Música

Dead Boys, punk efímero y sangriento

Dead Boys (CC).
Dead Boys (CC).

El reciclado de algunas estrellas del punk neoyorquino de los setenta es tan sorprendente como la oleada musical que abanderaron. Walter Lure, el guitarrista de los Heartbreakers de Johnny Thunders, es agente de bolsa en Wall Street. Andy Shernoff, bajista y compositor de los Dictators, sumiller. Una vez estuve en casa de este último en Nueva York y medio salón era toda una enoteca. Recuerdo que abrió un par de blancos alemanes. Trasegando, le pregunté por los recuerdos de aquel año, el mítico 1977, y agitando el copón como el profesional del mundo del vino que es, dio un trago, saboreó el producto y dijo despacio: «En el CBGB´s, los Dead Boys empezando a tocar «Sonic Reducer»…». Volvía a paladear el vino. Silencio. Tatareaba el riff, cerraba los ojos…

Yo no sabría decir cuál fue el grupo más importante de aquella generación, ni el mayor hito de la legendaria agenda de conciertos de aquel club ese verano, pero sí que es cierto que «Sonic Reducer» es algo mayestático, cochambre mayestática, pero que detiene el tiempo. A día de hoy, nada ha envejecido en el sonido ni en la puesta en escena. El cantante, Stiv Bators, es un gusano. El guitarrista, Cheetah Chrome, un neandertal. Es sencillamente perfecto.

Ante la duda eterna adolescente de que quien no vive como piensa termina pensando como vive, ni los Dead Boys ni muchos de sus compañeros de generación tenían mucho que aportar, básicamente porque ellos enunciaban la máxima con el verbo morir. Ni siquiera querían tocar, lo suyo sobre el escenario era hacer no-música. Y nada de interpretar, parodiar. El resultado fue desigual, como en casi todas aquellas atropelladas carreras, pero único en su especie. Stiv era de sensibilidad pop y Cheetah quería rockear. Resolvieron el litigio con un punto en común: tocarlo todo muy alto, muy rápido, muy intenso. Que era también su filosofía de vida. Había que vivir con velocidad y muy ridículamente.

Al contrario que muchos de los primeros punks de los setenta, no eran artistas, venían de barrios y familias difíciles, por no ser no eran ni de Nueva York. Los Dead Boys venían de Cleveland. Allí Stiv Bators se introdujo en el circuito musical de la mano de Frank Secich, de Blue Ash, uno más de esos grupos bajo la etiqueta de power pop, que como Badfinger, Big Star o Raspberries no llegaron a arrasar en los setenta, pero que son recordados con verdadera devoción. En una deliciosa entrevista en Fantail hace un mes, Secich relató cómo fueron aquellos inicios y lo tocado del ala que estaba ya Stiv desde el primer día que se puso delante del público.

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7 comentarios

  1. Sanjuanconmiedo

    Una corrección: «We have come for your children» es el nombre del segundo lp, no del directo, éste es «Night of the living Dead Boys».

    Una anécdota sobre el mismo: fue su bolo de despedida y Stiv tenía miedo de que Sire lo grabase para amortizar el contrato, ya que les debían un disco, así que decidió cantar fuera de micro todos los temas; lo que pasa es que un tiempo después alguien le hizo llegar unas cintas piratonas a los angelinos Bomp que, aprovechando la estancia powerpopera de Stiv en LA -y que era el único sello que le hacía caso-, convencieron al chaval para regrabar las voces utilizando a tres «punkettes» borrachas como coristas. En fin, uno más de tantos «falsos» o «cuasi» directos de la historia del RÓ.

    Una opinión personal: es curioso como la repercusión mediática y el boca a boca salva la reputación de muchos grupos y les permite, al menos, sobrevivir en el imaginario colectivo como grupos de culto (aunque eso no da de comer). De sus dos lp’s los Dead Boys vendieron en su momento menos de 3.000 copias (sumando los dos), cifra paupérrima aquí, en USA y en la China Popular, y aún así siempre son citados por todo tratadista del punk neoyorquino que se precie, pues su valía y fuerza es irrefutable. El primer disco es sucísimo y las letras hilarantes; el segundo es una pena, porque puedes sonar limpio y a la vez potente y aquí el productor se pasó de frenada, una lástima porque la dupla que lo abre «3rd generation nation» / «I won’t look back» es lo más punk en actitud que grabaron nunca… puritito «angst» adolescente!!!
    Eso sí, lo que nunca le perdonaré a Stiv es el numerito del chicle de fresa y el micro (que siguió usando con Lords of the New Church)… un serio candidato al record Guinness en cifra de arcadas provocadas.

