
El mediodía de Viernes Santo se comió tarde en casa. Mientras se ponía la mesa, sonaba el telediario de fondo, y del presentador pudimos escuchar, en un momento cualquiera:
Sigue la España… nevada.
Y uno, en cuanto oyó el «ne»de «nevada», no pudo dejar de escuchar una frase que no era la dicha, una distinta, como en el niño que cree adivinar el dictado y superpone lo suyo, mentalmente, errando:
Sigue la España… negra.
«Ne» de «negra». Probablemente ambas frases no sean tan distintas en el fondo. Lo blanco y lo negro, en demasiadas ocasiones, son intercambiables: «El terror es blanco. La soledad es blanca» (lo escribió González Ruano, en su diario íntimo, a puerta gayola de la muerte). Bien podrían parecerle a alguien… negros.
De cualquier manera, la España negra o se lleva ya dentro o no se la ve por ninguna parte, lo que no quiere decir que no exista, o que sea cuestión de fe. Lo negro suele ser el espejo que le vendría bien a todo narciso, aunque no haya verdadera afición a reflejo alguno —ver al prójimo reflejado no suele importar mucho a nadie—: estamos en la era del ver a través. Lo negro en lo negro se refleja mal, de todas formas. Solo los muy cándidos o los locos parecen afines, por lo que, la verdad, los resultados suelen tener la credibilidad del muy cándido o del loco, que es poca o ninguna. Eso sí, hay que conceder que el término —España negra— no es un algo exacto, y es probable que, quien se empeñe en buscar indicios de negritud, seguramente los podría encontrar sin dar mucho rodeo bucólico o arrabalero, sino a la vuelta de cualquier esquina.
Hablar de todo esto resulta la mayor parte de las veces ocioso; no acaba de llevar a ningún sitio. Además, si no se tiene cuidado, se acaba enfangado en diatribas peligrosas que rayan lo político, y nada desearía menos con este texto, a pesar de lo citado del artículo de Del Pozo, que desde luego no se usa bajo esas directrices. La relación que hay entre la situación actual del país y del mito o concepto de España negra es la misma que entre el pescador y el río. A España, si quisiéramos calificarla con algún palabro sacado de los insondables mundos del arte, la llamaríamos grosziana, y nos acordaríamos todos con ello, seguramente, de los Disparates de Goya y del goteo diario de viñetas de El Roto. No creo que sea necesario argumentar demasiado respecto a esto. El único propósito, de ser posible, sería el de divagar, jugar un rato, para pasarlo, el rato, que es lo importante, según Baroja, hombre menos político que sentimental.
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Pingback: 01/08/13 – Bagatelas sobre la España negra | La revista digital de las Bibliotecas de Vila-real
La España negra existe,antropologicamente nos define y da lugar a la Leyenda negra cuya razón de ser se sustenta en la Brevísima Historia de la Destrucción de las Indias del dominico B.de las Casas ampliamente difundida en su tiempo por toda Europa y que por si misma justifica la merecida fama que los españoles tenemos.
Lo de la «conquista» fue una barbarie en toda regla, viene mucho a cuento porque, de las atrocidades cometidas, hay un compendio grosso que han sido escritas, casualidad poetica, por muchos españoles horrorizados.
Conservo en la memoria un intercambio de ideas con unos turistas que me decian «ah ya, dejate de…, pero es que eso paso hace muchos años y ahora culpame a mi por tu retraso»; coartadas insulsas o chabacanismos altaneros aparte, veo que no hay un serio y sentido examen de conciencia en torno a lo que paso. Bastaria con un «lo siento, fue una verguenza que aun me perturba», pero esa otra actitud repetida hasta el cansancio me demuestra que hay errores que no se ven o no se quieren ver. A los alemanes aun les tiene sin sueño lo del holocausto, hay mucho examen de conciencia en torno a lo que paso. Estoy seguro que esa rigurosidad analitica con que viven y esa comprometida responsabilidad colectiva les ha llevado, sin culpas pero con memoria responsable, a ser una vez mas los dueños de Europa, que no del mundo.
¿Pero cómo voy a sentir que los abuelos de los abuelos de los abuelos de mis abuelos descubrieran un nuevo continente y declararan la guerra a los que allí vivían?
¿Cómo me va a perturbar algo que pasó hace quinientos años?
¿Acaso alguna guerra en los siglos doce, trece, quince, etc no era una barbarie? ¿Hay alguna guerra que no lo sea?
¿Se deben disculpar los italianos a los tunecinos por arrasar Cartago? ¿Los mongoles por arrasar Asia y parte de Europa? ¿Disculparse unos chinos a otros por la Rebelión Taiping?
Hay mucha gente como usted que tiene una enorme facilidad de ver las cosas que pasaron en el siglo X o XV con el prisma del s. XXI, facilidad y ligereza, claro.
Seguro que si, mi estimado hispano, seguro que si. Le deseo lo mejor, que España retome su camino natural. Muchos aca esperamos tener a ciertas «empresas» (de emprender, a buen entendedor) españolas ya solamente en el archivo de la infamia.
Eso de que a nadie le perturbe una matanza de hace, digamos, 500, 100 o 50 años es para hacerselo ver de cerca y en HD. Supongo que el sufrimiento es el mismo mas alla del tiempo, el hecho de que la injusticia y la infamia de la humanidad permanezcan demuestra que el tiempo probablemente no importe, sino mucho mas la motivacion tan intrinseca del ser humano a cagarse en los vivos y en los muertos que le rodean.
Que yo sepa jamas le pedi a algun español que se disculpara por las vejaciones cometidas por sus tatarabuelos, lo hicimos como colectivo al gobierno español de aquel entonces cuando se celebraban los 500 años de saqueo, torturas y matanzas perpetradas; fuimos y no hubo respuesta, tan solo un monton de sandeces y coartadas estupidas y cavernarias, y asi seguimos…
Para necedades y memeces ya tenemos a nuestros politicos, no necesitamos que un necio de un reino internacional nos la venga a dorar, con esa gente mejor ni contar. Al estimado al que no le conmueven las matanzas historicas o las injusticias mundiales, por eso de no coincidir con su horizonte existencial; de repente, podria conmoverle esto: las riquezas robadas que su clase gobernante dilapido a tono con una ineficiencia y una corrupcion galopante en un pasado remoto…, pues eso, que ha vuelto a suceder, obra de la casualidad historica supongo. Sus mismos gobernantes a quienes historicamente nunca les importamos un chichinabo demuestran el mismo tipo ejemplar con su propia y adorada gente, mira que casualidad. No me alegra en absoluto, mas alla de que mis tatarabuelos hayan sido muertos, explotados o vejados por sus tatarabuelos mi estimado, porque años de historia me han enseñado que la miseria humana no se la merece nadie.
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