
Algunos dirán que la literatura es una droga. Desde luego habrá muchas voces en contra, quizá más que a favor de esta afirmación. Para ellos, me justifico: la literatura puede enganchar, conseguirla puede ser cara o barata, entretiene y desde luego nos descubre mundos reales e imaginarios con una viveza que es difícil de igualar, incluso por el cine, su gran competidor.
Sea como fuere, la conexión de la literatura con la droga es mucho más que un simple símil y está directamente relacionada con la inspiración y la naturaleza de todas las ideas, porque abre en cierto modo y citando a Huxley, las puertas de la percepción y nos dan acceso a los antípodas de la mente, que no están al alcance de todas las personas.
La inspiración es un concepto escurridizo. Se podría decir que su definición es, por contraposición, lo contrario a no tener nada que decir. Eso es, cuando viene la inspiración es una especie de consciencia recién adquirida de que tenemos algo que decir. En ocasiones ese algo puede dar lugar a una obra maestra y a veces puede terminar en ese cuadro horrible que pintaste y que con todo tu orgullo has colgado en el salón. Es una cosa ambivalente quizás y no hay que dar por sentado que está solamente relacionada con el primer tipo de obra. Uno puede estar inspirado y no crear nada. Uno puede, repentinamente, inspirarse en medio de una conversación y contribuir con algo genial.
Es difícil delimitar la inspiración, pero sí podemos concluir que se trata del paso de un estado de pasividad a la actividad, aunque algunos como Picasso dirían que es mejor que cuando llegue nos pille activos. Las definiciones de inspiración han variado en el tiempo, dependiendo mucho del imaginario de la época, de la concepción del ser humano y su lugar en el mundo. En las sociedades más antiguas como la griega o los pueblos nórdicos se relacionaba, por lo general, con la intervención divina, y así será también para los cristianos en épocas más avanzadas. Con la aparición de la psicología y el estudio de la mente se sitúa esa chispa creativa en el interior del ser humano y actualmente seguimos esa estela después de años encantados de reconocer nuestras maravillas y sin reconocer prácticamente ninguna otra.
Ocurra dentro o fuera del ser humano, la gran compañera de la inspiración en todas las artes, quizás porque nos manda la mente a paseo, es la droga. Las civilizaciones antiguas la han utilizado en sus ritos para acercarse a las divinidades, y en la actualidad quizás también para acercarnos a algo o alejarnos de otras tantas cosas. Es el gran filón de la inspiración en la literatura. Desde el brandy hasta el peyote pasando por todo tipo de compuestos naturales o sintéticos, los grandes escritores se han dejado llevar por los jardines de la mente con gusto. Bien usadas, ayudan a abrir las compuertas de la autocensura, y por tanto a crear obras más puramente humanas —o animales—.
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Buen artículo de repaso por algunos de los grandes hitos de la literatura afín al consumo de drogas; informativo, ameno, y hasta entretenido. Pero, a mi juicio, se apoya constantemente en un uso normativo del concepto «droga», sin plantear una crítica del propio concepto, de modo que da siempre a entender cuando habla de «droga» una suerte de sustancia misteriosa, potencialmente destructiva en sí misma (este es el mayor error) y sobre la que, por descontado, existe una atmósfera de rebeldía que le es característica. Pese a que el artículo entiendo que intenta dar una visión amplia de las drogas y su relación con la literatura, incluso destapar algunos mitos, el uso indiscriminado del concepto «droga» con el tono desenfadado y acrítico, contribuye más bien a la narrativa convencional que considera estas sustancias farmacológicas como algo malo, que debe estar condenado a la marginalidad y el ostracismo clínico y social.
De hecho, una dosis excesiva de agua podría alejarse del convencionalismo en torno al concepto ‘droga’ pero ser igualmente nociva además de potencialmente mortal.
…criticas el «conceto» pero lo usas en tu primera frase.
Me ha encantado este repaso, además se dejan varias recomendaciones para ahondar.
En el último párrafo me hizo recordar Escritos sobre genio y locura, que me acaba de llegar (le tengo ansias enormes), y me quedé pensando si Pessoa utilizó algún tipo de droga… aunque pareciera que su «droga» fue más bien el esoterismo, lo que pudiera haber exaltado su deslumbrante visión.
Interesante articulo sobre la relación de los escritores y las drogas, que me hace reflexionar sobre esta relación que ha existido y existe de algunos escritores de los considerados grandes con la droga y la influencia que esta haya podido tener en su obra…