Arte y Letras Historia

La odisea del Endurance (y II)

Viene de la primera parte

Shackleton
«Hemos perdido el barco y las provisiones, así que nos vamos a casa”

Ir a casa; era más fácil decirlo que hacerlo. Pero así se mostraba Ernest Shackleton ante sus hombres: impertérrito, optimista. Habían vivido durante meses abandonados sobre la precaria cáscara congelada en que se había convertido la superficie del mar. Estaban a unos 650 kilómetros de la tierra firme más cercana, las islas de las estribaciones de la Península Antártica. Una distancia enorme en aquellas circunstancias, casi imposible de recorrer sobre un simulacro de terreno en donde la nieve, las irregularidades del hielo, las escarpadas agujas o las grietas que aparecían de repente convertían cualquier plan de avance en una quimera.

Los veintiocho hombres de la Expedición Imperial Trans-Antártica Imperial habían hecho guardia junto al barco que los había llevado allí, el Endurance. El buque de exploración polar más sofisticado de su tiempo permaneció todo un largo invierno antártico aprisionado por el hielo, resistiendo la presión de las placas sobre su casco, mientras sus tripulantes acampaban a la intemperie, sobre un mar congelado, durmiendo en sacos y teniendo que conciliar el sueño sabiendo que apenas unos metros de hielo los separaban de las profundidades. Habían tenido que trasladar el campamento cuando una grieta había aparecido bajo sus pies. Con los primeros signos del anhelado deshielo primaveral, la banquisa empezó a estremecerse y el Endurance empezó a sufrir, ladeándose. Los mástiles cayeron. Después, el buque fue reducido a un amasijo de pedazos de madera y metal, hundiéndose con todo lo que aún quedaba en sus bodegas y no se había  podido recuperar. La pérdida del Endurance afectó mucho a la moral de aquellos hombres, aunque algunos tuvieron remarcables gestos de obstinación. El fotógrafo de la expedición, al ver que el Endurance iba a hundirse, buceó en las aguas heladas hasta el interior del casco inundado, entró en la habitación donde guardaba su material fotográfico, y rescató varias latas de negativos. El jefe de la expedición, Shackleton, sólo le permitió conservar algunas latas, obligándolo a dejar el resto, porque eran un peso muerto que no estaba dispuesto a tolerar. En el viaje hasta la tierra firme, cada kilogramo de más era un inconveniente.

Ernest Shackleton2
El optimismo aparentemente inamovible de Shackleton llegaba a molestar a sus hombres y a causarles no pocos trastornos, pero también era el bálsamo que los mantenía vivos en las peores condiciones.

Shackleton se mostraba tranquilo y esperanzado de cara al exterior, y solamente su diario conocía su verdadero estado de ánimo. Toda esperanza de un regreso seguro había quedado hecha trizas junto con el Endurance. Contemplar cómo el barco era engullido por el mar había sido un durísimo golpe para todos los expedicionarios, y Shackleton no fue una excepción. Tras la debacle, pasó toda una noche en blanco, caminando sobre el hielo, dándole vueltas a las limitadas opciones que le quedaban para sobrevivir. Consumido por la angustia, no tenía con quién desahogarse, excepto con las páginas del diario. No podía mostrarse débil o pesimista ante sus subordinados. No tenía derecho a parecer desesperado, ni a quejarse. Él, como capitán, debía aportar una solución. Veintisiete vidas humanas dependían de él y de sus decisiones. Si él no los llevaba sanos y salvos de vuelta a casa, pensaba, nadie lo haría.

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19 comentarios

  1. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | La odisea del Endurance (I)

  2. Impresionante historia, e impresionante Shackleton. Muy bien narrada.

    En cualquier caso, podría agregarse un epílogo hablando de las penurias del equipo del Aurora, que tampoco lo pasaron especialmente bien.

    Mi enhorabuena

  3. Bernardo de Gálvez

    Tremendo, grandioso, muy épico. Se ha hecho de rogar esta segunda parte. ¿Qué tal las vacaciones?

