Sociedad

Todo lo que no cabe en el Occidente de Meloni

Giorgia Meloni. Foto: Cordon Press.
Giorgia Meloni. Foto: Cordon Press.

Basta con prestar atención a los canales adecuados —los que combinan tertulias crispadas, opinadores indignados, cortes virales de sobremesa y entrevistas amables en prime time a reaccionarios con traje— para comprobarlo. El discurso ha circulado por todos esos espacios como una revelación: Giorgia Meloni ha hablado y, como suele ocurrir con los profetas que no vienen del desierto, sino de la tribuna de la CPAC, ha encendido la hoguera sentimental de la ultraderecha internacional. Incluso algunos novelistas patrios que escriben normal, con fama de cínicos incorruptibles, han sentido la necesidad de compartir la buena nueva en sus redes sociales.

Su discurso comienza con una frase de manual, y no por ello menos eficaz: «Sigo creyendo en Occidente». Y lo interesante no es el sustantivo —Occidente, que a ver qué cojones significa para esta gente— sino ese «sigo creyendo». Hay algo sagrado que está siendo atacado, algo esencial que se desvanece entre las manos, algo puro que, como más adelante dice en su discurso, está siendo saboteado desde dentro.

El relato de Meloni tiene algo de misa y algo de mitin, y por eso después de citar los supuestos pilares fundacionales de nuestra civilización, no se detiene en debatir su exactitud (que no la tiene), sino que salta, como quien conoce bien el terreno emocional de sus fieles, a lo verdaderamente importante: la herencia. «Esta es nuestra herencia y nunca nos disculparemos por ello», dice. Y uno no puede evitar preguntarse: ¿cuál es esa herencia que te estás inventando?

Vamos a la cultura, que esto es un magacín cultural. Meloni no solo cree en Occidente: lo concibe como una civilización —nunca un conjunto de procesos históricos complejos y contradictorios, siempre una unidad mítica y perfecta—, supuestamente nacida de «la fusión de la filosofía griega, el derecho romano y los valores cristianos». No se trata de pensar Occidente, sino de dibujar una frontera. Y de paso expulsarte de ella. Porque tú, que sospechas de los discursos fundacionales, que crees que el derecho romano sin el código napoleónico no nos habría llevado muy lejos, o que recuerdas vagamente que muchas obras de Aristóteles nos llegaron gracias a pensadores árabes como Avicena o Averroes, tú, querida lectora, querido lector, no tenéis invitación para esta fiesta de la identidad.

Intelectuales conservadores de altura o normalitos como Reverte, así como los opinadores de columnita con ínfulas pueden aplaudir con entusiasmo esa visión excluyente de Occidente como un taburete de tres patas: cultura griega, derecho romano y valores cristianos. A Don Arturo le gusta decir que no tiene ideología, sino biblioteca. Puede sonar muy bien cuando quieres impostar neutralidad y «pensamiento libre», pero si presumes de biblioteca no está de más leerla. Y si además la entiendes ya sería la hostia. Porque convendría por higiene intelectual recordar que durante siglos fue el mundo islámico quien custodiaba el legado griego mientras Europa se entregaba con fruición al noble arte de la pira, que en Bagdad o en Córdoba se traducía, se comentaba, se ampliaba a filósofos clásicos mientras Lubna de Córdoba gestionaba su gran biblioteca y que la comunidad judía fue clave en la transmisión de ese saber, y que sin sus traducciones, sin Maimónides, sin esa red de erudición desplazada y resistente, la llamada Edad de Oro andalusí no sería tal. Y la lengua, la música, la poesía, la arquitectura, los manuscritos iluminados, los alicatados imposibles, los bordados del exilio, los márgenes. ¿Dónde acaba lo cristiano y empieza lo otro? ¿Dónde empieza lo otro y por qué hay tanto empeño en borrarlo? Si ampliamos más el foco, ¡abandonemos el mito!: el pensamiento occidental moderno ha bebido con ansia de fuentes orientales, del taoísmo que fascinó a los románticos, del budismo que Schopenhauer transformó en angustia metafísica. Y el arte que definió el siglo XX debe tanto al Renacimiento como al japonismo, al arte africano, a las miniaturas persas. Ese Occidente puro, homogéneo, orgulloso de su supuesta autarquía cultural, no existe. Occidente mi culo, citando en latín.

