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No teman a los murciélagos de la fortaleza

Murciélago espectral. Imagen cedida por el SIMURG.
Murciélago espectral. Imagen cedida por el SIMURG.

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Los únicos mamíferos voladores hibernan por miles en la ciudadela de Spandau, al oeste de Berlín. «Hay un murciélago en el sótano, digamos. Es invierno y hay que sacar las patatas, hay que sacar el carbón. En invierno se baja al sótano bien abrigado, con ropa gruesa, chaqueta, ropa de abrigo; el padre baja al sótano y quiere sacar todo eso. El murciélago también está en el sótano, quiere hibernar o aún no está hibernando y todavía vuela un poco. Quizá el padre lo molesta entonces. El murciélago vuela de frente. Parece que el bicho choca contra él por todas partes. Pero solo lo nota en la cabeza. Porque dice que se le mete en el pelo… Y así surgen los rumores, así surgen las historias».

Al habla, Jörg Harder, un agente de policía que en su tiempo libre tiene un hobby acaso atípico: encargarse como voluntario de miles de murciélagos.

Y lo hace en un escenario especial. Uno además bien emblemático para Berlín: la Zitadelle o ciudadela de Spandau, una de las fortalezas más destacadas del Renacimiento europeo.

Nos hemos encontrado en un lugar muy oscuro y el señor Harder da de comer fruta fresca, con ayuda de la tenue luz ambiente, a los únicos mamíferos capaces de volar. Los mamíferos de las cinco vocales se arremolinan entonces alrededor de su mano generosa y dan cuenta del manjar.

Harder prosigue, enfático: «Había temor (a estos animales), pero se trataba de una equivocación. Y este espacio sirve para que la gente pueda llevarse a la mano a un murciélago y pueda acariciarlo. Sí, no hay que tenerles miedo».

El lugar, apenas iluminado, se encuentra en el sótano de la fortaleza. Aquí tiene lugar una pequeña exposición dedicada a las criaturas voladoras y se pueden «vivir murciélagos en directo», como publicita el bat-team.

Si te gusta la visita, siempre puedes además sopesar convertirte en «Fledermauspate» (padrino de murciélagos) aportando una pequeña cantidad mensual, u organizar un cumpleaños para niños…

De las veinticinco especies de murciélagos que tradicionalmente habitan Alemania, Berlín cuenta con unas dieciocho. Y no es una cuestión baladí: la historia, así, con mayúsculas, ayuda aquí. O es incluso decisiva.

«Muchas especies no se extendieron hacia el norte hasta la cristianización. Aquí, en Alemania, no había apenas cuevas en condiciones para la hibernación hasta que se construyeron las grandes iglesias y otro tipo de edificios en la misma tradición», detalla Harder.

Esto se debe a su alto número de sótanos y búnkeres. A una larga lista de edificaciones con sus cavidades, grietas, huecos y fisuras que invitan a que decenas de miles de murciélagos dejen de abatir sus alas y esperen a su resguardo pacientemente al invierno.

Parajes como el de la ciudadela, donde se esconden a partir de finales de noviembre. El lugar, rodeado de bóvedas en silencio, es espectral. Varias películas de miedo o misterio han sido rodadas, casi lógicamente, en estas ubicaciones.

Cuando llega la hibernación, estos mamíferos, que se orientan y cazan con el eco de sus sonidos en la oscuridad más absoluta, habrán dejado incluso de cantar (algo que hacen a menudo, pero con melodías que somos como humanos incapaces de escuchar).

A continuación, pasarán el día a día colgados boca abajo, utilizando tan solo las garras de sus patas traseras, en una posición para dormir que ahorra mucha energía. Y luego apenas se moverán hasta la primavera, si acaso tan solo cuando en invierno el macho despierte a la hembra con un mordisco en el cuello para aparearse…

Jörg Harder dando de comer a los murciélagos en el sótano de la Zitadelle. Foto Ricardo Ginés. murciélagos
Jörg Harder dando de comer a los murciélagos en el sótano de la Zitadelle. Foto Ricardo Ginés.

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Spandau es, en gran parte, y a pesar de contar con la zona peatonal más grande de la urbe (trescientos mil metros cuadrados), un gran desconocido para el resto de los berlineses. Esto se debe sobre todo a su relativa lejanía del centro. Y es que, por ejemplo, para el que vive en el barrio de Köpenick, extremo oriental de la urbe, el viaje a Spandau se antoja como una eternidad: una hora y cuarto en transporte público, de funcionar bien.

