Opinión Portero delantero

José María Albert de Paco: A jamonazos

Bigas Luna

Si mis hijas vieran Jamón, jamón, del recientemente fallecido Bigas Luna, es probable que rompieran a llorar en la escena en que Javier Bardem atropella al cochino Pablito, o acaso en el instante en que Anna Galiena arropa al animal y lo mete en el frigorífico, o cuando lo sirven asado. Sospecho, en fin, que se pasarían media película llorando y otra media perplejas, y sospecho también que la muerte del cerdo Pablito no sólo encogería a mis hijas, sino a muchos de los espectadores que, en septiembre de 1992, contemplamos la película sin el menor aspaviento.

Y es que Jamón, jamón, que ya en su tiempo fue una brava extravagancia, una esplendorosa cazurrada, evoca hoy un mundo extinto, cuyas más salvajes excrecencias se han visto arrasadas por el embate de lo políticamente correcto. Vean, sin ir más lejos, el personaje de Bardem: se atiborra de ajos, es un entusiasta del toreo furtivo (que practica en pelotas y a la luz de la luna) y, por supuesto, prescinde del casco al ir en moto (o, más precisamente, al ir en su Yamaha, pues en Bigas las marcas son, antes que un artificio, un rasgo de humanidad; en eso se parece al mejor Almodóvar). Bardem fuma, bebe, ama, juega, folla, come, ríe, y todo lo hace marcando paquete, ufánandose de su condición de macho ibérico, literalmente ibérico, además, no en vano trabaja repartiendo jamones. De hecho, todo lo que Bigas muestra en Jamón… es de una literalidad exuberante, retadora, vigoréxica, una literalidad que, insisto, ya en el momento en que se estrenó la película suponía una quiebra del gusto imperante, dominado por la metrosexualidad y la gazmoñería, ese magma feminoide que, al cabo, propiciaría que todo un presidente del Gobierno dijera de su hija que estaba «convidada a la vida». Bigas, por el contrario, siempre vistió de negro.

Ni que decir tiene que ese Bardem, trasplantado a nuestros días, rayaría en lo delictivo, pues todos sus actos resultarían inmorales, ilegales o colesterolémicos, y si ya a principios de los 90 era un hombre improbable, hoy sería exhibido en un museo como lo fue ese pobre negro de Bañolas. ¡Con ustedes, el Hombre de Los Monegros! ¡Pasen y vean, señoras y señores, vascos y vascas! (Los niños, no: no habría suficientes psicólogos para exorcizar el trauma de ver a un hombre de verdad). Vista hoy, en efecto, la película tiene algo algo de galería antropológica, porque Bigas rescató al macho, sí, pero sobre todo nos devolvió a la mujer, a la mujer comestible, literalmente comestible.

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3 comentarios

  1. Horacio Montelimar

    Bigas Luna tocó su apellido con el segundo largometraje de su carrera (Bilbao). A partir de esa gema singularísima en el cine español, para mí todo fue cuesta abajo en su cine, hasta llegar a ser, casi ,el modelo para deshechos como «Torrente».

  2. Toneti Chacel

    Sabéis lo que dijo Tarantino cuando vio ésta película: «It’s sexy, exciting… sophisticated!»
    Para mi la más grande de Bigas Luna, cómo decían en la publicidad USA, «a film were men eat ham and women eat men..»

  3. Crack horacio!!! en BILBAO duerme lo mejor de este vividor. Pero su alma excedía el cine, por ello su carrera de celuloide degenero demasiado. Pese a todo está peli tiene detalles impagables, y la química del casting es brutal.

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