El pasado viernes 5 de diciembre, tuve la fortuna de reencontrarme en Madrid con una mujer genial, una gran artista a la que admiro desde hace ya más de una década. Me recibió en su nuevo estudio con una enorme sonrisa. ¡Qué bonita la vida! Fue como volver a ver a una vieja amiga que por la distancia física no has podido ver en años y que al momento de empezar a charlar parece que no haya pasado el tiempo. Agradecida y emocionada.
En 2019 estuve trabajando en su equipo como asistente, y hoy, tengo el enorme placer de contaros lo que hablamos desde su nuevo y original estudio de Carabanchel (Madrid). La mañana del viernes comenzó con un desayuno muy especial. Nos abrió las puertas de su espacio creativo y unos pocos fuimos los elegidos para la presentación del lanzamiento de una nueva colaboración. Tras esto, pude quedarme a solas con ella y hacerle una sesión de fotos para este artículo. Me mostró los rincones más bonitos de su estudio (que son todos). Es un lugar mágico, desde que pones un pie allí sabes que estás entrando en el universo de Coco Dávez. Charlamos de muchas cosas: de sus inicios, del décimo aniversario de Faceless, su colección más icónica, de bloqueos y crisis creativas, delregreso de su podcast, de proyectos futuros…
Valeria Jiménez Palmeiro nació un 29 de julio de 1989 en Madrid. Ilustración, pintura, fotografía, dirección de arte y asesoramiento. Ha diseñado prendas de ropa, portadas, ha ilustrado un cuento, ha hecho muchísimos trabajos para marcas y ha llevado su colección Faceless por medio mundo. Conocida artísticamente como Coco Dávez, ha pasado por muchas etapas: empezó siendo el pseudónimo de una adolescente que quería imaginarse una vida artística, que pensaba que con este nombre no se sabría si era de hombre o si era de mujer. Por un lado, creía que iba a tener más oportunidades y, por otro, pensaba que despegarse un poco de la propia identidad le ayudaría a imaginar mejor. De adolescente pasó de ser eso, como una fantasía adolescente, a convertirse de pronto en un pseudónimo que fue generando su propia identidad, en un momento también como de mucha libertad para ella, porque se fue de casa, se fue de España y comenzó su propia búsqueda. Con veintiún años brota el origen de su carrera. Luego se ha ido convirtiendo en una marca, en un estudio… Ha tenido épocas en las que se ha distanciado un poco porque ya no se identificaba tanto con el pseudónimo, o tenía la necesidad de llevar también el nombre que sus padres le han dado.
Ahora Coco Dávez es un proyecto en el que ha vuelto a confiar y os voy a contar algunos temas que tocamos en nuestra conversación.
Londres supuso un antes y un después en su carrera. Esta ciudad le dio la sensación de posibilidad en el cuerpo, el decir «esto es posible». El poder dedicarse a lo que más le gustaba, el ver ejemplos en otras personas y quitar un poco de la carga que tiene España. Me comentaba que en este país parece que siempre se nos ha metido mucho en la piel esto de que es muy difícil vivir del arte —y lo es—, pero sentía que en España te cortaban las alas antes de volar.
Cuando tienes el impulso artístico en las venas, necesitas que alguien confíe en ti y te dé la oportunidad de expandirte. Esto vino de la mano del periódico El Mundo y su suplemento Metrópoli. Mientras vivía en Londres, le ofrecieron ilustrar para dicho periódico. Hablamos del año 2010, en plena crisis económica, la cual trajo algo que fue interesante para ella. Como en cualquier cambio, la creatividad siempre es una gran aliada para todo. En un momento en el que los periódicos y las revistas no podían contratar una editorial de moda, y contratar a sus maquilladores, estilistas, modelos, fotógrafos… de repente, un ilustrador salía mucho más barato. Y ahí muchos ilustradores tuvieron la oportunidad de hacerse un «huequito», al menos. Para ella, el periódico El Mundo fue su gran escuela. Trabajar con la actualidad de la mano de un director de arte como Rodrigo Sánchez fue una súper experiencia. Y también es fundamental que tú te creas que es posible. Tuvo la suerte de irse a Londres en el momento perfecto para ella.
