
Dos cosas que no suelo hacer: empezar no con una sino con dos citas y, lo que es peor, empezar el artículo por el final.
Son dos citas que están separadas por más de dos mil años. Pero creo que se podrían haber escrito perfectamente una detrás de la otra, en el mismo momento histórico, incluso por la misma mano:
—Memorias de ultratumba, Chateubriand, 1849:
Esta imposible duración y prolongación de las relaciones humanas, ese profundo olvido que nos sigue, este invencible silencio que se apodera de nuestra tumba y se extiende más allá de nuestra casa me recuerdan sin cesar la necesidad de aislamiento. Cualquier mano es buena para darnos el vaso de agua que podemos necesitar en la fiebre de la muerte. ¡Ah, quiera el Cielo que no sea una mano demasiado querida para nosotros! Pues, ¿cómo abandonar sin desesperación la mano que se ha cubierto de besos y que se querría tener eternamente sobre el propio corazón?
—Epopeya de Gilgamesh, poema sumerio, primera mitad del II milenio a. C.:
Gilgamesh, llena tu vientre, alégrate de día y de noche, que los días sean de completo regocijo, cantando y bailando de día y de noche. Vístete con ropas frescas, lava tu cabeza y báñate. Contempla al niño que coge tu mano y deléitate con tu mujer, abrazándola. Porque esto es lo único que se encuentra al alcance de los hombres.
Pasan los siglos. El mundo continúa. Surgen nuevas religiones. Hay grandes inventos. Tecnología. Ideología. Todo parece radicalmente diferente… ¿Se ha avanzado realmente mucho? ¿Cómo debemos vivir? ¿En soledad, aceptando la soledad como un mal menor contra la muerte y el sinsentido de la vida? ¿O a ciegas, buscando el goce inmediato, buscando el amor y la compañía de las personas a las que nosotros queremos, olvidando cuál será su fin y el nuestro? ¿Estoicismo o hedonismo? ¿Resignación o protesta? Desde Mesopotamia a Francia, siglos y siglos de civilización y una pregunta sin respuesta.
Bueno, no nos pongamos trascendentes. O sí. Puesto que esto parece ser una condición fundamental del ser humano, pongámonos trascendentes por un día. Chateubriand vive en pleno siglo XIX y tiene ese vicio del romanticismo, que entonces era tan reciente que M. Y. Lérmontov dedicó una obra a hablar de él: El héroe de nuestro tiempo. En ella el protagonista, un oficial ruso, dice: «Me acostumbro a la tristeza tan pronto como al placer, y mi vida se vuelve vacía día tras día». Y sí, todo eso nos suena. El existencialismo, el nihilismo… todo eso nos parece muy moderno, muy del siglo XIX y XX, y le pega muy bien a Chateubriand.
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Bello!
El alma humana es constante, pero no asi las leyes. Por eso el unico Derecho Natural son los Derechos Humanos, aquellos que protegen el espiritu eterno del individuo de las inclemencias sociales
¿Alguien de entre el público ha dicho prisión permanente revisable?
Las herramientas de las que disponemos para cambiar todo a nuestro alcance si que han cambiado de manera dramática. Tanto es así que, adelantamos de manera artificial ciclos naturales de este planeta que, tardarían millones de años en acontecer. Por el contrario, la naturaleza humana, no ha cambiado tanto…nos dotamos de la cultura como muro de contención pero parece no haber sido suficiente y en el horizonte ya se atisba la tragedia. Poco puede hacer cualquier código de normas si estas se construyen sobre un rio que, cada cierto tiempo está obligado a destrozar todo a su paso.
Da igual lo que pienses, sientas o hagas.
El rumbo de la humanidad esta dirigido hacia el control social y control individual.
Aunque el 10% piense, reflexione y agite, el 90% de la gente no escucha, porque está programada para ser sumisa.