Ciencias

La deuda de la genética con Thomas D. Brock

Quien más quien menos ha experimentado alguna vez un momento «eureka», ese instante de lucidez que, a modo de fogonazo, nos revela la solución a un problema cuando ya nos habíamos dado por vencidos. Para algunos científicos, desconectar y dejar vagar los pensamientos libremente puede considerarse poco productivo y perjudicial, sin embargo, la realidad es que Arquímedes —si tomamos como verídica su historia— no fue el único que se aprovechó de estos momentos de relajación.

El primer protagonista de nuestra historia experimentó uno de estos destellos de lucidez un viernes por la noche en abril de 1983 [i]. Kary Mullis, biólogo molecular que trabajaba para Cetus Corporation, tenía una cabaña en el valle de Anderson (en el condado californiano de Mendocino) donde había decidido pasar el fin de semana con una amiga. Todo sucedió mientras se aferraba al volante de su coche que serpenteaba a la luz de la luna por una carretera de montaña que atraviesa un bosque de secuoyas (la famosa ruta 101). La noche estaba saturada de humedad y del aroma de la floración de los castaños.

En ese momento de relajación, propio de la conducción nocturna por carreteras desiertas, fue cuando le llegó la inspiración (aunque algunos afirman, con indudable mala intención, que el LSD también jugó su papel). Mullis llevaba tiempo buscando la forma de evitar el tedioso trabajo de laboratorio necesario para hacer múltiples copias de una secuencia particular de ADN por lo que, intuyendo que había dado con algo importante, paró el coche, cogió papel y lápiz y comenzó a hacer cálculos (la parada repentina molestó tanto a su acompañante que, refunfuñando, se pasó al asiento trasero del coche sin prestar atención al momento de revelación de su compañero). Por fin había dado con un proceso que permitía fabricar un número ilimitado de copias de cualquier gen: la reacción en cadena de la polimerasa (más conocida como PCR, por las siglas en inglés de polymerase chain reaction).

Al principio nadie creyó en su idea, aunque con perseverancia consiguió que el proceso funcionase, recibiendo por ello el Premio Nobel de Química en 1993. Desde ese momento, Mullis se volvió cada vez más excéntrico —por emplear un término suave— convirtiéndose, por ejemplo, en un firme defensor de la teoría de que el VIH no causa el sida, una postura que ha dañado tanto su credibilidad como los esfuerzos de la comunidad científica por hacer frente a la enfermedad.

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7 comentarios

  1. Pingback: La deuda de la genética con Thomas D. Brock

  2. Armand d'Hubert

    ¿Y Monchito qué dice al respecto?

  3. Muy bien explicado, y muy ameno. Yo, que uso la PCR casi a diario, a veces me olvido de lo «reciente» que es, y lo difícil que tenía que ser la vida del científico antes de que se convirtiera en algo tan habitual.

  4. Interesante Jose Luis, hay un gazapo gordo que deberías corregir. ¨los oligonucleótidos (también llamados primers, iniciadores, cebadores, «oligos», etc.) necesarios para que se inicie la transcripción¨… ERROR… No es transcripción lo que ocurre durante la PCR, sino replicación. La transcripción es prácticamente igual, pero en lugar de producir una copia de DNA, produce una cadena de RNA, que a su vez servirá para producir una proteína.

    • Cierto, el detalle es pequeño pero no deja de ser un error:
      Transcripción–>polimerización de RNA.
      Replicación–>polimerización de DNA.
      Por lo demás un gran artículo divulgativo, digno de leer. Mi enhorabuena y agradecimiento por hacernos pasar un rato entretenido.

      • A mí no me parece que haya ningún error, se está refiriendo a la formación del primer, y el primer es de ARN por lo tanto el proceso de formación de ese primer corresponde a una transcripción. Una vez formado el primer a éste se le añadirían los desoxirribonucleótidos para formar la hebra complementaria de ADN…
        Es una pena que este tipo de publiaciones sean tan escasas.

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