Tengo guardada una portada en papel del suplemento Metrópoli como oro en paño de esa época. La protagonista de la portada era Amy Winehouse con una copa de vino tinto, poco después de morir. Amy también es una de las protagonistas de Faceless, su colección más icónica, que el pasado 25 de noviembre cumplió diez años.
Esta colección le ha dado muchas cosas. Por un lado, le ha dado la oportunidad de entender cuál era su universo creativo. Su necesidad por el uso del color, transmitir la personalidad de alguien y plasmar las emociones del momento. Ella se siente ahí muy cómoda y, a la vez, es un reto constante. Ha sido una década de muchas oportunidades, cosas buenas y malas, pero, desde luego, muchas buenas.
Se planteó hace solo una semana por qué tiene la necesidad de retratar en la pintura. Y cree que es su manera de agradecer con cierto diálogo, ya sea a Keith Haring o a su madre, como que es cierto ritual para ella. Y, por otro lado, también le ha hecho cuestionarse mucho todo el tema de la identidad, un tema al que vuelve de manera recurrente. Le encanta la psicología y le encanta el arte, entonces aquí se fusionan dos campos que le atraen mucho.
Una de las preguntas que le hice sobre su colección de descarados, Faceless, es si había algún personaje que deseara pintar o que tuviera en mente. Y cómo todo está conectado, hablando de la mente, me habló de una muy especial.
Hay un faceless que ya tiene creado, pero que no ha publicado aún en ningún sitio. Seguramente se lo cuelgue en su despacho. Su última obsesión-fascinación se llama Oliver Sacks. En un verano que ha sido muy complicado para ella, de repente se enganchó a sus libros. Es un personaje que le fascina, un neurólogo que también era psiquiatra y que escribía desde la vulnerabilidad. Y sí, Oliver Sacks habita ya en su corazón para siempre.
La colección de la que hablamos, que acaba de cumplir una década, surgió de un «fallo» mientras retrataba a la brillante e inspiradora Patti Smith. De ese «error» nació la maravilla. Los errores son tan necesarios como respirar y ella lo defiende así. Desconfía de aquello en lo que no yerres, me decía Valeria. A veces ocurre que a la primera das con algo, pero no es lo habitual. Ella cree que cuanto más fallas, más te acercas a lo que quieres. Es un poco como las relaciones, ¿no? Al principio tienes relaciones, pero con el tiempo empiezas a saber quién eres tú, qué necesitas tú, qué te hace feliz, qué es lo que no vas a tolerar, qué es lo que necesitas… Lo que pasa es que vivimos en una sociedad que machaca mucho con esto. Como que se siente como un fracaso. Por eso ella está muy a favor del error.
Cuando tienes tanto tanto control, de alguna manera estás constriñendo la obra. Para ella, el juego, como la creatividad o la creación, precisa de cierta tensión. No todo es relajación. Me encantó el ejemplo que me puso y lo entenderéis perfectamente: «Si estás haciendo un puzle y ya sabes cuál es la pieza que va después, te aburres. Entonces creo que en la creación pasa lo mismo, como que tiene que haber cierta búsqueda, algo ahí un poco encendido, pero que no sea una tortura. De no saber muy bien hasta dónde estás yendo, pero que tiene que haber como el acto de fe en la creación. Decir: No sé dónde voy, pero voy. Lo importante es el camino».
Un tema que le apasiona son los bloqueos creativos y me apetecía mucho charlar sobre este tema y saber si, en su caso, estaban siempre ligados a las crisis personales. Me encantó saber que cuando alguien tiene una crisis es el propio cuerpo el que nos envía señales de que necesitamos cambiar de piel. Como que se ha quedado pequeño el traje y necesitas avanzar al siguiente escalón. Y subir el siguiente escalón requiere un esfuerzo, y da un poco de miedo, estás incómoda, no sabes cuánta altura vas a tener… Siempre es una evolución; al menos ella las crisis las siente así.
El bloqueo lo ve diferente. Para ella, un bloqueo surge cuando se ha difuminado el propósito y no sabes lo que estás haciendo. El cuerpo te dice que está agotado, pero tu mente te dice «que no, que vamos a seguir». Cree que cuando intentamos ir en un montón de direcciones sin ningún propósito, ahí es cuando entra el bloqueo.
