
El Museo de Cera de Madrid es uno de esos lugares de obligada visita en los recorridos turísticos de la capital que incluyen el Santiago Bernabéu y el no menos pedagógico Museo del Jamón. Aunque se ajusta a la tercera acepción del término “museo” del DRAE [Lugar donde se exhiben objetos o curiosidades que pueden atraer el interés del público, con fines turísticos], se trata más bien de un parque de atracciones del horror, en ocasiones involuntario.
Se encuentra situado en los bajos de tres edificios de arquitectura satánica (Centro Colón, Recoletos Colonial y Barclays) que ocupan la esquina entre el paseo de Recoletos y la calle Génova y que sobreviven a la sombra de las vecinas Torres de Colón, cosidas y convertidas en una gracias al enchufe verde de la cúspide reconocible desde cualquier punto alto de la ciudad. La ubicación del museo contribuye a generar inquietud al visitante incluso antes de entrar y encontrarse a bocajarro las figuras impávidas repartidas por oscuras salas según amplios criterios temáticos que generan extraños compañeros de escena. Parte del museo, en concreto la Galería del Crimen, está en la primera planta, pero no es visible en superficie salvo por dos carteles que indican sendas entradas por el paseo de Recoletos y la calle Génova y que dan acceso a una plaza bajo rasante, donde se encuentran las taquillas. En este entorno inhóspito y subterráneo discurren las galerías de la exposición; si la Plaza de Colón ya es caótica en superficie, es difícil imaginar por debajo de qué despachos circula el tren del terror.
En los últimos tiempos, esta singular galería ha sido noticia por ejercer de colaboradora espontánea de la justicia apostillando la imputación de Iñaki Urdangarin con su destierro a la sala de deportistas, vestido de calle, relegándolo al papel de jubilado espectador de obras, y expulsando a Isabel Pantoja del paraíso de la cera tras ser condenada por un juez de carne y hueso. Ignoramos si su destino es ser olvidada en un sótano o reciclada en velas con olor a azahar. Resulta paradójico que una empresa que exhibe a Hitler, Mussolini o Justin Bieber tenga reparos en mantener figuras con tachas legales, sobre todo si tenemos en cuenta la naturaleza de este tipo de exposiciones. La Pantoja, como autora confesa del delito de haberse enamorado de Julián Muñoz, bien merece un lugar de honor en la Galería del Crimen.
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Pingback: Los crímenes del Museo de Cera
Yo estuve ahí y doy fe de ello, de todo.
Con 10 años visité este entrañable museo. Mi padre me regaló una guía (que aún conservo) donde aparecen catalogados todos los personajes.
El toro que está hincando su asta en tan delicado orificio se llamaba «Pocapena» y el del traje de luces era Granero. El 7 de Mayo de 1922 tuvieron este encuentro tan poco agradable.
«Entrañable» es una palabra que no sé si lo define con exactitud. Si tiene algo que ver con las entrañas, sin duda.
Ahora te venden un libro (así lo llaman, aunque es un folleto publicitario) por la entrañable cifra de 3.50 euros.
A mí lo que siempre me resultó curioso es que este museo sea lo más grotesco de la plaza. No será por falta de competencia, hay una bandera que se ve desde el espacio y un reconocido puticlub.
La Plaza de Colón da para artículo por metro cuadrado.
Sin ser de la Villa y Corte he visitado dicho museo 2 veces, la primera hará como 20 años y la 2º hace unos 4 años porque pasabamos por ahí…
Dentro del despropósito del tiovivo, la plaza de toros, etc. a mi me gusta la galería del crimen, son crímenes del s. XIX y principios del XX y creo que está muy bien ambientada y recreada (lo mejor del museo).
Las últimas figuras son mejores porque han cambiado a los artistas y son mejores escultores.
¿Arquitectura satánica?
¿Ha leido la columnista las muy recomendables entradas de Vicisitud y Sordidez sobre el tema?
Lo de la «arquitectura satánica» para referirse a los desarrollos arquitectónicos y urbanísticos típicamente brutalistas ya cansa, la verdad. Yo he leído algunos de los posts de Vicisitud y Sordidez al respecto y dan bastante penita. ¿Que no os gustan? Me parece estupendo, para gustos los colores, pero de ahí a desprestigiarlos sólo basandose en criterios estéticos personales hay un trecho insalvable. A mi no me gusta el postmodernismo pero no voy a decir que los edificios construídos en este estilo no vale nada solo porque me espanten sus ornamentos y sus espantosos elementos de inspiración clásica.