Al mismo tiempo, que en Spandau viva un cuarto de millón de berlineses da buena fe de que la mayoría de los casi cuatro millones de habitantes de Berlín vive fuera del espacio acotado por el Ringbahn, la línea circular del tren en el centro.

Curiosamente, la ignorancia puede ser mutua y Spandau bien parece a menudo vivir de espaldas al resto de Berlín. De hecho, el barrio, entonces ciudad autónoma, fue muy reacio a la expansión de 1920.

No es algo puntual que los Spandauer, cuando dicen «voy a la ciudad», se refieran al centro de Spandau y cuando se dirigen al centro de la gran urbe, en cambio, se articulen con un lacónico «voy a Berlín», como si Spandau se hallara en otra ciudad próxima.

En este sentido, Harder afirma respecto a sus habitantes que «son diferentes al resto de Berlín. Se dice de ellos que probablemente tienen el patriotismo local más marcado». Este orgullo procede del hecho de que Spandau existe oficialmente desde 1197, incluso antes que Berlín (1237). Pero se debe sobre todo a su larga tradición militar e industrial.

Debido a su localización estratégica —Spandau se asienta en la desembocadura del río Spree en el río Havel—, la historia de la localidad siempre ha estado indisolublemente unida a su historia militar. En efecto, la emergencia de Prusia como fuerza militar en Europa tiene su espina dorsal en Spandau como centro de producción de armas desde 1722 hasta 1918. Después, de forma lógica y asociada, llegó la gran industria.

Para remarcarlo, el ayuntamiento luce una arquitectura imponente. Creado entre 1910 y 1913, poco antes de la expansión berlinesa (1920) y sobre el antiguo baluarte de fortificaciones, su fachada maciza se extiende ciento dieciséis metros y desprende autoafirmación. Se debe tanto al intento de reflejar la tradición militarista de la que fuera entonces ciudad autónoma como al intento de permanecer independiente frente a la deriva expansionista de Berlín. Y, sin duda, para remarcarlo, la torre del ayuntamiento, coronada por un enorme reloj a ochenta metros de altura, es buen reflejo de esas ínfulas.

En una línea similar, la misma ciudadela está considerada como una de las fortificaciones del Renacimiento mejor preservadas de Europa y data del siglo XVI. Todavía más antigua es su Torre de Julius, integrada en ella, que de hecho es el edificio más antiguo de Berlín, del siglo XIII.

La ciudadela tiene una larga historia anclada en el militarismo. Hasta Napoleón fue consciente de ello y, cuando conquistó Spandau en 1806, después de visitar la Zitadelle, exigió fortalecerla. Su reciclaje en penitenciaría tras la segunda gran guerra (con)tuvo al célebre nazi Rudolf Hess como último recluso. Y sí, efectivamente, el nombre de la banda británica de música Spandau Ballet también tiene que ver con todo ello. Y es que su nombre deriva de una estancia en Berlín y del grafito visto en un cuarto de baño, que remite de forma mórbida, como ballet, a las agitaciones involuntarias de un cuerpo recién ahorcado (San Vito manda saludos).

Hoy la Zitadelle es lugar de eventos, poetry slams, conciertos… y, por último, el entrañable hogar de los aficionados a los murciélagos. El gran número de actividades al aire libre del verano y el otoño va culminando a medida que la temporada se hace más oscura y fría, y las bóvedas del interior se van llenando de miles de murciélagos para hibernar.

En el recinto fortificado, además, exactamente allá donde se encontrara el polvorín o almacén militar (Proviant Magazin), se encuentra ahora una exposición permanente dedicada a esculturas caídas en desgracia.

Debido al enorme empuje del movimiento «Black Lives Matter», que se dedicó en parte, de forma iconoclasta, a desalojar violentamente estatuas de sus pedestales, las figuras de capa caída —desde Hitler hasta Lenin, pasando por una larga lista de gerifaltes prusianos— han adquirido una mayor significancia en los últimos años.

Vista lateral de la Ciudadela de Spandau. Foto Ricardo Ginés. murciélagos
Vista lateral de la Ciudadela de Spandau. Foto Ricardo Ginés.
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