Etiquetado con: "John Cheever"

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Ernest Hemingway at table with his cat Cristobal at Finca Vigia.

Apuntes sobre inspiración, drogas y literatura

Algunos dirán que la literatura es una droga. Desde luego habrá muchas voces en contra, quizá más que a favor de esta afirmación. Para ellos, me justifico: la literatura puede enganchar, conseguirla puede ser cara o barata, entretiene y desde luego nos descubre mundos reales e imaginarios con una viveza que es difícil de igualar, incluso por el cine, su […]

Los ojos de Ida Lupino

Los ojos de Ida Lupino

Bill Tracy, el protagonista de la sátira negra de Fredric Brown El asesinato como diversión, es un guionista radiofónico más bien disperso y poco profesional. Aunque a lo largo de la novela Tracy parece continuamente desbordado por diversos acontecimientos que no voy a relatar aquí, siempre encuentra tiempo para echar una generosa mano a un neófito, «especialmente si es una […]

Ernest Hemingway, 1959. Fotografía: Corbis.

Ernest Hemingway: ramificaciones culturales de una nevada primaveral en Madrid

Hablemos del destino, esa variable caprichosa que la juventud identifica con el futuro y la madurez con las oportunidades perdidas. Ese motor de la toma de decisiones, esa variable de causa que prevé un efecto, y cuyos resultados a toro pasado descubren a una pléyade de listillos: «ya te lo dije», «si es que ya lo decía yo» y demás. […]

Siempre nos quedará Playboy

Siempre nos quedará Playboy

En cuarenta años de carrera, John Cheever (1912-1982) publicó ciento veintiún relatos en el New Yorker, alguno de los cuales se consideran obras maestras, como «La monstruosa radio», «La geometría del amor», «Tiempo de divorcio» o «El nadador». Harold Ross, fundador de la revista y hombre poco dado a romper la distancia que mantenía con los colaboradores, lo felicitó por escrito […]

Dean Martin y Peter Lawford en Ocean's Eleven. Foto: Warnes Bros.

Uff, qué resaca

Cuando despiertas sientes un funeral en la cabeza, como en aquel verso de Emily Dickinson. No hay nadie en ese velatorio, salvo tú, que eres el muerto, harapiento y náufrago, como en aquella novela de Juan Rulfo. Te palpas los bolsillos del pijama en busca de un grifo. Pagarías por que manase agua fría de la lámpara que hay en […]

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