
Artículo patrocinado por Carajillo Magno.
Cuando miras a Madrid desde fuera, hay un momento en el que se para el tiempo y el mundo. Desde lo alto del Cerro del Tío Pío —al que todo el mundo llama «parque de las tetas» por sus ondulados promontorios envueltos en hierba—, se abarca toda la villa, desde los rascacielos de Chamartín hasta el viejo y maltratado río, que ahora es nuevo y cuidado y reluciente y lleva pegado la palabra Madrid.
Recostado contra el oeste, el sol avanza lentamente, repta oblicuo al horizonte y al final, en un rayo verde, hace estallar el cielo como un Rothko naranja y rojo. Dicen que el cielo de Madrid es el más bonito del mundo; pues, ¿saben una cosa? justo detrás de la explosión, el cielo desaparece.
Y Madrid se enciende.
Y Madrid te llama, porque cuando vives en un barrio de fuera, vives en Madrid, pero también vas a Madrid. Y, por tanto, eres de Madrid.
Como los peces de David Foster Wallace, que estaban rodeados de agua pero no sabían lo que era, a veces hay que rodearse de Madrid para nadar en él, aunque nunca se sepa muy bien lo que es. Tan solo hay que separarse un poco de la corriente arterial de las grandes vías. Apenas un par de calles. Quizá solo una. Correr el telón y mirar detrás.
Lavapiés y la judería falsa
Detrás del Museo Reina Sofía y al otro lado de la estación de Atocha colocaba Ramón de la Cruz el barrio judío de Madrid y la fuente donde los fieles se lavaban los pies antes de entrar al templo. Es un hermoso mito, pero es un mito; porque ni los fieles judíos se lavan los pies frente a las sinagogas ni existió un barrio judío medieval en Madrid. De hecho, en la Edad Media, Madrid apenas existía. Pero ahora existe Lavapiés.
Camino de su epónima plaza, recorrerán la calle Argumosa, el «paseo marítimo» de una ciudad sin mar, pero con cien terrazas y cien acentos. Siéntense en el Automático a probar su pastel de pollo, de ingredientes tan humildes como fabuloso en resultado. Y si no encuentran sitio en las mesas de fuera, entren a sus paredes azul turquesa y al jazz que las envuelve.

Una vez en la plaza de Lavapiés, los acentos han pasado de cien a mil. De cada confín del globo; y todos de Madrid. Ya dijo Joaquín Sabina que los que han nacido en Madrid no han podido soñarla, y lo bueno es llegar con la boina y la maleta de cartón y a los cinco minutos ser de Madrid.
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Hola Pedro , interesante recorrido lleno de evocaciones al respecto de «yo les recomiendo la refinada revisitación de Magno: mezcla flambeada de brandy, azúcar moreno, granos de café y ralladura de limón; vertida en un expreso de tueste natural y acompañada de una rama de canela».
acabas de descubrir el «cremat » tradicion catalana, junto al cafe….
saludos
Claro, si es que Catalunya también es Madrid. Y Madrid es Catalunya. (Esto se lo digo así entre nosotros, que no nos lean muy alto, no sea que alguien se sulfure).
Un saludo y gracias por la anotación. :)
Cuánto cansa ver metido a David Foster Wallace con calzador en todas partes…
Cuánto cansan los comentaristas cretinos metiendo su cretinismo en todas partes…
Cuánto cansan los que etiquetan a los demás de cretinos por todas partes…
pequeña corrección: serán de Mumbai o de Bombay, no de Mumbay, aunque la verdad es que en Lavapiés son casi todos Bengalíes.
Gracias por tan evocador viaje y por hacerle a uno sentirse tan de Madrid.
Me gusta el tono que el autor quiere darle a este artículo, pero me desagrada bastante el uso reiterado de otros autores (Foster Wallace, Aristóteles…) que no siempre viene a cuento, resultando en algunos casos bastante forzado.
Menos me gusta todavía este párrafo:
«Espíritu Santo es nuestro Camden y nuestro Portobello Road de bolsillo. Decenas de pequeñas tiendas; camisetas, ropa contemporánea y también vintage, librerías, papelerías para niños, pastelerías, comida para llevar y para tomar. Todas ellas abiertas en los últimos dos o tres años. Nos gusta criticarlos, pero qué quieren que les diga: los hipsters están salvando al pequeño comercio.»
