
«He estado soñando con las primeras personas que se casaron. Dos cavernícolas que se enamoraron entre caza y recolección. Y en mi sueño sigo preguntándome: ¿qué les hizo perfectos el uno para el otro? ¿Un perfil financiero parecido? ¿Las mismas ideas políticas? ¿Que eran igualmente atractivos? ¿Una educación similar? ¿O fue otra cosa? ¿Algo como lo que tenemos tú y yo?». Al final de Materialistas, Celine Song retoma la idea con la que abre su segundo largometraje: las primeras personas en darse el «sí, quiero» en el Paleolítico. Una idea que recuerda a la empleada por Greta Gerwig en la introducción de Barbie (2023), donde unas niñas sacadas de los años cincuenta pero ubicadas en la prehistoria —concretamente, en la imaginada por Stanley Kubrick para 2001— están jugando con muñecas. Para ambas cineastas, remontarse a los orígenes es la manera de situarse en el terreno de la reivindicación, de la relectura. Porque para poder ejercer la subversión es necesario un suceso primigenio que, legitimado por el paso del tiempo, se vincule con el presente. Decir «desde el origen de la humanidad» es la hipérbole perfecta que viene a significar el «de toda la vida» que sostiene la mayor parte de las costumbres sociales y antropológicas del ser humano actual. Pero mientras Gerwig utiliza la ironía de la escena como punto de entrada humorístico a la sátira que propone, el prólogo de Song resulta ser una anomalía en disonancia con el resto del filme. Tanto es así que cuando, al final de la cinta, vuelve a aparecer la pareja troglodita, el gesto se siente como un intento forzado de enmarcar toda la historia en esta excéntrica idea del matrimonio cavernario.
Eran muchas las expectativas puestas en el segundo largometraje de Celine Song. Con su primera película, Vidas pasadas, el éxito entre la crítica y el público fue rotundo: avalada por los reconocimientos en el circuito de festivales y premios (nombrada la mejor película del año por la National Society of Film Critics, premio a mejor película y directora en los Independent Spirit Awards, nominada a mejor película y guion en los Óscar), el impacto sirvió para movilizar a los espectadores al cine (en España se mantuvo en salas diez semanas y con una recaudación en taquilla de más de un millón de euros). Vidas pasadas es una rareza dentro del género romántico, una historia contada en distintos tiempos donde el amor se presenta como un sentimiento tan complejo que no puede resolverse dentro de los parámetros de una película. En ella, Song expone su tesis sobre el amor a través de las imágenes, de la manera en que filma y encuadra, en que sus personajes dialogan y recuerdan, sin apenas emplear las palabras para analizar su significado o teorizar al respecto. En otras palabras, Vidas pasadas era pura forma fílmica, una poética visual sobre amar y ser amado. Con Materialistas, Song vuelve de nuevo al género romántico, a la búsqueda del amor o, más bien, a la pérdida del mismo como sentido de la existencia. De nuevo la nostalgia aparece en un primer término y condiciona la vida de sus protagonistas, el pasado como presente, incluso como carga ancestral… Pero poco más. En sus imágenes no puede rastrearse mucho más de aquel debut tan elogiado e inesperado.
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Uff, ya me daba pereza verla pero tras la crítica prefiero ahorrarme la enésima película de Pedro Pascal.
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Lo interesante es como expresa lo que muchas personas sienten cuando se vinculan a otra: les hace sentir valiosos. Eso no es amor, sino ego. La tan manida validación actual que tanto demandan influencers de todo pelaje. No es más que otra expresión de derrumbe moral, de la renuncia a los sentimientos auténticos y como se permite que la propia existencia y felicidad se vean condicionadas por criterios ajenos. No se busca amor, ni complicidad, sino validación.
Además, parece que la película transcurre en un universo en el que la vida en solitario es sinónimo de fracaso vital, como si nadie que no esté emparejado fuera incapaz de alcanzar una vida plena.
Dakota Johnson es una de las peores actrices del momento. Más que actuar, posa, y es incapaz de transmitir ninguna emoción. Ignoro cual es el trato que hay para que le sigan ofreciendo papeles.