En Europa nos gusta pensar que siempre hemos sido personas abiertas y tolerantes, avanzadas y “liberadas”. En la sociedad de consumo hay espacio para todo y para todos, no importa los bizarros o estrambóticos que parezcan a ojos de la mayoría de la población, esa gente ortodoxa que sólo a veces duda en calificarse de “normal”.

El caso es que la impresión general de la gente es la de que estas cosas son inventos modernos, prácticas y costumbres de nuevo cuño que se han popularizado durante los últimos dos siglos, cuando la industrialización y la sociedad del bienestar despojaron a las personas de muchas de sus obligaciones y les permitieron gozar de tiempo libre que dedicar al ocio: leer, viajar, comprar y hacer cosas raras.
Así la asunción de roles sexuales que no se acomodan a la lógica binaria, para la cual los atributos destacados como de uno y otro género son natalicios e inamovibles, son tratados en forma de “inversiones” o cruzamientos que en el mejor de los casos responden a motivaciones patológicas. Otros referentes más cercanos como el travestismo/cross dresser o el fenómeno drag tienden a interpretarse en términos de escaparatismo burlesque para hedonistas liberados, decadentes y excéntricos de diversa ralea. Huelga decir que el academicismo convencional ha pasado olímpicamente de algunas cuestiones esenciales a este respecto (como las tensiones entre identidad sexual y orientación sexual) otorgando a todas aquellas manifestaciones que violasen el orden normativo un carácter anecdódicto hasta la quiebra del modelo en las décadas de los sesenta y setenta. La irrupción del SIDA, los movimientos contraculturales, el feminismo y el advenimiento del estado del bienestar propiciaron una estampida fuera del armario en el mundo (sic) civilizado. No se nos permita, sin embargo, reducir el marasmo vitalista y poliédrico de la comunidad trans a la condición de epifenómeno de la movida gay.
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Muy tremendo.
Equisdé.
Me gustan sus artículos, me parecen bastante profundos, pero no utilice conceptos de manera transhistórica. Confunde varias veces en el artículo la sexualidad al referirla a contextos muy diversos. La sexualidad no existe antes del dieciocho, así que no afirme que esas prácticas, orientaciones e identidades existían previamente, no lo hacían. Si conoce la historia de la Grecia clásica, se dará cuenta que la homosexualidad o la heterosexualidad no existen, por ejemplo.
Bueno, uso el término para referirme a cualquier hecho en el que podamos hablar de prácticas sexuales, o su representación, con independencia del sentido que se le dé para cada caso particular dentro de cada contexto (es un tajo etic/emic muy bestia pero no hay otra).
Totalmente de acuerdo en que no hay nada peor que la extrapolación de una visión muy nuestra de lo que es el fornicio. Ahora, que no existiese la sexualidad… ¿En qué sentido? ¿Como conceptualización de las relaciones eróticas, como teoría del género, como problema derivado de la homosexualidad…?
Gracias por tu comentario y un saludo.
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¿Podría saber las fuentes consultadas para redactar el artículo? Gracias
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