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Danko Cvjeticanin y el día en que Sabonis se lió a puñetazos

Foto: DP
Foto: DP

Acababa de empezar la temporada 1992/93, la de la supuesta confirmación de Estudiantes tras el éxito europeo del año anterior, y su entrenador, Miguel Ángel Martín, ya tenía claro que la plantilla necesitaba un refuerzo. Meses antes, en una decisión unilateral de la ACB que llegó a provocar una huelga general de jugadores durante la preparación de los Juegos Olímpicos de Barcelona, se había implantado en la liga española la figura del «tercer extranjero», aunque fuera a tiempo parcial: los clubes podían contratar a tres pero solo podían tener en el campo a dos de ellos. Más tarde, ya negociada la decisión con el sindicato de jugadores, se dejó en tres extranjeros, sin más restricciones que su propio talento.

Con solo Winslow y Pinone en nómina, lo lógico en esos momentos habría sido buscar un buen pívot estadounidense, de esos atléticos y muy por encima de los dos metros: la solución habitual en todos los equipos españoles ya desde la década anterior. El «problema» era que Estudiantes tenía a Juan Antonio Orenga, Rafa Vecina y Alfonso Reyes acompañando a Pinone en su juego interior y para mejorar eso había que gastarse mucho dinero. Incluso en tiempos de relativa bonanza económica, con Caja Postal-Argentaria detrás poniendo lo necesario, a Estudiantes el dinero no le sobraba. Cuando Martín fue a la directiva a pedir el fichaje, le dijeron que adelante, pero que solo podía gastarse 70.000 dólares. «Y 70.000 dólares no son 70.001», como le gusta recordar al entrenador.

En los locos años noventa, esa cantidad era ridícula. El Estudiantes venía de prolongar el contrato de Herreros, renovar el de Orenga y hacerse con el mejor pívot español de la temporada anterior, Vecina. Además, tenía que afrontar las renovaciones de Winslow, Pinone y Azofra a final de esa misma temporada. Había lo que había, ni un duro más, así que no quedó más remedio que tirar de imaginación.

A favor de Martín jugó la desgracia: un año antes, la poderosa Yugoslavia había entrado en un conflicto atroz que marcó con sangre las relaciones entre sus distintas repúblicas. Las grandes estrellas, los Kukoc, Petrovic, Radja, Divac, Paspalj… ya habían volado por entonces a Estados Unidos o estaban haciendo tiempo en algún millonario equipo italiano, pero la guerra se llevó por delante a la «clase media», todos esos jugadores que no habían podido salir antes porque la Federación impedía que los menores de veintiocho años se fueran del país y que habían vivido el baloncesto como profesionales, incluso de élite, pero con sueldos amateur.

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7 comentarios

  1. Pronúnciese «Tsvietíchanin»

    Gran artículo.

  2. Pingback: Danko Cvjeticanin y el día en que Sabonis se lió a puñetazos

  3. cariacontecido

    Fantástico homenaje a uno de los grandes tiradores de la historia de nuestra liga, a pesar de que sólo estuvo dos temporadas. En aquellos tiempos de soporífero juego interior (hablo de la ACB, baste la dupla Pipone-Orenga como ejemplo, aunque hay muchos más), eran los de fuera quienes daban espectáculo (Jackson, Herreros, Cvjeticanin, Perasovic, Villacampa…). Gracias por acordarte de él.

  4. Ese quinto partido, el de la despedida de Pinone, con el juego exterior del Madrid incapaz de parar a Cvjeticanin, fue resuelto, favorablemente para los intereses madridistas, con una excelente actuación arbitral (se le sacó del partido por faltas rápidamente)… Creo que este apunte sirve para que quede clara la valía del jugador.

    Por cierto, contra Caja San Fernando (con Brian Jackson en sus filas creo recordar), le vimos hacer algo que no he vuelto a ver. Tras robar un balón, yendo solo hacia canasta, se paró en el triple y, por supuesto, lo anotó.

    Otra cosa importante es su dureza mental, porque tanto Pinone como él eran los líderes de un gran equipo.

    • a mí «Vietíchanin» me pilló demasiado pequeño, al igual que muchos de los nombres mencionados, por poco, eso sí. Mi primer gran recuerdo de baloncesto fue una final Madrid-Barça con Bodiroga y Djorjevic como estiletes de cada equipo (luego cambiarían de equipos y adoraría a Sasha pero entonces no podía tenerle más manía, qué pesadilla). Pues bien, todo esto viene a que en un contraataque del Madrid Bodiroga decidió clavarse y enchufar un triple que enloqueció el salón. Tu comentario me lo ha traído a la mente. El Barça se llevó esa final, en Madrid creo.

      Se agradecen este tipo de artículos

  5. Gran articulo.

    Para los interesados en los Balcanes, hay un magnifico libro de Brian Hill titulado «El pais imposible» en el que el autor viaja por toda Yugoslavia justo antes del comienzo de las hostialidades y habla del tema candente con gente de todo tipo, futura nacionalidad e ideologia.

    Al principio habla de un jugador de baloncesto al que conoce por una amiga y con el que se va de excursion en su coche a Eslovenia. Es el Yeti. Una buena ocasion para leer que se le pasaba por la cabeza antes de la tragedia.

  6. Felicidades por el articulo
    Mítico Yeti!

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