    En fin, un saludo y gracias por el artículo.

  2. Hedonismo y trivialidad… Marionetas del sistema, engañabobos del capital, pseudorebeldes fácilmente manipulables. Encima, musicalmente fueron un desastre. Le hicieron el juego al sistema. Mucho ruído y pocas nueces.

    • Vaya colección de topicazos de todo a cien, amigo atticus. Si eso es todo lo que puede comentar sobre un artículo tan currado, mejor callar.

      Me ha parecido curioso lo de Bob Clearmountain, ingeniero de sonido en discos tan alejados del estilo de los Dead Boys como «Avalon!, de Roxy Music

      En este canal de vimeo hay bastantes cosas de la época con un sonido más que decente

      A Night at CBGBs March, 1979 –
      https://vimeo.com/43984101

      Blitz Benefit 1978 – Caught with the meat in your mouth
      https://vimeo.com/45890406

    • Menudo perrofaluta

  3. Atticus, el mejor punk siempre ha sido hedonista y trivial por definición, y no lo digo en tono peyorativo, todo lo contrario, ambas cosas forman parte de su ADN más genuino, y es genial. ¿Marionetas del sistema? ¿Engañabobos del capital? ¿Falsos rebeldes fácilmente manipulables? No sé, ¿los conociste personalmente y/o has seguido y estudiado su carrera y biografías a fondo para decir eso? Porque tienes que conocer mucho a alguien para ser tan rotundo. Te recomiendo que leas el libro que se cita en el artículo, el Por favor Mátame. Por lo que dice allí ellos eran chicos de clase trabajadora americana, que tenían una actitud vital libertaria/rebelde, nihilista que vivieron de modo rápido y muy descerebrado unos años efervescentes en lo musical, que consiguieron hacer lo que siempre habían soñado, tocar rock`n´roll, y aunque ninguno ganó dinero (mucho, me refiero), fueron durante un tiempo parte protagonista de lo que se cocía en esos años. Claro que lo mismo es que no te gusta el rock and roll americano en general y los metes a todos en el mismo saco. Es verdad que ninguno de sus dos discos están bien producidos, pero aún así el primero es fantástico, uno de los mejores de aquella época. Y el segundo no es tan bueno, pero qué coño, bastante mejor que muchos discos que circulan por ahí. Un saludo!

  4. Pingback: Dead Boys, punk efímero y sangriento

  5. Alex Cerrato

    Me ha gustado, pero vengo a defender a mi Bowie, aunque sólo salga mencionado tangencialmente. La culpa del sonido del Raw Power, que a mí parecer no es tan malo, es culpa del propio Iggy que entregó a David unas cintas con los rangos dinámicos amputados. Se había grabado bien pero en las premezclas la Iguana la cago y no se podía hacer mucho más con ese material que lo que hizo buenamente el músico inglés. Muy injustamente denostado en estas lides, las de productor, por vete a saber que motivos. El tontolaba de Lester Bangs se mete con el sonido de «Diamond Dogs» (producido por el mismo Bowie) cuando ese disco presenta una sonoridad inédita en el rock & roll y encima realizado, en su mayor parte, con los cuatro instrumentos básicos, que anticipa el barroquismo de Queen pero con un regusto muy diferente.

    Bowie se trajo a Londres a unos músicos fracasados, sin contrato, y les dió un sueldo, casa, comida y contactos. Y encima les graba un disco. Si hubo problemas es porque los Stooges estaban más preocupados por ponerse hasta arriba que por el sonido de SU disco. Esa es la única verdad, que uno ha de preocuparse por su trabajo. Lo demás son proyecciones de miserias propias y conceptos ilusorios e ininteligibles de unos críticos, como Bangs, que no son ninguna lumbrera. Gracias a Bowie tenemos discos como «Transformer», «Raw Power», «The Idiot», «Lust for life» o «All the young dudes». ¿Todos estos «aútenticos» del rock han ejercido de mecenas de algún artista? NO. ¿Se pueden comparar casos similares de músico de éxito avala a artista añejo perdido (Springsteen con Gary Us Bond, Mellecamp con Mitch Ryder o, no me acuerdo quien, con Del Shannon)? Ni de lejos. Transformer es un clásico, los discos resultantes de estos encuentros son muy mediocres.

    Perdón por la chapa y por desviar el tema.

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