Pero funciona. Porque apela al orgullo herido, al deseo de pertenecer a algo mayor, a esa nostalgia de grandeza que se alimenta no de historia, sino de relato. Un relato con bandera, himno y enemigos identificables. Enemigos que no están, como podría pensarse, allende las fronteras, sino dentro: ¿y quién, exactamente, está perpetrando ese sabotaje? Pues nosotros. Tú también, probablemente. Tarde o temprano, si aún no estás en la lista, te pondrán. El primer foco lo pusieron en los migrantes, ahora ya también a los de segunda generación como declara abiertamente nuestra versión carpetovetónica del fascismo de rostro amable que representa Meloni, y ahí están progresistas, gais, lesbianas, bisexuales, trans y personas queer, mujeres, ateos, musulmanes, agnósticos, tente racializada, feministas de pelo azul, sindicalistas, científicos que advierten sobre el cambio climático, trabajadoras sexuales, inquilinos que no pueden pagar el alquiler demonizados por Ana Rosa Quintana, gente a la que no le gustan las terracitas y son por tanto enemigos de la hostelería, nuestra versión de la Asociación Nacional del Rifle, yo qué sé, disidentes, raros. Cualquiera que desentone, quienes constituyen esas minorías incómodas que una democracia debería proteger frente a las pulsiones vengativas de mayorías aunque se impogan por votos, porque eso es la democracia, no ofrecerlas en sacrificio para ganarse su aplauso. Meloni, cómo no, lo identifica con el hombre de paja (jaja he dicho paja) por excelencia del entorno mediático del siglo XXI, la idea-fuerza más cretina que ha conocido el ser humano: lo «woke». Lo que las personas normales entendemos como defender los derechos humanos básicos. Y la lista seguirá creciendo, como crecen siempre estas listas, hasta que un día ya no queden más enemigos que inventar y entonces nos tocará a los varones cisheterosexuales con el color de piel correcto pero sin sitio donde caernos muertos, los que aplaudimos desde la grada creyéndonos del club de los elegidos porque teníamos pavor de perder nuestra mijita de privilegio ante la ganancia de derechos de los demás. Porque ese es el destino final del proyecto ultraderechista: convertir al último de los nuestros en el penúltimo enemigo.

Y entonces aparece la palabra mágica: libertad. Porque si hay algo que esta gente ha sabido hacer con precisión quirúrgica es apropiarse del lenguaje, secuestrar las palabras como los símbolos nacionales, canciones populares o credos compartidos. La libertad de la que hablan los überfachas no es emancipatoria. Es una libertad que no se conjuga en plural, ni se articula en derechos, ni se somete a principios éticos. Esta es la libertad entendida como licencia unilateral, como el derecho divino de que los de siempre puedan seguir haciendo lo que siempre hicieron sin que nadie les tosa. Libertad para decir barbaridades sin consecuencias. Libertad para excluir, para señalar, para burlarse. Libertad para mandar callar. Libertad para negar el dolor ajeno porque incomoda. Libertad para creerse el centro de todo y no tener que compartir ese centro con nadie. Y si se comparte, que sea por concesión, no por justicia.

Porque la libertad de la que hablan no es nunca colectiva, sino jerárquica. Se articula en vertical: es la libertad del fuerte frente al débil. Una libertad que siempre se ejerce de arriba hacia abajo como la mierda se desliza hacia abajo en cualquier cadena de manos. Una libertad que no emancipa, sino que consagra el privilegio como si fuera carta naturaleza. Esto lo venden como rebelión. Se presentan como insurgentes, como antisistema, como herejes de la corrección política, cuando en realidad lo único que hacen es defender la continuidad del orden, del suyo. Es un disfraz de disidencia cuando en realidad son restauradores, guardianes de una jerarquía antigua que se siente amenazada por el más leve amago de justicia.

Esta es la movida, este el discurso de la defensora que Occidente que emocionó al público. Meloni señala que la «izquierda radical» quiere quitarnos la identidad. Y lo hace, según ella, dividiéndonos por nacionalidad, por género, por ideología. Lo dice así, con toda la cara, como si no fuera exactamente eso lo que lleva décadas haciendo la reacción: levantar fronteras, segregar cuerpos, perseguir ideas. La internacional ultraderechista sabe mucho del principio de transposición de Goebbels: acusar a otros de lo que tú haces, denunciar la fractura mientras la profundizas, victimizarte mientras victimizas. La identidad que dicen proteger no es una herencia, sino una trinchera, que no defienden con civilización ni cultura, sino con odio.

