Sociedad

El derecho a recuperar los apellidos biológicos y conservar la adopción

adopción
Olmo con pocos meses. Foto propiedad de Olmo Gómez Aldaz.

Una histórica sentencia permite a un adoptado recuperar sus apellidos biológicos sin revocar la adopción

Olmo, un hombre adoptado en Bilbao en 1972, ha logrado que un tribunal español reconozca su derecho a cambiar sus apellidos adoptivos por los de sus progenitores biológicos. Esta sentencia favorable, según Olmo, «corrige la identificación adoptiva forzada sin que la adopción sea eliminada». Es la primera vez que un tribunal se pronuncia sobre una demanda de un adoptado que reclama la restitución de su identidad.

La reciente sentencia —aún pendiente de ejecución—, emitida en mayo de 2025 por la Audiencia Provincial de Navarra, sienta un precedente histórico al reconocer el derecho de una persona adoptada a ser identificada legalmente por su filiación biológica, desvinculándose así de la identidad adoptiva que le fue atribuida, sin que esta u otra sentencia anule en sí la adopción. Esta decisión supone un cambio profundo en la interpretación de los derechos de las personas adoptadas. Establece que la identidad de origen, a demanda del interesado, prevalece sobre la construcción legal derivada de la adopción.

Pero vayamos por partes.

La representación de la adopción ideal a veces es pura estética; pero como también lo es cualquier familia que se jacte de ausencia de imperfección en sus entrañas.

El lector estará familiarizado con tiernas historias de adopción, donde una familia amiga adoptó un bebé de otra latitud y dicen que todo va viento en popa. El padre saca pecho mencionando que un hijo adoptado es como un hijo biológico y que su niño se ha integrado como uno más en la familia. Esta visión de la adopción, que corre por todas partes, solo pone el foco en los padres adoptivos y no en los adoptados, que son los que sufren una desconexión total con su realidad de origen durante mucho tiempo; a veces de por vida.

Se desprende de aquí una paradoja, pues se desvía la imagen de la función protectora de la adopción del menor hacia el derecho de los padres adoptivos a ser padres —algo que no existe—. Parece que la opinión, el deseo y la identidad propia de una persona adoptada se siguen considerando una traición a la familia adoptiva, incluso hacia la sociedad; una amenaza. Experiencias como la de Olmo raras veces se escuchan en el plano general de la estética perfecta de la adopción, pero las experiencias de los adoptados deben contar e importar.

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11 comentarios

  1. han pegado el tiro sin apuntar a la diana… ¿Cómo se resuelven las cuestiones de herencia si el padre biológico que rechaza la filiación de su hijo es un milloneti con un jugoso patrimonio?

  2. Me ha parecido interesantísimo este artículo

  3. No me queda claro por qué está seguro de ser un caso de bebé robado, ya que el firme rechazo del padre biológico hace pensar otra cosa. El artículo no menciona cómo se llevo a cabo la sustracción, qué explicaciones dieron a los padres biológicos, etc. Tampoco mencionan el tema legal respecto a los derechos/obligaciones paternofiliales, herencias,…
    Es sabido que muchos adoptados sienten la necesidad de conocer a sus padres biológicos, lo que también cuestiona dónde queda el derecho de los padres biológicos que renuncian a la paternidad o de los donantes de óvulos/esperma a permanecer en el anonimato.

    • OLMO GOMEZ ALDAZ

      No existe ese supuesto derecho a entregar en adopción a los hijos, al menos en España. Los padres pueden entregar a sus hijos a los servicios sociales, si acaban o no en adopción lo decide un juez.

      La adopción no es ni un derecho de los adoptantes ni de los padres, la adopción se defiende como un derecho de los hijos.

  4. Olmo Gómez Aldaz

    Si alguien quiere plantearme alguna duda aquí, soy Olmo y el artículo habla de mi demanda.

    • Buenas Olmo, soy abogado de Pamplona y tengo un caso similar también ante los juzgados de Pamplona sobre una modificación de apellidos. Desearía tomar contacto contigo puesto que no consigo hallar la sentencia. Saludos

    • Olmo,
      Puedo contactarle por privado. Tengo un caso como el suyo. No se como proceder. Gracias

  5. María consuelo

    Mucha suerte has tenido de encontrar a tus padres,y mucho valor para conseguir tus apellidos. Ojalá mí hija tenga el mismo valor e interés de buscarme a mí y a sus hermanos ya que su padre falleció hace muchos años con el deseo de encontrala, y contarle la verdad, que fue robada. Saludos.

