El 13 de mayo de 1993 se produjo el “jueves negro” de la economía española. No le den mucha importancia al calificativo. “Día de la semana” + “negro” es como “partido del siglo”, ya saben, pero en fin alguna justificación tuvo. El pánico se produjo por la tercera devaluación de la peseta en pocos meses. Yo llevaba poco más de un mes trabajando, después de haber fracasado en mi intento por superar cierta oposición que —pensaba entonces— me habría resuelto la vida.
“¿Dónde hay un empresario?”, así se debería llamar el “¿Dónde está Wally?” por aquí. La mayor parte de los que tenemos una empresa o negocio, en España, la tenemos porque no nos quedó otra, y el empresario típico está siempre intentando vender a alguna Administración Pública o a alguna empresa “gorda” (que lo es por vender a alguna Administración Pública o formar parte de algún oligopolio nacido al lado del poder). Es lógico, además: el nepotismo y la corrupción, en sus versiones más extendidas, están tan presentes en nuestro desgraciado país que, puestos a escoger entre competir con un buen producto o con un buen contacto, siempre ha merecido la pena invertir en un buen contacto. La ganancia es más rápida y segura.
Yo también fui «empresario a mi pesar”, como verán. Lo que quería —como el 90 % de los universitarios matriculados en cierta Universidad española al decir de una encuesta— era vivir de la teta estatal y tomar el sol.
Así que fui a suspender en una mala época. En 1993 el paro terminó siendo de un 24% y encontrar un trabajo era pelín complicado. Tuve suerte. Sólo hice una entrevista de trabajo y me contrataron. Un hombre, antiguo consejero de un banco, había decidido abrir un despacho de abogados y economistas y buscaba gente. Yo, por no saber, no sabía ni dónde estaban los juzgados, pero al tipo no le importó la falta de experiencia. Pronto descubrí por qué: él tampoco sabía dónde estaban los juzgados. Sin embargo, ¡tenía contactos! Y eso, en España, es mejor que tener ideas.
Me encontré de repente, con otros tres sujetos de mi edad, llevando unos asuntos gordísimos —no hablo del tamaño de los expedientes— por los que mi jefe cobraba unas cantidades desmesuradas. Fue divertido. Cometíamos errores idiotas, propios del becario que acaba de llegar, a la vez que dábamos un enfoque que, en ocasiones, descolocaba tremendamente al “enemigo”. Cada día estábamos en el alero, y temíamos más al abogado de trinchera —el que se conoce los trucos— que al bufete de prestigio.
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Usted, como siempre, brillante.
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Gran columna.
Lo de la investigación tiene sus chiringuitos (como todo), pero aún así (y a largo plazo, que nadie espere resultados de aquí a mañana) ayuda más que las otras opciones. O eso ocurre en el extranjero, al menos; está por ver que lo podamos comprobar en España, una década de estas.
Le odio a usted y a todo lo que representa. Pero es usted brillante y este artículo es… no es bueno ni malo, es importante. Acierta de lleno. Un país en el que la cola del paro se confunde con la de la lotería, es la imagen que me sugiere.
Don Juande, comprendo que me odie-me he metido mucho con su partido-, pero que ¡odie a todo lo que represento! Qué culpa tendrán todos esos poderdantes desperdigados por España.
Que alguien reciba un comentario alabando su artículo que empieza con «le odio a usted y todo lo que representa» quizá sea lo máximo a lo que se puede aspirar en este planeta.
Señor Rabtan, ya puede usted pararse y descansar. Mejor retirarse en lo más alto.
Hay quienes se enganchan es escabrosas teorias para explicar la condición humana publicitada en estos tiempos, los otros que no son quienes se divierten echando pelotazos fuera al estilo champions para ocultar la mediocridad y parcialidad de sus comentarios, haciendonos parecer rídiculos mientras recortan la liquidez y nos subyugan frente a un sistema que no al parecer, sino es, está extinto, y los demás escriben artículos en foros naftalínicos revestidos con algún que otro premio pomposo donde manifiestan sus soluciones a la crisis mientras aterciopelan nuestra sepultura, pero… PERO… siempre hay, los menos, que luego son los más, que escondidos, salen o saldrán a las calles, no con bocinas ni con cohetes, sino por simple afan de protección a los que quieren, para defender aquello que moralmente parece justo. Un brillante artículo, uno que dice lo que piensa para evitar que los demás no prosperen, yo profesor humilde de universidad pública que aún cree y defiende a sus alumnos porque crecer con ellos es un placer y aprender de ellos es una meta soy de aquellos que defiende que aún estamos a tiempo para emprender la gran tarea de construir otro aldea posible. Felicidades, magnifico artículo.
A propósito de su artículo, leo hoy en este interesante artículo de EP
http://elpais.com/elpais/2012/04/25/opinion/1335361439_275076.html
«el español ha sido, históricamente un “capitalismo castizo”, basado no en el ingenio emprendedor (tenemos muy pocos emprendedores innovadores en España), sino en la proximidad al poder»
Muy bueno Tse, y divertido. Un saludo
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