En este mismo momento hay personas perdiendo derechos que costó mucho reclamar. La ultraderecha no viene: ya está aquí. Sentada en gobiernos, en platós, en cabeceras de periódico, en chats de padres del cole y en consejos de administración. Lo que entendemos por derechos humanos y democracia solo se han desarrollado medianamente en un rincón pequeño del mundo y durante un tiempo más bien breve. No son invulnerables. Hemos entrado en esa fase del ciclo histórico en la que una parte de la humanidad ha decidido que ya estuvo bien de fingir: que esto de los derechos para todos se acabó, que volvamos al feudalismo en su versión más tecno. El aplauso a discursos como el de Meloni muestra que cuenta con la complicidad resignada o entusiasta de esos conservadores moderados dispuestos entregar en bandeja de plata los derechos de los más vulnerables a cambio de pagar cuatrocientos euros menos de impuestos al año. Los que hace casi cien años creyeron que podían domesticar al monstruo nazi y acabaron siendo devorados por él. Hace casi cien años también se estaban comiendo el mundo. Pero el monstruo cayó, porque era fuerte pero también estúpido y profundamente malvado. Como ahora. Y debemos creer que la buena gente —la que cuida, la que no se rinde a la crueldad ni a la indiferencia— sigue siendo más numerosa y fuerte que su odio. Que cuidar al otro, que no mirar hacia otro lado, que negarse a odiar, no es de blandos ni de ingenuos. Ser buenas personas es el nuevo punk.

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58 comentarios

  1. Genial

  2. Ricardo Orta

    Espectacular artículo. Que si bien casi no me ha contado demasiadas cosas nuevas (algunas sí) , ha puesto por escrito de manera concreta ideas difusas a las que no daba yo forma o concreción.
    Descubrir el «principio de transposición» poniendo nombre a lo q veo cada día en discursos y textos de la derecha escorada.

  3. “Lo que entendemos por derechos humanos y democracia solo se han desarrollado medianamente en un rincón pequeño del mundo y durante un tiempo más bien breve”.
    Casualmente (o no) en ese espacio etéreo que llaman occidente.
    A alguno le convendría pasar una temporada en el Yemen o en Irán. Para dejar de idealizar según qué mierdas.

    • Claro, porque esos países tampoco son producto de procesos histórico sociales y porque históricamente occidente tampoco a tenido que ver con ellos. Porque en irán no hubo un proceso de liberal y democrático que acabo depuesto por occidente para poner en su lugar la corrupta dictadura del sha.
      Porque esos derechos humanos no eran solo destinados a la metrópolis y en Francia se cantaba libertad, igualdad y fraternidad de la que se mataban argelinos a millones.
      Porque los estados de bienestar europeos no no se han fundamentado en el expolio a países destrozados tras el colonialismo y sus traumáticas independencias.
      Occidente ha dado pie a cosas maravillosas, pero creer en una especie de existencialismo liberal no solo es equivocado, es un ejercicio de arrogancia simplificadora, desconocimiento chovinista y mala fea, una mala fea que es el alimento de unos discursos que que en occidente se conocen bien, por desgracia, y a pesar de ser tremendamente europeos son lo contrario de las virtudes que se pretenden ensalzar.

  4. Muy bueno lo de libertad jerarquizada. Al final uno es más «libre» cuanto mas dinero y poder tiene y más «valiente» cuando más machaca al que tiene por debajo de esa jerarquía.

  5. «Pero el monstruo cayó, porque era fuerte pero también estúpido y profundamente malvado.»
    ¿Seguro que era estúpido?
    ¿Y ser profundamente malvado se arrima a fracasar?

    Flojito el artículo. Que no estoy diciendo que el monstruo sea bueno, todo lo contrario. Pero el texto son tópicos, sofismas y mera buena voluntad. Así no se llega a ningún sitio.

    • Hay algo intrínsecamente estúpido y corto de vista en las jerarquías: las reverencias, cuadrarse, el peloteo, la anulación del pensamiento crítico, ser el instrumento de otro y poner tu vida a disposición de un líder o una autoproclamada élite.

      • Tienes toda la razón, si el planteamiento del que partes es ácrata. No obstante, no toda la gente que piensa por sí misma rechaza el principio de autoridad. Así que sigo pensando que ese principio y su ejercicio no excluyen la inteligencia, ni cuando esa autoridad se dirige al bien ni cuando esa autoridad se endereza al mal. Otra cosa, me da a mí, roza el famoso complejo de superioridad moral (mi opinión X -la que sea- es buena y sabia, las demás son malvadas y bobas).

