
Empezaremos con una falacia: el siglo XX es el siglo en que la mujer entra en la historia. No es que no sea cierto, pero es una afirmación demasiado simplista, y como todos los tópicos, la parte de verdad que contiene queda oscurecida por la parte de verdad que deja fuera. Hasta el siglo XX las mujeres no votan, no van a la universidad, no tienen derecho a disponer de su propio dinero y su propia vida («la habitación propia» de Virginia Woolf), no son diputadas o presidentas de algún partido o gobierno, etc. Sí, cierto, pero jamás olvidemos que estamos hablando para lo que llamamos el mundo occidental, o el mundo desarrollado. Fuera de Europa, América (según partes), Oceanía (ídem) y algunos países de Asía y África la situación de la mujer es tan radicalmente distinta que la gran mayoría de ellas no podrían ni leer este artículo ni escribirlo, porque son completamente analfabetas y porque jamás han oído hablar de esa cosa que nosotros, los civilizados, llamamos alegremente «los derechos humanos». Por desgracia yo tengo que centrarme en la evolución de la mujer en Occidente, desde el punto de vista social, porque en muchas otras partes del mundo no ha habido evolución alguna (y puede que no la haya nunca, permítanme, ya se que no está bien visto, ser un poco pesimista al respecto). Y de eso voy a hablar.

¿Todo empieza con el sufragismo? Pues no. Aunque según qué libros parezca que sí. El movimiento sufragista es fundamental en la historia de la mujer. Pero nada nace de la nada y creo que es justo recordar a dos mujeres que deberían ocupar un hueco de honor en el panteón de las mujeres ilustres, al menos dentro del apartado de la lucha por los derechos de la mujer. Me refiero a Olympe de Gouges y Mary Wollstonecraft. La segunda es más conocida que la primera, sobre todo en círculos literarios, por ser la madre de Mary Shelly, la autora de Frankenstein, pero, en lo referido a sus escritos feministas, su trabajo sigue siendo poco conocido. Ambas, no es ninguna casualidad, coincidieron y maduraron al amparo de la Revolución francesa. Ambas, no es ninguna casualidad, fueron atacadas por sus propios compañeros de filas. La revolución es un monstruo que devora sus hijos. Casi siempre lo son. La Revolución francesa llenó las calles de sangre y de panfletos. De declaraciones y de decapitaciones. Olympe perdió su cabeza y Mary Wollstonencraft tuvo que salir huyendo de París, pero para ir a encontrar una muerte solo propia de su género: morir al dar a luz a su hija. En los viejos tiempos los hombres se mataban y las mujeres morían de parto y así estaban las cosas porque nadie hacía gran cosa para que las cosas estuvieran de otro modo. Cierto es que en los primeros momentos de la revolución las mujeres se armaron con cuchillos y palos y salieron a pelear con los hombres; y cierto es que en un primer momento se les permitió tener voz y voto en las asambleas y dejar escritas sus peticiones reivindicativas, pero pronto las aguas volvieron a su cauce y los hombres continuaron con sus legislaciones y sus matanzas y las mujeres volvieron a encerrarse en sus casas, para criar a sus hijos y llorar a sus maridos. Pero los libros, el papel, resiste bastante bien el paso del tiempo. Y la Revolución francesa dejó algunos legajos y algunos manuscritos a tener en cuenta:
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Ojo, que en la Edad Media las mujeres tenían prácticamente los mismos derechos que los hombres. Es en la Edad Moderna cuando cambian las tornas, que no se vuelven a recuperar hasta bien entrada la Edad Contemporánea.
También se podría hablar del derecho a la presunción de inocencia, que ha eliminado la ley de violencia de género, además de romper con el principio de igualdad ante la ley.
Diga que si, buen hombre. Hordas de feministas furiosas han acampado a mi puerta afeandome mi condición de varón, seguramente envalentonadas por la impunidad que les concede la ley esa a la que usted hace referencia, y que sin duda nos situa en una arabia saudi feminista.
Pingback: Feliz Día de la Mujer. Recopilación en Redes Sociales | Iter Criminis. Camino del Delito
A mí lo que más me llama la atención es que los derechos, inventados por los hombres, no se consideren masculinos sino universales. Y las mujeres lo que hemos hecho ha sido copiar sus modelos. Nadie se ha preguntado: ¿De verdad necesitábamos, pobrecitas de nosotras, copiar lo que hacían los hombres?
