Gastronomía Ocio y Vicio

Salmorejería Umami

Salmorejería Umami fotografía de Samira Ouf 2

C/Blanco Belmonte, 6
Córdoba
http://www.salmorejeriaumami.com/

Uno se imagina al ámbar atrapando poco a poco a la sopa fría, cubriendo muy lentamente a esa masa coloradita y manteniéndola ahí hasta el descubrimiento siglos después por parte de un investigador con sombrero, pantalón corto, calcetines largos, sandalias y chaquetilla multibolsillos del Coronel Tapioca. Hace apenas un par de años un libro situaba al salmorejo en el Paleolítico. Pintura rupestre, australopiteco, mamut lanudo, herramienta de obsidiana y salmorejo. Clásica estampa de aquella época. Es lo que tienen los símbolos. Que uno quiere darles un origen mítico, aunque sean símbolos de andar por casa. En la bandera de Córdoba ideal hay un tríptico donde se representan el flamenquín, el rabo de toro y el salmorejo. Los sostendría su arcángel custodio San Rafael con gorro de cocinero y delantal negro de esto es un gastrobar, no pida ensaladilla rusa. Y el paleolítico se queda corto. Y San Rafael. A poco que tiremos de símbolo nos topamos con Dios comiendo salmorejo en el domingo de autos donde lo dejó todo atado y bien atado y ese «ahí os las veáis» que insinuó sin decir nada.

Como vemos, el salmorejo es algo más que un plato típico. Córdoba lo exhibe como una delicia culinaria particular, una receta que sirve como carné de identidad y carta de presentación. Un atractivo básico para la supervivencia de una ciudad estragada por el paro que solo tiene al turismo de interior para sobrevivir. Monumentos y gastronomía. Una vez, cuentan los ancianos del lugar, se fundó una empresa. Pero aquello no fue bien. No iba con la idiosincrasia de la milenaria urbe al que ni siquiera llegó Lorca, y eso que tenía jaca valerosa y hasta aceitunas en su alforja. Llegar, lo que se dice llegar, a Córdoba no llega nada. Salvo turistas, aves migratorias y, en ocasiones, aire caliente del Sahara.

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9 comentarios

  1. ¡Olé!. ¡Bravo Alfredo!

  2. Ñam.

  3. sopas frías, aceite, pan, ajo, tomate, multitud de preparados presuntamente tradicionales… y la palabra gazpacho no aparece en este texto… purquá?

  4. Nicanor Porras

    Qué lección de gastroarqueología,socioparoxismo suicida cordobés y concreción gourmet nos ha servido Don Alfredo. Gran salmorejada, enhorabuena Cofrade// queremos más

  5. Bigote Prusiano

    Hay un controvertido asunto que puede levantar suspicacias y un debate encendio, quizá hasta la violencia extrema. El chorro de aceite encima. En muchos sitios echan el chorro de aceite, que para mí sobra puesto que es aceite de más. Retaré a sus defensores si hace falta a un duelo al amanecer con padrinos. A primera sangre.

  6. Nicanor Porras

    Me pregunto si los pizcos de jamón que rematan nuestro Salmo, deberían encontrarse sutilmente rancios, puesto que en algunas tabernas, este detalle es recibido con entusiasmo por los paladares locales más exigentes.
    Cada cordobés tiene desde niño una plantilla cerebral virgen al efecto de establecer rankings de flamenquines, rabos de toro y por supuesto salmorejos.

    ADN califal.

  7. Nada me gusta más que el salmorejo, así que no tardé en ir a probar esta propuesta. Por supuesto, para tener confianza en cómo harían los salmorejos raritos, comencé por pedir el clásico, que resultó más que decepcionante: estaba malísimo, flojo, sin gracia ni cuerpo, lamentable. Probé alguno más, sin llegar a entender por qué se le daba el nombre de salmorejo a algo que nada tenía que ver con tan delicioso plato. He probado salmorejos experimentales maravillosos, como los de Juan Peña, cocinero grande y humilde, ajeno al marketing y al diseñito. Lo de esta casa, a pesar de la simpatía de sus cocineros y del servicio, no deja de ser una tontería mal planteada y peor resuelta, algo que sin duda les garantiza el éxito que están teniendo.

  8. salmorejolover

    Entre las variedades falta una y muy buena, «el arranque «de Rota; magnifico

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