        Siempre me ha gustado esta reflexión de Engels (versión de marxists.org)

        Algunos socialistas han emprendido últimamente una verdadera cruzada contra lo que ellos llaman principio de autoridad. Basta con que se les diga que este o el otro acto es autoritario para que lo condenen. Hasta tal punto se abusa de este método sumario de proceder, que no hay más remedio que examinar la cosa un poco más de cerca. Autoridad, en el sentido de que se trata, quiere decir: imposición de la voluntad de otro a la nuestra; autoridad supone, por otra parte, subordinación. Ahora bien; por muy mal que suenen estas dos palabras y por muy desagradable que sea para la parte subordinada la relación que representan, la cuestión está en saber si hay medio de prescindir de ella, si -dadas las condiciones actuales de la sociedad- podemos crear otro régimen social en el que esta autoridad no tenga ya objeto y en el que, por consiguiente, deba desaparecer. Examinando las condiciones económicas, industriales y agrícolas, que constituyen la base de la actual sociedad burguesa, nos encontramos con que tienden a reemplazar cada vez más la acción aislada por la acción combinada de los individuos. La industria moderna, con grandes fábricas y talleres, en los que centenares de obreros vigilan la marcha de máquinas complicadas movidas a vapor, ha venido a ocupar el puesto del pequeño taller del productor aislado: los coches y los carros para grandes distancias han sido sustituidos por el ferrocarril, como las pequeñas goletas y falúas lo han sido por los barcos a vapor. La misma agricultura va cayendo poco a poco bajo el dominio de la máquina y del vapor, los cuales remplazan, lenta pero inexorablemente, a los pequeños propietarios por grandes capitalistas, que cultivan, con ayuda de obreros asalariados, grandes extensiones de tierra. La acción coordinada, la complicación de los procedimientos, supeditados los unos a los otros, desplaza en todas partes a la acción independiente de los individuos. Y quien dice acción coordinada dice organización. Ahora bien, ¿cabe organización sin autoridad?

        Supongamos que una revolución social hubiera derrocado a los capitalistas, cuya autoridad dirige hoy la producción y la circulación de la riqueza. Supongamos, para colocarnos por entero en el punto de vista de los antiautoritarios, que la tierra y los instrumentos de trabajo se hubieran convertido en propiedad colectiva de los obreros que los emplean. ¿Habría desaparecido la autoridad, o no habría hecho más que cambiar de forma? Veamos.

        Tomemos, a modo de ejemplo, una fábrica de hilados de algodón. El algodón, antes de convertirse en hilo, tiene que pasar, por lo menos, por seis operaciones sucesivas; operaciones que se ejecutan, en su mayor parte, en diferentes naves. Además, para mantener las máquinas en movimiento, se necesita un ingeniero que vigile la máquina de vapor, mecánicos para las reparaciones diarias y, además, muchos peones destinados a transportar los productos de un lugar a otro, etc. Todos estos obreros, hombres, mujeres y niños están obligados a empezar y terminar su trabajo a la hora señalada por la autoridad del vapor, que se burla de la autonomía individual. Lo primero que hace falta es, pues, que los obreros se pongan de acuerdo sobre las horas de trabajo; a estas horas, una vez fijadas, quedan sometidos todos sin ninguna excepción. Después, en cada lugar y a cada instante surgen cuestiones de detalle sobre el modo de producción, sobre la distribución de los materiales, etc., cuestiones que tienen que ser resueltas al instante, so pena de que se detenga inmediatamente toda la producción. Bien se resuelvan por la decisión de un delegado puesto al frente de cada rama de producción o bien por el voto de la mayoría, si ello fuese posible, la voluntad de alguien tendrá siempre que subordinarse; es decir, que las cuestiones serán resueltas autoritariamente. El mecanismo automático de una gran fábrica es mucho más tiránico que lo han sido nunca los pequeños capitalistas que emplean obreros. En la puerta de estas fábricas, podría escribirse, al menos en cuanto a las horas de trabajo se refiere: Lasciate ogni autonomia, voi che entrate!* Si el hombre, con la ciencia y el genio inventivo, somete a las fuerzas de la naturaleza, éstas se vengan de él sometiéndolo, mientras las emplea, a un verdadero despotismo, independientemente de toda organización social. Querer abolir la autoridad en la gran industria, es querer abolir la industria misma, es querer destruir las fábricas de hilados a vapor para volver a la rueca.

        Tomemos, para poner otro ejemplo, un ferrocarril. También aquí es absolutamente necesaria la cooperación de una infinidad de individuos, cooperación que debe tener lugar a horas muy precisas, para que no se produzcan desastres. También aquí, la primera condición para que la empresa marche es una voluntad dominante que zanje todas las cuestiones secundarias. Esta voluntad puede estar representada por un solo delegado o por un comité encargado de ejecutar los acuerdos de una mayoría de interesados. Tanto en uno como en otro caso existe autoridad bien pronunciada. Más aún: ¿qué pasaría con el primer tren
        que arrancara, si se aboliese la autoridad de los empleados del ferrocarril sobre los señores viajeros?