  4. Juez Holden

    Magnífica historia y enormes artículos. Enhorabuena.

    Más ejemplo y menos ideología es lo que nos hace falta. No sé a quién se lo ocurrió que los preceptos y los contenidos son la clave de la educación moral… Como si no fuésemos el animal imitador por excelencia…

    Por lo demás, y sin ser religioso (bendito el que pueda serlo), no se debe obviar la potencia que tiene una parábola, un relato o, dichosos los ojos, un ejemplo vivo, frente a estériles mandamientos o pusilánimes educaciones para la ciudadanía, los cuales serían complementos necesarios pero muy secundarios.

    Otro tema es sobre qué dar ejemplo. Porque hay ejemplos nefastos. Quedémonos hoy al menos con éste del Capitán S., el cual ofrece pocas dudas.

  5. Cabrón. Me has emocionado.

  6. q mejor q leer esta ESPECTACULAR Y ÉPICA HISTORIA mientras suena la bso de band of brothers de michael kamen.

    q raro q ningún director de películas se ha atrevido a llevar esta historia al cine

  7. Impresionante historia, maravillosos artículos. Muchas gracias!

  8. Es la primera vez que leo un resumen vibrante y limpio de la hzaña de Shackleton en español. Enhorabuena. Lo enlazo en mi blogo. Ciertmente, ¡un ejemplo para el mundo aquel señor!

  9. Maravilloso, emocionante, sintiendo el frio en los dedos.

  10. Pingback: Cabezotas de otros siglos « Mujerárbol Nueva

  11. Maravilloso

  12. Señor EJ Rodríguez, mis felicitaciones por la narración, es excelente. Dado que lo que le va es la épica, le propongo otro tema, que a buen seguro ya le ha rondado por la cabeza para poner en papel. La historia de Mallory, del que nunca sabremos si llegó o no a poner pie en la cima del Everest. Ya que estamos, no olvide consignar la respuesta que dio cuando le preguntaron por qué quería subir a esa montaña: «porqué está allí». Esa frase simboliza más el carácter del ser humano y nuestra diferencia con el resto de los animales del planeta que cualquier sesudo tratado de antropología.
    Muchas gracias por la historia.

  13. joder como me alegro de haber descubierto esta revista!!…..España es cosas como estas…….animo a todos compatriotas….saldremos adelante!!!

  14. Qué viva Jot down que viva Shackleton y que vivan las narraciones de historias como esta. Saludos desde Honduras. ¡Enorme revista!

  15. Ignacio Paniagua

    Buena intensidad en la narración, muy bien escrito. Quizá el artículo peca de limitado por concentrarse exclusivamente en la perspectiva y figura de Shackleton. Echo mucho de menos la mención del gran héroe en la sombra de la expedición, el capitán del Endurance, Worsley (ni una mención en dos artículos sobre el tema). El verdadero genio náutico que llevo el bote de 7 metros desde Isla Elefante a Georgia Sur. Shackleton se llevó todo el mérito por traer a sus hombres de un infierno, cuando varias de sus decisiones fueron las que los empujaron hasta allí (desoyendo en numerosas ocasiones a su capitán). A quién le interese existe un documental centrado en su perspectiva de la historia.

    «El capitán de Shackleton»

  16. Si os gusta esto, no os perdáis el libro «El peor viaje del mundo», de Apsley Cherry-Garrard. Narra la vida cotidiana de este tipo de expediciones (y en esa época y circunstancias) con mucho detalle (es autobiográfica), pero además supera cualquier ficción. Narra una expedición que no supera en épica la de Shackleton (¡nada la supera!) pero se queda muy cerca… y no fue por algo obligado como sobrevivir, sino ¡para buscar huevos de pingüino! Fascinante. (Los pingüinos emperador ponen los huevos en pleno invierno antártico).

  17. Buen articulo ,solo e sacrificio por Los demas genera ejemplo que a su vez es faro a seguir.

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