LAFunks, la solución al espacio del antiguo Palacio de Medinaceli no tiene mejor definición que la de satánica, y no es una cuestión personal, se lleva años intentando desfacer el entuerto.
Sí, claro, de hecho elegí ese término, en lugar de brutalismo, como pequeño homenaje. Aunque es una pena que no haya ninguna ruta satánica (o al menos yo no la conozco) dedicada a complejos subterráneos como los de la plaza de Colón, Aurrerá, A.Z.C.A o la plaza de los Cubos, que son el mismísimo averno de hormigón.
El mayor despropósito, el único e imperdonable, de un museo de cera es que las figuras no tengan parecido con el modelo real. En este no es que no tengan parecido, es que sin la pista de la ropa, son un montón de muñecos iguales.
Me gustó la visita virtual, enhorabuena a su autor (Jacob Domínguez). Y enhorabuena a los que se ahorran el escalofrío de los 17 euros de la entrada ;)
Visita virtual en Google: http://goo.gl/88O1D
Muy bueno lo de juntar a Hitler, Fidel Castro y Angela Merkel…
De jovenzuelo tuve que irme a Londres a trabajar (la película resuena demasiado en mi cabeza durante los últimos tiempos), y tras varios empleos acabé en el mantenimiento del Madame Tussaud, el museo de cera que inició esta cuestionable tradición de hacer modelos humanos a escala real. El lugar no es tan chusco como el madrileño, hay espacio y la ejecución de las figuras es más fidedigna (recuerdo especialmente al Juancar, rey de copas, y a Lenin, ambos clavados), pero en el ambiente flota una bruma invisible de cutrez y horror. No sé qué era peor, si trabajar rodeado de turistas (se llegaba, si no recuerdo mal, a las 11.000 visitas diarias en agosto de 1998), entre los que destacaban hordas de scouts procedentes de medio mundo y los árabes adinerados que no querían hacer la cola, o limpiar las salas una vez cerradas al público. En todo caso, y a lo que iba, recuerdo que los tipos encargados de las figuras (cuyo taller se encontraba en un edificio adyacente al museo, junto al planetario) solían hacerme chistes del museo de Madrid. Según me decían, y no puedo asegurar que fuera cierto, el Madame Tussaud vendía las figuras de famosos internacionales que se iban realizando y no daban el estándar de calidad a otros museos del mundo, quedándose las peores versiones el de Madrid. Supongo que así no desentonaban con las propias y patrias… En fin, disculpad el desbarre, pero es que de repente he tenido una regresión: el olor de las moquetas, los escupitajos de los niños argelinos en la vitrina de Hitler (imposible enfadarse, aunque fuera el tipo que los limpiaba), los robos casi diarios del cigarro de Picasso, los saqueos de adolescentes ibéricos e italianos en la tienda de recuerdos, los comentarios de los visitantes cuando pasaban por la escena que representaba el garrote vil español, etc.
Gracias por el testimonio, Nando. Como curiosidad del museo madrileño, si se busca en las hemerotecas se encuentra información sobre un atentado que sufrió en 1983. Merece la pena buscar todas las reseñas por lo extraño de la historia, aliñado por el estilo periodístico de esos años.
Comparte el enlace del atentado…
Sé que por esos años, un grupo llamado GAROT, relacionado con los GARI (http://es.wikipedia.org/wiki/Grupos_de_Acci%C3%B3n_Revolucionaria_Internacionalista), secuestró de la figura de Juan Carlos de Borbón del Museo de cera Grevin y mandó varios dedos a diferentes medios de comunicación.
Una acción hermosa.
La gracia está es descubrir el hilo del suceso (que es en lo que queda). Te pongo una pista:
http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1983/10/06/020.html
Ahí hay material para forjar muchas historias. ¡Gracias!
Echad un vistazo a esta petición…
http://www.change.org/es/peticiones/museo-de-cera-de-madrid-que-contraten-a-artistas-con-100-de-visi%C3%B3n-y-buen-pulso
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