  6. Olmo Gómez Aldaz

    Consuelo, lamento muchísimo que tú hija no haya podido buscarte, buscaros a todos los suyos. Por desgracia buscar y reivindicar la identidad parece irresponsable; demasiados adoptados son incapaces de buscar la verdad sin desbordarse.

    La sociedad y su adopción crean un vacío en sus adoptados que prácticamente nos impide ver lo que realmente nos han hecho, y siguen haciéndonos. Puedes volverte loco al comprender cómo te has convertido en cómplice de quienes te robaron a tu propia madre. Ten en cuenta que la adopción exige fidelidad, agradecimiento y omertá en torno a nuestra verdad. Ten en cuenta que no se trata de que no quiera sino que seguramente no puede, no se ve capaz.

    Piensa que le hicieron creer que la abandonaste, que la rechazaste y la dejaste sin nada. Así ellos tuvieron la oportunidad de «salvarla», de «amarla» y «protegerla» de su familia real. Comprende como nos destruye la mente más allá de lo imaginable enfrentar cómo estamos atrapados por nuestros victimarios.

    Sobre todo perdona a tu hija por todo en lo que la han convertido.

    Un fuerte abrazo

  7. Como humanista e intelectual debo reconocer que esta historia me ha impulsado a profundizar y tratar de comprender realmente lo que ha ocurrido.

    Como adoptado desde los primeros días de vida, el sufrimiento no se origina en experiencias previas de maltrato, sino en la imposición de una identidad ajena y en la negación sistemática de la propia filiación biológica. La separación al nacer y la entrega a terceros generan un trauma temprano que condiciona la percepción de uno mismo y la relación con el entorno. Los trastornos del estado de ánimo, la ansiedad, el estrés postraumático y las dificultades en la construcción de identidad son frecuentes, especialmente cuando el adoptado es privado de información sobre su historia y su origen.

    Muchos adoptados se enfrentan a un sistema que confunde amor con obediencia, fidelidad y silencio, generando lo que podría considerarse una dinámica de manipulación similar a la “luz de gas”. Buscar la verdad o cuestionar la narrativa impuesta se interpreta como desobediencia o desbordamiento, cuando en realidad es un mecanismo adaptativo de defensa frente a un trauma y a una opresión institucionalizada.

    Desde una perspectiva antropológica, sociológica y económica, la adopción cerrada funciona como un ritual social que refuerza normas sobre la “familia ideal” y legitima la desigualdad. A menudo, son las familias sin recursos las que son borradas, mientras familias con medios económicos aseguran su derecho a adoptar y decidir sobre la identidad de otros. Este sistema construye una cultura en la que el adoptado debe obedecer y callar para ser considerado “aceptable”, normalizando la sumisión y la negación de su propia historia.

    En términos jurídicos, borrar la filiación biológica constituye una vulneración de derechos fundamentales y un identicidio. La restitución de la identidad biológica, como en el caso de Olmo, no solo representa la reparación de un derecho civil, sino la visibilización de un daño estructural que ha permanecido oculto. La abolición de la adopción cerrada no debe entenderse como un ataque a adoptantes o adoptados, sino como protección real para la infancia y la identidad de quienes han sido borrados. La búsqueda de la propia historia es un acto de defensa personal y colectiva, destinado a alertar a la sociedad sobre un sistema que normaliza la opresión bajo el disfraz de amor y protección.

    El camino de Olmo muestra que visibilizar la verdad y cuestionar prácticas establecidas puede ser una oportunidad para aprender y corregir errores históricos, entendiendo el daño que sufren los adoptados y ofreciendo alternativas que protejan a los niños sin manipulación ni silencio forzado. Reconocer esta realidad permite diferenciar entre quienes buscan su identidad y quienes sostienen un sistema que castiga la verdad, mostrando que su lucha es un acto ético, valiente y de servicio social, más allá de cualquier beneficio individual.

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