Muchas veces también ocurre que vienen cambios y tú no los quieres aceptar. Eso lo ve mucho con las mentorías, ocurre mucho en un tramo muy concreto, que es de los cuarenta y dos a los cuarenta y nueve años. Ve que la gente que está un poco en esta franja de pronto, el cuerpo, como que empieza a ser consciente de que hay cosas que ya no le funcionan en la vida, ya sean unas amistades, un trabajo, una pareja… El cuerpo le está diciendo «me queda la mitad de la vida, a mí no me vas a mantener aquí», pero tu cabeza no lo quiere ver y tus emociones se disocian un poquito también. «Sí creo que, a raíz de una crisis que tú empiezas a notar y que te asusta, te pueda venir un bloqueo, eso sí lo creo. Pero, de nuevo, lo vuelvo a separar. De nuevo creo que la crisis es una parte evolutiva muy potente y muy buena, la gestión puede convertirse en un bloqueo. Por mucha teoría que te sepas, es difícil lidiar con lo que te pasa a ti. Es más fácil verlo desde fuera. Pero, de nuevo, hay que hacer un acto de fe, porque claro, en plena crisis saber que esto es bueno para ti a veces cuesta. Siempre es más fácil verlo por el retrovisor, en plan: tenía que pasarme esto para poder llegar hasta aquí».
En estos tiempos tan rápidos e inmediatos, de muchos estímulos, el arte es más refugio que nunca. Si a eso sumamos ser mujer, las hormonas, los cuidados para mantenernos en paz, el entrenamiento… ¿Cómo puede una mujer como ella con todo, viviendo en el Madrid actual? ¿Qué hace para mantener una rutina que le permita vivir en un cierto equilibrio? Valeria, hasta hace un año y medio, no le había dado ninguna importancia al deporte. Sabía que era importante, pero no se lo tomaba muy en serio. Pero se dio cuenta, por un lado, de la falta que le hace, y, por otro, de lo bien que le hace a ella.
Para lograr ese equilibrio por el que yo le preguntaba, me habló de que está muy comprometida con ella misma. No quiere tener la sensación de deberes o de obligaciones, porque eso le aleja mucho. No dice «tengo que ir al gimnasio», se dice «quiero ir al gimnasio». No es tanto ser estricta, como ser consciente. Ella hace mucha diferencia entre la voluntad y la disciplina: la voluntad es «hago esto porque quiero hacerlo»; la disciplina es «hago esto porque toca». Intenta conectarse desde la voluntad.
Ella se ha tirado un año meditando cada día, y no decía «joder, tengo que meditar», sino que pensaba: «quiero meditar porque sé lo que me da y, aunque me cueste», porque es un sufrimiento a veces, es duro, pero es que me gusta mucho lo que pasa después, el sentimiento de haberlo hecho, es bonito…
Un buen diálogo interno es importantísimo. Las palabras que usamos al hablarnos a nosotras mismas… y ella me dice que ahora lo siente un básico porque viene de tener un diálogo interno terrible. La gran salvación es la ternura.
Volviendo a las crisis creativas que comentábamos antes, quiero recordaros que tiene un podcast que se llama Participantes para un delirio y que creó acercándose a diversos profesionales creativos que admira, brotando conversaciones preciosas, y siempre toca el tema de las crisis creativas. En todos los ámbitos creativos existen dichas crisis. Echo mucho de menos el podcast y le pregunté por su regreso. Tengo buenas noticias: el podcast va a volver. Lo que pasa es que ahora mismo hay tanta oferta de podcasts, que quiere que haya un formato audiovisual, no solo con voz como hasta ahora. Es su proyecto más mimado de los últimos años.
El podcast está hecho desde la ternura. El podcast le ha enseñado que no hay nada como la curiosidad. Que en el momento en el que alguien te produce asombro y curiosidad, tienes la entrevista hecha. No se trata de hacer preguntas incómodas para exprimir la entrevista, se trata de ser precisos. Y la precisión llega del propio asombro. Cree que le costaría mucho entrevistar a alguien que no admire. Le pedí que me enumerase al menos tres personas o episodios que le marcasen de forma especial. Yo os diré que uno de mis favoritos —y lo he escuchado varias veces— es el de Andreu Buenafuente. Se le quedó grabada una cosa que dijo en su episodio y es lo siguiente: «El agotamiento es una dolencia mental». Y entonces, cuando vio que se retiraba hace unos días, pensó: «Buenafuente está agotado. Necesita buscar la calma, volver a pintar, recalibrar…».
