
Mientras Europa se hunde en la crisis económica y la población contempla un futuro cansino y repetitivo, tres hombres se embarcan en un viaje a lo desconocido. Ramón Morillas y Thomas de Dorlodot, expertos pilotos de parapente con múltiples records y pódiums internacionales, han establecido una perfecta simbiosis con el alpinista y guía de montaña Simón Elías. Su objetivo: recorrer volando y escalando uno de los lugares más inaccesibles y remotos del globo terráqueo, el corazón de las montañas del Karakorum pakistaní. Cuando parece que todas las ideas han sido ya inventadas por una agencia de comunicación neoyorquina, aparece una aventura nunca antes realizada. Entrar volando en el Karakorum con un trozo de vela de 42 metros cuadrados no parece lo más prudente del mundo. Internarse en un espacio erizado de picos y glaciares con 5 cumbres por encima de ocho mil metros, 130 cumbres principales y secundarias por encima de los 7.000 metros y llevar un deporte al extremo muy lejos del hospital más cercano es una buena definición de aventura. Pero si para poder sobrevivir en el hielo, debes transportar a un alpinista en tu parapente, las condiciones se endurecen. Y si el alpinista debe cargar con dos pilotos sin ninguna experiencia en montaña, la experiencia tiene todos los componentes para el humor o la tragedia.
Entre el 14 y el 23 de julio de 2012 Morillas, Dorlodot y Elías, acompañados por un equipo de apoyo en tierra dirigido por el aventurero y comunicador Sebastián Álvaro, recorrieron los doscientos kilómetros que comprenden la unión de los glaciares Hispar y Biafo entre la ciudad de Karimabad en el valle de Hunza y la aldea de Askole en la entrada del glaciar del Baltoro. 60 kilómetros de vuelo, 140 caminando sobre el hielo con cargas entre 25 y 30 kilos y la ascensión de una montaña virgen de 5.300 metros, es el resultado de esta asombrosa travesía. Una idea que algunos, incluso los propios miembros, considerarán estúpida y otros, avanzada. Un pequeño paso para la humanidad puede ser un gran batacazo para el que lo intenta.

El mundo de la aventura está lleno de personajes inquietantes. Algunos, pese a la incertidumbre de sus proyectos y su carácter extravagante, fueron ensalzados como héroes cuando demostraron que su aparente locura no era sino la ignorancia de una sociedad. Otros fueron encarcelados, ingresados en sanatorios mentales e, incluso en la edad contemporánea, denegados sus permisos por la administración para que no llevasen a cabo sus utópicas aspiraciones. En 1933 Maurice Wilson partió volando desde las islas británicas hacia el Everest, sin apenas conocimientos previos de aviación (su instructor le recomendó encarecidamente que no lo hiciese) y sin ninguna preparación alpina (su entrenamiento fue el ayuno, la oración y caminar alrededor de una colina cercana a su casa). Incluso el Ministro del Aire prohibió el despegue, pero Maurice Wilson, de 36 años e hijo de un molinero, salió para Nepal con la intención de aterrizar en las laderas del Everest y alcanzar la cumbre caminando. Durante el viaje le persiguieron las restricciones burocráticas británicas hasta que su avión fue confiscado por las autoridades indias. Cruzo a pie la frontera de Tíbet junto a tres sherpas, disfrazado de monje budista y comenzó un largo periplo hasta las laderas del Everest. La última entrada de su diario es el 21 de mayo de 1934, los sherpas se habían retirado y él continuaba en solitario, todavía esperanzado. Su cuerpo fue encontrado en 1935 a una altura de 7.000 metros por una expedición comandada por Eric Shipton.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Nuestra época es tan absurda que los héroes cuentan sus propias hazañas. Quizá de ahí venga el puntual uso de la tercera persona para hablar de uno mismo.
¿Y acaso, de modo semejante y a pequeña escala, no hace eso mismo el individuo de a pie que reinventa su propia vida en la red social?
Quiero pensar que llegará el día en que sean publicadas loas de esta gran aventura, tal y como se hace en esta misma revista con Scott o Shackleton. Eso y no esto es lo que merece.
Pingback: Simón Elías: Aeroalpinistas en el Karakorum
Tal y como iba leyendo he sentido una mezcla embriagadora de envidia, emoción, admiración y ganas de estar ahí para filmar la proeza y hacer una peli con ella. Gracias. Rabia.
Pingback: Aeroalpinistas en el Karakorum con Simón Elías | PIEDRA DE TOQUE