        Pero, donde más salta a la vista la necesidad de la autoridad, y de una autoridad imperiosa, es en un barco en alta mar. Allí, en el momento de peligro, la vida de cada uno depende de la obediencia instantánea y absoluta de todos a la voluntad de uno solo.

        Cuando he puesto parecidos argumentos a los más furiosos antiautoritarios, no han sabido responderme más que esto: «¡Ah! eso es verdad, pero aquí no se trata de que nosotros demos al delegado una autoridad, sino ¡de un encargo!» Estos señores creen cambiar la cosa con cambiarle el nombre. He aquí cómo se burlan del mundo estos profundos pensadores.

        Hemos visto, pues, que, de una parte, cierta autoridad, delegada como sea, y de otra, cierta subordinación, son cosas que, independientemente de toda organización social, se nos imponen con las condiciones materiales en las que producimos y hacemos circular los productos.

        Y hemos visto, además, que las condiciones materiales de producción y de circulación se extienden inevitablemente con la gran industria y con la gran agricultura, y tienden cada vez más a ensanchar el campo de esta autoridad. Es, pues, absurdo hablar del principio de autoridad como de un principio absolutamente malo y del principio de autonomía como de un principio absolutamente bueno. La autoridad y la autonomía son cosas relativas, cuyas esferas verían en las diferentes fases del desarrollo social. Si los autonomistas se limitasen a decir que la organización social del porvenir restringirá la autoridad hasta el límite estricto en que la hagan inevitable las condiciones de la producción, podríamos entendernos; pero, lejos de esto, permanecen ciegos para todos los hechos que hacen necesaria la cosa y arremeten con furor contra la palabra.

        ¿Por qué los antiautoritarios no se limitan a clamar contra la autoridad política, contra el Estado? Todos los socialistas están de acuerdo en que el Estado político, y con él la autoridad política, desaparecerán como consecuencia de la próxima revolución social, es decir, que las funciones públicas perderán su carácter político, trocándose en simples funciones administrativas, llamadas a velar por los verdaderos intereses sociales. Pero los antiautoritarios exigen que el Estado político autoritario sea abolido de un plumazo, aun antes de haber sido destruidas las condiciones sociales que lo hicieron nacer. Exigen que el primer acto de la revolución social sea la abolición de la autoridad. ¿No han visto nunca una revolución estos señores? Una revolución es, indudablemente, la cosa más autoritaria que existe; es el acto por medio del cual una parte de la población impone su voluntad a la otra parte por medio de fusiles, bayonetas y cañones, medios autoritarios si los hay; y el partido victorioso, si no quiere haber luchado en vano, tiene que mantener este dominio por medio del terror que sus armas inspiran a los reaccionarios. ¿La Comuna de París habría durado acaso un solo día, de no haber empleado esta autoridad de pueblo armado frente a los burgueses? ¿No podemos, por el contrario, reprocharle el no haberse servido lo bastante de ella?

        Así pues, una de dos: o los antiautoritarios no saben lo que dicen, y en este caso no hacen más que sembrar la confusión; o lo saben, y en este caso traicionan el movimiento del proletariado. En uno y otro caso, sirven a la reacción.

      • El texto iba en contestación al de Federiker.

    • Genaro del Castillo Sainz

      Sí, bastante flojito por predecible. Nada nuevo bajo el sol.

      • ¿Cuando se dirige al mal también? No me parece muy inteligente hacer seguidismo a los sociópatas.
        Muy pertinente el texto de Engels.
        Sí, mi planteamiento es ácrata, pero también de clase. Me explico, no puedo asumir las causas y las mistificaciones de las elites económicas que intentan embarrar la verdad echándole la culpa al inmigrante o a las minorías para salvaguardar sus privilegios en un sistema de explotación y de extracción de rentas a las clases trabajadoras.
        Me parece muy interesante el texto de Engels, y coincido con él. No toda la autoridad puede ser clasificada de forma absoluta como «mala». Hay una autoridad que deriva del conocimiento que hay que preservar y alentar, pero hay otra que proviene de la propiedad y de la tradición que es la que defiende la ultraderecha. Cómo tampoco es la misma la autoridad de una democracia que la de una dictadura.

        Un saludo.

