
«¡Todo el mundo sigue muerto! Oh… ¡gracias a Dios!»
No todos los días aparece una serie con una premisa inicial original, especialmente dentro del ámbito de la comedia, y la verdad es que esperaba con bastantes ganas esta serie creada y protagonizada por el cómico Will Forte —por si no lo conocen, de la escuela Saturday Night Live y experto en aterrorizar niños—, que narra las desventuras del único hombre que sobrevive a una pandemia que acaba con todos los demás seres humanos.
La temática, claro está, puede deducirse del título, que hace referencia a películas postapocalípticas como The Last Man on Earth de 1959 (y sus posteriores adaptaciones The Omega Man y I Am Legend), The Quiet Earth o sobre todo The World, The Flesh and the Devil. O también la interesante serie documental Life After People, que supuestamente sirvió de inspiración directa para la creación de esta serie. Pero estas referencias terminan siendo más bien indirectas. Resulta obvio que no se puede rodar una serie postapocalíptica sobre la soledad del superviviente sin hacer constantes guiños a estos títulos, y esta serie los hace, particularmente en el primer episodio. Pero cabe insistir en que no hablamos de ciencia ficción ni de elucubraciones distópicas, sino de una serie de humor en toda regla. Esta es una visión desenfadada y gamberra del fin del mundo.
Will Forte, el autor de la serie, ha creado el personaje de Phil Miller como vehículo para su propio lucimiento. Phil es el sufrido superviviente que tras recorrer los Estados Unidos en la infructuosa búsqueda de algún otro humano vivo, termina rindiéndose a su destino y convirtiendo su solitaria existencia en una espiral de alcoholismo y hedonismo nihilista. Cuando se da cuenta de que ningún bien material puede sustituir al calor de la compañía humana, cae en un estado de total abandono, tanto de sí mismo como de los tesoros que ha ido recogiendo en sus viajes por el país: es capaz de llevarse un autorretrato original de Rembrandt a casa para después derramar su bebida sobre el cuadro, o de secarse con el ejemplar original de la Constitución, o de convertir la piscina de una mansión en retrete, con el más que ominoso resultado que pueden fácilmente imaginar. Will Forte se mueve como pez en el agua en este registro de individuo desesperado que termina viviendo entre montañas de basura, y probablemente su interpretación es el punto más fuerte de la serie. Es más, por momentos está sencillamente inmenso: ha diseñado la serie a su imagen y semejanza, y eso, lógicamente, se nota mucho.
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Me ha hecho pensar en «La nube púpura», de M P Shiel. En esta novela apocalíptica, el protagonista, también único superviviente en la tierra, se dedica a recorrer el mundo quemando ciudades, hasta que encuentra a una superviviente. Claro que humor no tenía mucho…
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