Cine y TV

La redención de Elia

Elia Kazan 1

21 de marzo, 1999. Robert de Niro aparece sobre la tarima del Kodak Theatre ataviado con un elegante smoking al que solo desmerece un extraño peinado. Media cabeza yerma como el desierto de Sonora. La otra parte coronada por una especie de peluquín canoso que denota cierta dejadez. Con rostro circunspecto y cierto aire ausente y nervioso presenta el Oscar honorífico: «Él fue el maestro de un nuevo tipo de actuación basado en la psicología y el comportamiento. Más que ningún otro, él nos inspiró«. A su lado, Martin Scorsese con sus eternas cejas pobladas completa el discurso y en pantalla aparece Elia Kazan a la vez que de fondo se escucha una sonora ovación que no hace justicia a lo que realmente está sucediendo en el teatro.

Mientras poco menos de la mitad del respetable se levanta a aplaudir al realizador griego, las cámaras enfocan a Ed Harris o Nick Nolte, sentados en la butaca, de brazos cruzados, mostrando su disconformidad ante el trofeo honorífico que acredita a Kazan como uno de los grandes directores de la historia. Elia agradece a la Academia su “coraje” bajo esa famosa sonrisa anatolia que él mismo definió como una forma de encubrir miedo, rabia, resentimiento, frustración y, sobre todo, la inseguridad del emigrante que fue a principios del siglo XX. La ceremonia sigue sin interrupciones y desaparece con la estatuilla bajo el brazo a pesar de que en los días anteriores el sindicato de guionistas había intentado frenar el homenaje pues seguían considerando a Kazan como un traidor por las delaciones que se llevaron a cabo en pleno macartismo, cuando la caza de brujas era una realidad que no permitía desarrollar la libertad de expresión. Así, después de 50 años, el guionista estadounidense Bernard Gordon, una de las víctimas de tan infausta época, afirmaba con resentimiento: «Kazan no cometió un crimen, sino un pecado«. Aun así, no pidió perdón ni aquel día ni en los pocos años que le quedaban de vida antes de marcharse al otro barrio con la conciencia tranquila.

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10 comentarios

  1. ¿»Vacaciones en el mar» de Dalton Trumbo?

    ¿No será «Vacaciones en Roma»?

  2. Pingback: La redencion de Elia Kazan

  3. Otto el trapecista

    Kazan es turco, no griego. Freud se frotaría las manos con un error así.

    • Miquel Àngel

      Kazan era hijo de griego y formaba parte de la comunidad griega en el antiguo impero Otomano que fue donde nació. Deberías informarte un poco, en primer lugar Turquia no existia como tal y en segundo lugar abandonó el imperio con siendo muy joven (uno o dos años). Su nombre es de origen griego y crecio en esa cultura por sus padres más que en la de lo que hoy es Turquia.

  4. Hay separar siempre la obra del autor. Yo tampoco hubiera aplaudido a la persona y sospecho que muchos de los que sí lo hicieron hubieran puesto el grito en el cielo ante semejante homenaje si la caza de brujas hubiera sido a la inversa. Pocas cosas tan imperdonables como la traición o falta de lealtad, sobre todo cuando sí había otras opciones. La vida de Kazan nunca estuvo en juego. Son momentos en los que la Historia (con mayúsculas) te pone a prueba y Kazan eligió la actitud más cobarde. Otros, como Arthur Miller, no lo hicieron. Bravo por ellos.

  5. Cinéfila indolente

    Interesante y bien narrado :)

  6. En realidad turcos y griegos están bastante más mezclados de lo que están dispuestos a admitir. Kazan nació en Turquía, como sus padres, pero a pesar del apellido, eran de origen griego, cristianos ortodoxos creo recordar.

  7. En America, America, una auténtica y absoluta obra maestra, se explica muy bien su origen, Kazan pertenecía a la comunidad griega residente en Turquía, absolutamente marginada por las autoridades turcas. El artículo muy bueno, y Kazan uno de los grandes, pero su comportamiento deleznable, lo que no impide su recuperación como artista

  8. Pingback: El Método – El Sol Revista de Prensa

  9. Pingback: De Chaplin a Kaepernick – El Sol Revista de Prensa

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