Hebras y nodos

El último bastión frente la ilusión perdida

Edvard Munch Evening. Melancholy 1891
Anochecer. Melancolía. Edvard Munch 1891

Esta mañana de sábado, como cualquier otro día tranquilo, he estado leyendo en el móvil las noticias, he recorrido algunas redes sociales. Después de ver videos y contenidos diversos, se me ha quebrado la ilusión. Pensaba que tardaría más en quebrarse porque lo veía venir, pero ocurrió ese sábado.

¿Y por qué me ha pasado esto?

Contemplar la realidad desde los contenidos ya no me llena.

La irrupción de la IA en nuestras vidas ha sido tan veloz que apenas ha habido tiempo para encajarla o comprenderla. A pesar que su utilidad para crear, también he descubierto otra consecuencia más oscura, triste y peligrosa que esta forma de producción algorítmica sin cuerpo y alma ha erosionado, en mi caso, una dimensión esencial de mi propia condición humana que es la de mi capacidad de emocionarme ante un contenido creado, cuya autenticidad siento como real pero en realidad no lo puedo asegurar.

Grandes acontecimientos como una guerra, un fallecimiento, una ruptura son capaces de hacernos cuestionar nuestras certezas y obligarnos a replantear quiénes somos y lo qué podíamos esperar del mundo. En mi caso, esa desorientación me asalta a cada vez que consumo un contenido digital porque ya no siento nada.

Mi padre me enseñó que nuestra capacidad más valiosa como seres humanos era nuestra sensibilidad, que nos conduce a la ética y nos permite incluso alterar el orden lógico de la naturaleza. Nuestra capacidad sensible nos afecta a nuestra propia condición como seres humanos, permite enamorarnos, crear, interpretar, y en último extremo, en algunas personas magníficas, a morir por un ideal o por los demás.

Durante generaciones el verdadero valor de una creación, sea una película, una melodía o un cuadro, no solo residía en su forma final sino en la admiración de que detrás había una persona que lo creaba realmente como resultado de su inteligencia y su habilidad, a veces imperfecta; sin embargo, hoy ya no se puede asegurar la existencia de un creador real, una melodía puede no haber pasado jamás por el corazón de nadie o un rostro puede ser hermoso sin haber nacido.

Esta desorientación provocada por acceder a nuestro entorno a través de una realidad virtual cada vez más convincente no es un simple asunto estético, sino una auténtica erosión ontológica que afecta a los fundamentos existenciales. Desde que el hombre se expresaba a través de diferentes manifestaciones artísticas, siempre ha existido la confianza en la autenticidad de la realidad y porque estaba descrito desde la verdadera existencia de un autor, que nos ha permitido aprender desde su punto de vista y adaptarnos a esa realidad para convivir con ella. Pero cuando esa confianza se debilita, lo que se quiebra en realidad nuestra propia experiencia de ser, y es aquí donde me emerge una inquietud mucho más profunda: dudar sobre la raíz humana o artificial de los contenidos en un contexto de hiperproducción algorítmica puede conducirnos a una forma radical de nihilismo. No se trata simplemente de desconfiar de lo que percibimos, sino que el vínculo entre percepción y sentido desaparece, los contenidos dejan de funcionar como una ventana abierta al mundo para convertirse en una información sin profundidad ausente de cualquier componente ontológico o humano.

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6 comentarios

  1. Hasta del error cromosómico u hormonal surgen visiones de la banalidad, tanto del bien como del mal, de dios y su corte de los milagros, del capital humano y del otro con sinápsis preconcebidas, no al azar, con algo de ritmo sin gracia, soez y lacayo de lo inevitable que no quiere ser soslayado, de la riqueza obscena del pan cotidiano sin sudor ni pudor, solo estar, ser visible y no esperar. ¿Se preguntará esta señora tan Inteligente quiénes han sido sus antepasados? Sin padres somos frágiles y tendremos hijos frígidos, sin abuelos no hay migas de pan para volver a casa o evitar ser parte de la turba roedora que sigue al flautista alucinado, sin desconocidos que poetizan paredes arruinadas somos solos transeúntes, sin el bruto de las cavernas con gacelas, uros y sus manos pareciera que todos somos hijos del tiempo digital. Como SOS o Soy un náufrago mando un mensaje a quien quiera escucharme, altamente elaborado, polisémico, muy político y polémico, ojalá a una civilización perfecta que se apiade, tanto de ella porque no puede ayudarnos y por nosotros tan lejanos: Aserrín aserrán, los madereros de San Juan, piden pan no le dan, piden queso le dan un hueso y le cortan el pescuezo. Excelente lectura, estimado. Se lo agradezco. Haga la vista gorda si me ido por las ramas. Gracias otra vez.

  2. José Parras Canuto

    Hasta la ia , todo ok. La ia no es más que el perfeccionamiento de un monstruo muy viejo. Y os coje de nuevas. Monstruo que habéis alimentado, sin querer o «quisiendo», los que ahora lloráis, todo sea dicho.

  3. Estaba esperando que la última frase fuera: «y este texto ha sido escrito por una IA», habría molado muchísimo

  4. Enésima vez que leo eso de que la imagen no requiere una lectura , y mucho más profunda que la de la escritura textual… joder, como andamos… parece que lo de la multiplicidad «textual» de la imagen sigue sonando a chino mandarín (o a extraño kabuki nipón)… parece que en vez de la IA (hecha por humanos y aún en algorítmicos pañales) se nos ha presentado el primer Alien capaz de hacernos un ripley.

  5. David Mindelo

    Cada vez que me asomo a un texto donde se abomina de los algoritmos, las RRSS, la IA, etc. me sorprende que los que los escriben presupongan que son algo imprescindible para una vida plena. Se puede vivir perfectamente y plenamente sin RRSS, sin algoritmos y sin IA, y no hace falta tirarse al monte. Me cuesta entender que personas formadas intelectualmente y equilibradas psíquicamente no hayan sido capaces de ver las orejas al lobo y ahora se sorprendan de la mierdificación que ya estaba en su origen. Dejémonos de lloriqueos que no es tan difícil prescindir de algoritmos, RRSS o IA. Para eso está el pensamiento crítico, los libros, el arte y sobre todo la interacción humana real.

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