  6. A favor de lo bueno, en contra de lo malo.

  7. Todo mi apoyo, viendo como esta el patio le has echado bemoles. Lo de Don Arturo… sin novedad en el frente. El discurso de Meloni es exactamente el q solto Ayuso cuando se comio la herecia arabe. Hay q admitir q siguen el manual al dedillo.

  8. Pedro Candela Palao

    Hay que saber que Maimonedes y Averroes tuvieron que salir por piernas de Córdoba por el terrible islamismo cordobés.Hay que tener conocimientos y objetividad para opinar…

    • Genaro del Castillo

      Correcto.
      De hecho no sé qué tiene que ver lo que escribe este hombre con lo que dijo la primera ministra italiana.
      Supongo que de algún modo hay que buscarse el sustento, pero no le veo mucho futuro como columnista.

    • Rojo rojísimo

      Hombre, provoca sonrojo con lo de Torrepacheco en el haber de los que tiran para Meloni, mejor callar para hablar de persecución. Y en el siglo XXI.

      • Clonazepando

        No lo digo por ti, pero abundo sobre el tema.
        Estaría bien que todos esos que le echaron gaseosa a las bromillas de los aberchales cuando ponían dianas, vandalizaban las calles y expulsaban a discrepantes, se miren en el espejo cuando critiquen a estos subnormales fachas de Vox. A ver, si el fascismo con distintas banderitas nunca ha dejado de estar presente.
        Yo estoy preparando las palomitas para cuando la cosmopolita Cataluña, entre los siniestros de Vox y los otros racistas de AC, sea la Comunidad con más ultraderecha de España.

        • Rojo rojísimo

          En uno hay un componente racial y aporófobo y en el otro un desquite de nacionalismo mal digerido.

          • Clonazepando

            Me parece correcta la distinción.
            Pero añadiría a los nenitos vascos también un brochazo de clara xenofobia.
            Fascismo puro en ambos casos, más allá de matices.

  9. https://www.youtube.com/watch?v=BBfQiZCsAyU

    Parental Advisory Explicit Content.

    Esa era la versión censurada. Vaya tipa más chunga.

  10. A nuestra forma de vida le quedan tres telediarios. No entiendo la prisa del autor del artículo y acólitos porque le queden dos.

  11. Esto es mucho más sencillo que toda esta filosofada que un bando ideológico te la pinta de una forma y el otro de otra. Esto va de la prosperidad de Europa, y hoy Francia, Inglaterra o Suecia son países infinitamente peores que hace 20 años, y el factor fundamental es la inmigración descontrolada. Lo de desviar el tiro a que los líderes anti inmigración ilegal tienen más peligro que Hitler cala en los áticos de Malasaña, pero ya no cala en las calles en las que se vive la realidad.

  12. ¿La culpa de que estés en el paro, de qué te explote tu jefe y eches más horas que un reloj, de que cobres una mierda, de que te suban los productos de la cesta de la compra, de que la sanidad sea precaria y no te den cita, de que no tengas vivienda, de que no te llegue para pagar el alquiler y tengas que compartir piso es del que viene en patera y es ma pobre aún que tu? ¿En serio vas diciendo que lo tuyo no es ideología?

    Vamos a ver los datos del PIB de hace 20 años de Francia Reino Unido y Suecia y lo comparamos con ahora ¿Son peores? ¿Quien se beneficia y a quien hechas la culpa de tu nivel de vida?

    • Viajo mucho a Italia y tengo muchas amigas allí, sin ir más lejos hace dos semanas estaba en la plaza del Duomo y eran las doce de la noche. Una amiga me dijo que hace 5 años que ya no va sola de noche por esa plaza (la más céntrica de la ciudad). Puede estar el PIB en la gráfica como les de la gana. Creo que se entiende el por qué ya no se atreve. El ambiente era… pero éramos un grupo de 6 y era una noche de verano con muchos turistas y por eso estábamos más o menos tranquilas. Podemos negar la evidencia todo lo que queramos y desviar el tiro con que Meloni le copia los discursos a Goebbels o al santo Job.

      • Pues en Italia precisamente los datos indican que en 20 años la criminalidad ha descendido. Éso sí, mafia en el sur y corrupción como siempre. Lo que hay es un aumento de delitos de odio racial y se ha puesto de moda alzar el brazo como para llamar al taxi. Cómo sí no hubiéramos transitado por ese akelarre una vez y hubiéramos olvidado todo el horror que trajo.

        • Repito. Mis amigas ya no bajan solas a la calle como antes. Yo lo viví. Lo vi. Es palpable. También he estado en París muchas veces y no voy por barrios que antes iba. Pero tú tienes gráficas. Gráficas como la que sacó el otro día el periodista asalariado de Moncloa, Javier Ruiz, que ya le desmontaron por todas partes. Negar la evidencia de la caída libre en seguridad es sencillamente estúpido.