Igual que el primer párrafo: «Las mujeres entran en la historia». En la historia de los hombres, por supuesto. Las mujeres nos hemos caracterizado por no tener historia. Y, viendo cómo la historia masculina ha consistido en las conquistas, las guerras, el dominio y la invención de mentiras, yo prefiero que nosotras no tengamos historia. Si acaso, vida.
A mí es que estas cosas de «conseguir la igualdad» me parece como cuando el Señor del Castillo deja que sus sirvientes coman con él en la mesa. El Señor del Castillo sigue siendo el que «les deja», «les iguala». Y desde luego sigue habiendo castillo.
Esta sociedad es masculina. Que se igualen entre ellos. Que nos dejen a nosotras en paz. Y, sobre todo: sólo a un hombre se le ocurriría fabricar unos derechos para dictar reglas a la barbarie que él mismo ha producido.
Saludos…
Se considera que esos derechos son «universales» y no «masculinos» porque incluyen tanto a hombres como a mujeres y son aplicables -teóricamente, porsupués- en cualquier tiempo y lugar. La definición no alude a quién los crea, sino a quién se les aplican.
«la historia masculina ha consistido en las conquistas, las guerras, el dominio y la invención de mentiras».
No sé si excluye de dicha historia toda creación útil o beneficiosa -arte, ciencia, etc.- o considera que, a diferencia de la barbarie y el horror, que para usted son patrimonio exclusivamente masculino, todo aquello valioso que se ha logrado históricamente ha sido alcanzado gracias a mujeres. O eso, o bien para usted toda la historia -así, a cholón- es un despropósito tal que nada bueno se puede sacar de ella.
También me parece que, con tanto reduccionismo y tanto resentimiento, flaco favor les hace a las mujeres, pintándolas de comparsas que ni pincharon ni cortaron en nada.
Un saludo.
Es verdad, hay reduccionismo y resentimiento ahí. Es evidente que esa señora desea irse a vivir al país de las mujeres y vivir del polen de las florecitas.
«Ingenieros es una carrera para ingenieros, no para ingenieras». Esos truenos, no se escuchan con las mismas palabras pero sí con similares y no únicamente en el ámbito tecnológico. Por suerte, no son muchos los que las dicen.
Está claro la guerra «hombre-mujer» sólo estará ganada el día que se hable de personas, no de sexos. Y, ojo, es tarea de ambas partes.
De acuerdo con la wikipedia, Federica Montseny es la tercera ministra de Europa, tras la danesa Nina Bang (de Educación, en 1924) y la finlandesa Miina Sillanpää (Asuntos Sociales, en 1926).
Pingback: Bitacoras.com
Ojo, con varios amigos estudiando diversas carreras de ingeniería (considerando sobre todo las más ‘clásicas’ como puedan ser caminos, minas o industriales) en una de las Universidades Politécnicas más prestigiosas del país, no son pocos los comentarios de profesores desprestigiando el papel de la mujer en sus aulas, con sus alumnas presentes, por supuesto, y cobrando de los impuestos de las ciudadanas, por supuesto también.
Una desgracia relativamente extendida.
PS: He de decir que en carreras distintas a las ingenierías no he oído este tipo de comentarios.
Comentarios hay en todas partes, de hecho yo he escuchado a un comercial decir que el problema del paro se solucionaría si las mujeres se volvieran a meter en sus casas y eso no es una opinión tan aislada como parece. Aunque normalmente la gente se cuida mucho de hacer comentarios tan directos y tan agresivos porque hasta los más machistas han comprendido que tienen que «cuidar un poco su imagen». Aquí sólo he incluido el de los ingenieros como ejemplo. Yo como hombre debo decir que hace años descubrí que tenía un machista oculto en mi interior. Y creo que cada hombre de este país lo sigue teniendo (del resto de países no puedo hablar y sí, en este caso y sin que sirva de precedente, me atrevo a generalizar). Pero de todas formas hay muchos grados de machismo, como hay muchos grados de racismo, etc., lo cual tampoco es una excusa. Simplemente creo que nos han vendido la «igualdad de géneros» como un hecho consumado, cuando de eso nada. Como nos han venido los derechos humanos o laborales como algo que ya está conseguido en gran parte del mundo y de eso nada. Y así un montón de cosas más…
Gracias a todos por leerme.
Pingback: Los derechos del hombre... ¿y de la mujer?
Pingback: El aborto: la condena a la clandestinidad |
Me ha encantado. Felicidades. Llevo dos textos tuyos y ya tienes una fan.
Llevo leídos dos textos tuyos, perdón. Errata.
Pingback: Los derechos del hombre… ¿y de la mujer? | RFU