noria de pasmosa vanguardia donde podía pasar de todo y nada de lo que pasaba se alzaba sobre el listón de la cutrez más orgullosa de serlo. Cualquier ocurrencia de artista conceptual se queda en trabajo manual de parvulario comparada con la exaltación de la cochambre, la exquisita explosión de la vulgaridad con la que entramos en el nuevo milenio.
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La película de Lee Miller la protagoniza Kate Winslet, no Cate Blanchett.
Cierto, gracias por el apunte. Un saludo.
Ciudadano Kane no es de Orwell, es de Orson Welles. Con guion del propio Welles y de Herman J. Mankiewicz.
No era su día… Ciudadano Kane tampoco es de Orwell, sino de Orson Wells…
De resto, un artículo interesante, gracias
Cuando vea el episodio de Paco Porras va a flipar. Que digo yo que podía haberse molestado en ver la serie entera antes de escribir el chau-chau.
El modelo del episodio de P.Porras es From Hell, de Alan Moore!
“El realizador” (Vigalondo, que no le gustará que le llames así), es decir, el director, ruedas las escenas escritas por Los Javis. El 90% de las cosas que achacas al realizador, no son obra suya si no de los guionistas.
Entonces los créditos de la serie nos están engañando cuando acreditan como guionistas a Nacho Vigalondo, María Bastarós, Claudia Costafreda y Paco Bezerra. Menos mal que ha venido una persona anónima de interne a explicarnos cosas.
https://es.wikipedia.org/wiki/Superestar#Episodios