          • Uno tiene datos y la otra lo que le cuenta una amiga.

          • Me recuerda tu discurso a los que hablan del Raval como si estuviese peor que nunca, como si cuando fue conocido como El Barrio Chino no hubiera sido una época mucho más violenta que la actual. Gente que decide que las estadísticas contradicen su discurso y por tanto no son válidas, que lo válido solo es su percepción puntual de las cosas que siempre parte de una base amnésica.

    • Pedro Candela Palao

      La culpa de todo lo que dice Arryn es del PP e incluso de Franco, pués el PSOE lleva tres meses gobernando y no da tiempo a nada.Más objetividad y autocrítica por favor…

      • Buena parte parte la tiene el PSOE sí, el de la tercera vía, pero quién defiende que no suba el SMI, se congelen las pensiones o vote en contra de los derechos de los trabajadores son el PP, Vox Junts o el PNV. Es lógico, tiran para lo suyo, lo que no es tan lógico es que el currito lo vote. Por éso tienen que mentir y azuzar el odio del pobre contra el pobre.

        • Pedro Candela Palao

          Los curritos les votan porque poco a poco se van dando cuenta que de todo el abanico de izquierdas ninguna crea empresas ni puestos de trabajo, así como tampoco pagan impuestos,al contrario la mayoría reciben subvenciones ( más gastos ) incluido sindicatos,y no soy contrario,pero demasiadas subvenciones en España y lo de éste gobierno es exagerado…

          • ¿Ves como engañas? La plusvalia no se invierte en economía productiva sino en comprar pisos, subir el precio de la vivienda y el alquiler, y sacar rentas extractivamente a los trabajadores. También en especular con lo más básico como los alimentos o la energía. ¿Para que montar una empresa sin puedes vivir de las rentas? El capitalismo financiero es el que manda y como mucho se ofrece el trabajo de repartidor o camarero en un bar, porque el de temporero en el campo se lo dejamos a los que despreciamos aún más.

            • Pedro Candela Palao

              Tú crees que Un país,España por ejemplo funciona gracias a los bares,los hoteles y las pizzerías.Yo hablo de empresas sólidas,grandes,pequeñas o medianas y empresarios serios y comprometidos que son la mayoría y son los que crean trabajo,riqueza y mantienen un país…

              • Quien mantiene España son los trabajadores, pero esos no son los dueños de España. Ésa es la tragedia de este país.

              • Por cierto, acaban de imputar a Cristóbal Montoro por beneficiar a dos empresas gasísticas, clientas de su bufete, legislando favorablemente cuando era Ministro de Hacienda.

                Detrás de la corrupción política siempre una gran empresa de esas que según tu «mantienen» el país, como Acciona o las energéticas, con esos grandes empresarios como Diaz Ferraz, Mario Conde, Ruiz Mateos o Aldama, Víctor López Madrid o Ana Rosa Quintana. Y con éso seguimos engañando

                • Pedro Candela Palao

                  Dime cómo se puede mantener un país sin empresas? o más fácil,con las empresas de los miembros de podemos y sumar? Vamos a ser sensatos y aplicar el sentido común…

                  • Sin empresas no, sin una casta empresarial privilegiada sí. Y los políticos, de ningún partido, pueden tener empresas, éso es de primero de democracia, por si no lo sabes. Lo que seguro es que no puede haber empresas sin trabajadores, y si las hay son chanchullos y tapaderas, pero sí se puede prescindir del que su única función es quedarse con la plusvalía que generan los tranajadores.

    • Pedro Candela Palao

      Lo tuyo Arryn también es pura ideología y mucha falta de objetividad y autocrítica, pués el PSOE lleva ya gobernando varios años y deberían haber resuelto muchos asuntos de los que comentas…

      • Yo no voto al PSOE, es un partido que lleva traicionando a la izquierda desde Felipe González, y que entre otras lindezas se inventó lo de la pinza de IU y AP para poder pactar con PNV y Convergencia, la derecha, con la que se ha sentido siempre más cómodo. Así que no.

        E ideología tenemos todos, incluso los que dicen que no la tienen y son los peores, porque despreciar la política es dejar el poder en manos de quien ya lo tiene.

        • Pedro Candela Palao

          Ya le explicó y demostró el gran Escohotado a Pablo Iglesias que comunismo y fascismo/nazismo son y han sido la lacra de las sociedades y arrasa con todo.También los nacionalismos…

          • Me hace gracia que pulses a la vez el botón de «fascismo malo» con el botón de «Meloni buena». Sois un chiste de en cuanto a coherencia.