Para Valeria también fue uno de sus episodios favoritos, le pareció que no hay nada más generoso que mostrar tu vulnerabilidad, porque es lo más íntimo que tenemos, y lo que más en juego pone nuestra relación con el otro. Y él lo hizo. A Andreu Buenafuente se le suman también nombres como Pablo d’Ors, Andrés Barba o Milena Busquets. Os invito a escucharlos porque, seguro, no os dejarán indiferentes.
Le pregunté por su relación actual con las redes sociales y me dijo que este verano había sentido mucha aversión. Durante los últimos años el sentimiento ha cambiado mucho, ya no le parecía un lugar seguro, le parecía como demasiado reglado, como que había poco espacio para la espontaneidad, como todo demasiado medido, demasiado constreñido, con un contenido muy concreto, un tipo de lenguaje…
«Me he alejado mucho estos años. Pero es verdad que este verano he sentido un cambio más radical, últimamente no veía a mis amigos, me salía un tipo de gente que no conozco, y en general noticias como muy alarmistas, muy amarillistas o muy violentas. Por suerte antes Instagram no tenía eso, pero ahora sí lo veía. Y sentía que era como una máquina tragaperras el meterse a Instagram: como que cada vez que entraba sentía que me debía aportar algo, ver un vídeo de un artista que me gusta, o llevarme un dato que no conocía. Y de repente pasaba media hora y no sabía ni lo que había visto, como en plan “no me quedan monedas y sigo aquí”, me hacía sentir miserable, te diría, y sentía que no quería estar ahí».
Entonces empezó a escribir textos para Substack, y la gente que está ahí precisa tiempo, tiene que parar y leer y va más calmada. Volvió a compartir por Instagram estos textos y de nuevo reconectó con la gente.
He tenido el enorme placer de conocer su nuevo espacio de trabajo, diseñado por el estudio de arquitectura Burr. Es una nave reformada, un lugar hecho «a medida» para ella. Es bello, funcional y cómodo para crear, pero también invita al encuentro y a las actividades.
Ojalá volver pronto para hacer algo aquí con ella, porque se pueden hacer infinitas cosas en un espacio así. Se crió en Usera, que es un barrio muy similar a Carabanchel, y no tenía ningún buen recuerdo de este lado del río, y pensó, una vez que se instaló en el centro: «Lo único que le pido a la vida es no volver al otro lado del río».
Y, sin embargo, la vida te da este giro, y de pronto el cuerpo te dice «pues igual sí me apetece volver». Dice que se ha reconciliado mucho, también la edad, el cuerpo le pide otro ritmo. También es verdad que el Madrid que ella amaba, ese Madrid donde pasaban cosas todo el tiempo, es verdad que a partir de los treinta… ha cambiado un montón.
«Es un Madrid que a veces no reconozco, que me satura. En ocasiones, cuando vuelvo con la moto para hacer recados o para quedar con alguien, pienso: «ostras, yo cada día me atravesaba el centro con mi perro. Ya no se puede». Y no era consciente de lo que me agotaba tanto estímulo, por un lado le daba muchas cosas y por otro me cansaba mucho».
Ahora está en un lugar perfecto para ella, con más vida de barrio, conocer a la gente que va y viene, la gente que ya está en el barrio. Está muy contenta aquí. Le haría mucha ilusión retomar el podcast para 2026. También empezar con talleres en el estudio. Se ha dado cuenta de que en este último mes en el que ha estado trabajando con gente, el hecho de llegar al estudio, abrir la puerta y que ya hubiera alguien trabajando, un poco como cuando trabajábamos juntas, ya hay gente, hay movimiento…
«Pues como no siempre puedo trabajar en equipo, pues poder al menos inventarme días, eventos, talleres para poder traer a gente. Y lo que pueda ir viniendo…».
Os animo a entrar en su web o redes para conocer todas las cosas que hace y empaparos de su universo lleno de color y optimismo.










