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Cartografía secreta: tras las huellas de Fernand Khnopff en Bruselas

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A veces un lugar se te revela mágico en pequeños detalles. Mi último viaje a Bruselas escondía un secreto que me fue desvelado: Bruselas fue un punto clave en la vida de uno de mis pintores favoritos, Fernand Khnopff (1858-1921). El caso es que tuve la oportunidad de cenar en un restaurante fantástico que ocupa el mismo espacio donde estuvo el taller de este gran artista (así lo indicaba una placa), y de toparme con su tumba en el cementerio de Laeken sin haber sospechado siquiera que este egregio personaje yacía allí. A mi regreso, decidí investigar más a fondo los rincones de Bruselas que guardan su eco, y de ahí surge este mapa y este artículo, que reseñan algunos de los lugares vinculados con la figura de este creador.

Para quienes no lo conozcáis, Khnopff es el gran pintor del andrógino dentro de la corriente simbolista, además de un consumado amante del esoterismo. Sus rostros ambiguos y etéreos lo convirtieron en un pintor de lo oculto y, al mismo tiempo, en un pintor oculto. Siempre he echado de menos su reconocimiento en España, y cuando he podido he tratado de rendirle tributo (véase mi breve ensayo Arte y sociedades secretas, Archivos Vola, 2019, en el que pongo de relieve la importancia de Fernand Khnopff en los Salones Rosacruces celebrados en París durante la última década del siglo XIX). Así que, en esta ocasión, vuelvo a reivindicar su figura y a ofrecer esta ruta por Bruselas siguiendo su estela. Vamos allá.

La familia Khnopff se trasladó a Bruselas para residir en el número 50 de la Rue Belliard, en el distinguido barrio Léopold, un entorno que sin duda influyó en la sensibilidad del joven Fernand. El lienzo Recuerdos, de 1889, es una obra célebre que se conserva en los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, y representa a siete mujeres en una pista de tenis. Se cree que el escenario es el jardín de aquella residencia donde Khnopff vivió durante su juventud. Aunque la casa original ya no existe o no es identificable como lugar público dentro del paisaje urbano, la inspiración proviene de un entorno bruselense profundamente personal para el artista.

Uno de los espacios más míticos asociados al pintor fue su casa-taller, una obra de arte total que él mismo diseñó con la colaboración del arquitecto Edouard Pelseneer. Situada en la esquina de la Avenue Jeanne y la entonces llamada Avenue des Courses (hoy Avenue Franklin Roosevelt), esta villa de estilo art nouveau era un templo consagrado a su propia persona y a su arte. Lamentablemente, el edificio fue demolido en 1938, pero su emplazamiento sigue siendo un punto de peregrinación para los admiradores del artista.

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Maqueta de la casa-taller de Fernand Khnopff. Wikimedia Commons. Fotografía: Benîot

Fernand Khnopff fue también una figura clave del grupo artístico Les XX, una sociedad de veinte artistas vanguardistas que rompieron con los dictados académicos para explorar nuevas formas de expresión espiritual y estética. Khnopff participó activamente en sus exposiciones desde 1885, año en que se integró en el colectivo, y se convirtió en uno de sus miembros más destacados por su refinamiento técnico y su imaginario enigmático.

Las exposiciones anuales del grupo se celebraban en Bruselas, en distintos espacios de la ciudad, siendo una de sus sedes más emblemáticas el Palais des Beaux-Arts (Palacio de Bellas Artes), situado hoy en la Rue Ravenstein, en pleno centro de la capital belga. Aunque el edificio actual se construyó posteriormente, muy cerca de allí, en el entorno de Mont des Arts se encontraban los antiguos espacios expositivos donde Khnopff mostró obras como Retrato de Marguerite. Fue en estos salones bruselenses donde desplegó por primera vez su universo de figuras ambiguas y paisajes oníricos, convirtiendo a Bruselas en epicentro del simbolismo europeo.

Dada su inclinación hacia lo esotérico, lo místico y lo simbólico, Khnopff encontró afinidad con la Iglesia de la Nueva Jerusalén, también conocida como la Iglesia Swedenborgiana, inspirada en las visiones del místico sueco Emanuel Swedenborg. Esta corriente espiritual, que defendía la existencia de una realidad paralela y la interpretación simbólica de las Escrituras, conectaba de forma natural con la sensibilidad simbolista del artista. Aunque no hay constancia directa de que Khnopff fuese miembro formal de esta iglesia, su obra comparte con ella un mismo anhelo de trascendencia, una misma fe en la imagen como umbral hacia lo invisible.

Por este probable vínculo hemos incluido en la ruta la sede de la Iglesia de la Nueva Jerusalén, que se encontraba en la Rue Royale, muy cerca del Parc de Bruxelles, en un edificio neoclásico que acogía tanto liturgias como conferencias y encuentros de corte espiritualista.

Un encargo singular revela otra faceta del artista. Khnopff fue el responsable del diseño de la Sala de Bodas del Ayuntamiento de Saint-Gilles, un testimonio de su versatilidad y de su capacidad para imprimir su estilo inconfundible en proyectos decorativos de gran envergadura. Hoy en día todavía puede admirarse la decoración del techo de una de sus salas, ejecutada por nuestro autor.

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Techo de la Sala de Bodas del Ayuntamiento de Saint-Gilles. Foto: Pierre Massart.

Para un encuentro con el legado eterno de Khnopff, la visita a su tumba en el histórico cementerio de Laeken es ineludible, como ya hemos mencionado. El sepulcro del pintor se encuentra en la división 28 de este camposanto y es una tumba sobria, de un gris oscuro, con el único aditamento del apellido en dorado, sin ninguna ostentación.

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Tumba de Fernand Khnopff en el cementerio de Laeken. Foto: Pedro Ortega.

El corazón de la obra de Khnopff en Bruselas está, sin lugar a dudas, en los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, y más concretamente en el Museo Fin-de-Siècle. Esta institución alberga una colección excepcional de sus trabajos, incluyendo obras maestras como La caricia de la esfinge. Es aquí donde el visitante puede sumergirse de lleno en el universo onírico y misterioso del simbolismo belga.

Finalmente, el Museo de Ixelles, aunque con una colección más modesta, también cuenta con obras del pintor, lo que lo convierte en una parada de interés para completar la ruta dedicada a Fernand Khnopff en la capital de Bélgica.

Si eres un viajero curioso y te atraen los temas de frontera —aquellos que se deslizan entre el arte y el misterio, entre lo visible y lo oculto, entre la historia oficial y los susurros del alma—, seguro que este viaje a la Bruselas de Fernand Khnopff que te propongo será de tu interés. No es solo una ruta por calles y museos, sino una mirada a un mundo pasado donde cada rincón parece un pasaje hacia lo oculto y donde la ciudad se convierte en un espejo del espíritu. Así que agudiza la mirada, camina despacio y deja que el silencio te hable. Nos vemos allí, en esa Bruselas que aún guarda secretos para aquellos dispuestos a ver.

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