Parece que cada vez más articulistas se empeñan en hacer aparecer aquí y allá la palabrita ‘hipster’, aunque no venga a cuento. Se ve que está de moda y ya todo el mundo ve fantasmas donde no los hay. Ahora todo es hipster y hay que hacérselo ver al resto.
Hola. Una puntualización. El edificio de Tabacalera no es del siglo XX, sino del siglo XVIII. En un principio fue fábrica de naipes y aguardiente, también se editaban los sellos. Luego se convirtió en manufacturera de tabaco. La proyectó el arquitecto Manuel de la Ballina por encargo de Carlos III. Originalmente tenía dos plantas, la tercera fue un añadido de finales del XIX. Por tanto, es un edificio neoclásico. Sirvió de modelo para otros edificios muy parecidos en Sevilla, San Sebastián, Gijón, Tarragona, hasta 12 o 13 repartidos por todo el país.
A mí el artículo me gusta (igual que otro parecido que también leí por estos lares…) PERO
me cansa un poco el tufillo ‘elitista’ que suelen tener este tipo de textos, con sus brandis, sus branches, sus ginebras y todo ese tipo de cosas. También se puede disfrutar Madrid entrando en tascas y bares «normales» de los de «la gente de a pie» o, simplemente, cogiendo una cerveza de algún negocio oriental o un vendedor de la calle y simplemente, andar (ya sea solo en buena compañía) por las calles de Madrid.
Hola,
a mí ni siquiera me gusta el alcohol, pero estoy totalmente de acuerdo.
Eso si no te cruzas con un madero que quiera encasquetarte 600 euros por la latita de cerveza
Una maravilla, me encanta cómo está escrito, lo que está escrito y lo que evoca sin estar escrito. Enhorabuena y muchas gracias
En efecto, este artículo lo podría haber escrito cualquiera que posea la habilidad de intelectualizar un Madrid-Esencia dentro de un caleidoscopio (como los ojos de Lucy, recuerdas?) y de colocar las palabras con cuidado mínimal y atomizado -si esto se puede decir así- moteado de vectores elegantes, bajo una estructura de capas que no resulta fácil adivinar pero que sin embargo consiguen grapar polaroids a su lectura, supongo. Lo difícil es decir que es una mierda-etcétera porque para afirmarlo es necesario otro nivel. En sirio.
A mí lo que no me gusta del artículo es la comparación excesiva con otras ciudades, suena a acomplejado. Madrid puede ser una ciudad fantástica sin necesidad de decir «oh, esta calle es igual que la que hay en Londres y se llama…»
Un par de correcciones, siento ser tan tiquis-miquis. El 90% de los que trabajan en los restaurantes «indios» de Lavapiés son de Dacca, y el resto de otros puntos de Bangla Desh. Por otro lado el Café Central está en la Plaza del Ángel.
Las comparaciones con Londres pueden ser más o menos acertadas, pero la vida callejera Madrid no es comparable a la de ninguna otra capital europea: es la referencia.
Vente a Berlin y me lo cuentas.
Es increible la facilidad española para mirarse al ombligo, autocomplacerse y practicar el onanismo…
Totalmente de acuerdo. Y el mantra de esa autocomplacencia es la plegaria oída ad-nauseam «Es que en España se vive muy bien.»
Ahi va un poquito de SPAM para salvar el cafe Central:
https://www.change.org/p/ayuntamiento-de-madrid-salvemos-el-caf%C3%A9-central
Pingback: Miss Martínez goes north. Lost in Bristol. | Carolina Martínez
Madrid es una ciudad fabulosa, he tenido la suerte de estar hace poco unos días y he disfrutado un montón. Enhorabuena por el artículo.
Si algo describe a Madrid, son sus bares de «viejo» y sus risas, gritos y ruidos entre cañas. Madrid no ese centro comercial al aire libre que se pretende vender, pretenciosamente se intenta transmitir que Madrid es como Londres o Barcelona, y Madrid no es eso. Si quiero Londres, Berlín o Barcelona, me pillo el Ryanair. A los madrileños, dejadnos «canallas».
Salud, vermú y cañas.
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Fantástico