            • Pedro Candela Palao

              Meloni está mostrando más coherencia y más sensatez que toda la izquierda juntas,que por cierto pactan a diario con el PNV del Arana al que homenajean todos los años. ( Léase Sabino Arana) Mantenéis las izquierdas gracias a sus discípulos…

  13. Escohotado olvida interesadamente quien colonizó y coloniza, quien esclavizó y provocó millones de muertos. Los demás no. Aprenda la historia de Asia, África, América u Oceanía desde el siglo XV y veremos quién arrasa con todo.

  14. Pedro Candela Palao

    Millones de muertos el comunismo,muchos más que el nazismo,y no hace falta ir al siglo XV,lo tenemos a la vuelta de la esquina,con lo que se convierten ambas ideologías en un peligro constante para la humanidad y debemos condenar todos los días ambas ideologías…no hace falta ir tan lejos,de ésto hace cuatro días

    • En la cuenta quien se lleva la palma de millones de muertos es el laisse faire capitalista que defienden los liberales en lo económico, y ésto no son cifras genéricas de las que se atribuyen al comunismo, entre 60 y 70 millones en la India por hambre. A ver qué Escohotado limpia éso.

      • Pedro Candela Palao

        Si no hubiese sido por las revoluciones industriales y avances liberales estaríamos aún en las cavernas…o quizás en los gulag,martirizaos y congelados en Siberia,esa fué vuestra revolución.Más de cien millones de muertos y el caos y la miseria en todos los países comunistas del telón de acero… Qué pena de gentes!!

        • Lo de los 100 millones de muertos está bastante desprestigiado entre otras cosas porque los autores del libro que publicaron la cifra lo dijeron a boleo.
          Así que puede decir usted 1000 millones y sería igual de creíble. Hay que informarse antes de soltar sandeces y creer que van a colar.

          Los millones de muertos en la India del capitalismo sí están documentados, (Holocaustos de la era victoriana) por no hablar de la esclavitud, el imperialismo, el colonialismo, la represión sindical, las dictaduras implantadas y golpes de estado afines en todos el mundo. El último logro el cambio climático y la superación de 6 de los 9 límites globales que ponen en serios problemas la continuidad de la vida en la tierra. Empeñados en traer un dust bowl como el que provocó la especulación en las llanuras de USA en los años 30, hambre y muerte.

          La revolución industrial trajo también pésimas condiciones de vida a la clase trabajadora que expulsada de sus tierras interesadamente se enfrentaban a jornadas laborales propias de esclavos. Se redujo la esperanza de vida en 30 y 40 años.

          Miseria había en la Rusia zarista, pero con el comunismo el pueblo empezó a comer, a tener jornadas de trabajo de 8 horas y vacaciones, descansos y permisos. Éso se lo debemos al comunismo, como la llegada de la democracia a España.

          • Pedro Candela Palao

            La historia de la humanidad está llena de miserias y catástrofes,La destrucción de Jerusalén por los babilónicos,la destrucción de Cartago hasta los cimientos,Sagunto…etc.Sería casi interminable,pero el ser humano fué avanzando y por supuesto dando tropezones pero avanzando y poco a poco eliminando barreras,en muchas ocasiones a un alto precio humano,pero cada día se veía más luz, más avances más cultura,más prosperidad, más libertad…era lógico con el tiempo las sociedades avanzan y se desarrollan y cuánta más libertad mucho más…hay amigo,pero llegaron los regímenes de Mao (1949 -1976) millones de muertos » Genocidio. Llegó el régimen comunista (1929 – 1953) millones de muertos «Genocidio. Llegó el régimen de los Jemeres Rojos de Pol Pot ( 1975 – 1979 ) millones de muertos » Genocidio. TODO ESTO FUÉ AYER.No trecientos ni cuatrocientos años atrás…esa es la herencia comunista y tu ideología y que el mundo entero repudia y condena junto con el » NAZISMO por supuesto

            • ¿Pero de qué te quejas si el capitalismo venció al comunismo con la caída del muro? ¿No hemos alcanzado el paraíso en la tierra? ¿No vivimos en el paraíso liberal? El estado del mundo no es el óptimo? Cachis la mar.

        • Cuándo te refieres a liberal solo es en su faceta económica :Libertad jerarquizada.

  15. Una cosa queda clara de este y otros debates.
    Si el podemita sectario no dice la última palabra no se queda tranquilo.
    Salud (y adelante)

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