
Hablemos del destino, esa variable caprichosa que la juventud identifica con el futuro y la madurez con las oportunidades perdidas. Ese motor de la toma de decisiones, esa variable de causa que prevé un efecto, y cuyos resultados a toro pasado descubren a una pléyade de listillos: «ya te lo dije», «si es que ya lo decía yo» y demás. «Sea el maestro de su destino» y otros mantras de autoayuda pueden ser un reclamo eficaz para la venta de libros en periodos carenciales, pero conviven bastante mal con esa lógica matemática que asegura que el aleteo de una mariposa en Argentina, o Australia, o Sevilla provoca maremotos en China. Lógica que olvidamos a diario, bajando al banco a firmar un préstamo o un plan de pensiones así, como quien no quiere la cosa, planificando los próximos veinte o treinta años de nuestra vida con la debida suficiencia e ignorando que nuestro destino, el del barrio, el del país y el de la humanidad puede depender de que uno le eche dos hielos al gin-tonic, o tres.
De la misma manera, entregarse a elucubraciones sobre «qué habría pasado si» tiene algo de ejercicio inútil. Tanto como el de «si no hubiera sido por». Ya saben: «es que Luis Aragonés dejó a Raúl en casa, y de ahí todo»; «la edad de oro de las series si no llegan a hacer Twin Peaks ya me dirás tú»; «es que sin Los Beatles y su «Helter Skelter«, el heavy metal como que no», etcétera. Pasatiempos estos tan amenos como estériles, pero oiga, de entretenimientos inútiles está nuestro ocio lleno. Proponemos aquí una de esas deducciones hipotéticas de causa y efecto que espero le justifique al menos el tiempo de lectura: consiste en inferir, dentro del inmenso conglomerado de hechos, posibilidades, alternativas, detonantes y resultados que conforman el devenir humano, las consecuencias de que Ernest Hemingway no pudiera ir a los toros el 16 de mayo de 1926 debido a una nevada caída en Madrid.
Hablamos de un fenómeno atmosférico madrileño nada típico en primavera, y lo hacemos con bastante optimismo y un punto de presunción, porque bien es sabido que el autor de Fiesta gustaba de decorar su biografía con algún que otro ligero aderezo novelesco. Vaya por tanto usted a saber si una nevada obligó realmente a suspender los toros en la capital. Pero poco importa: la leyenda ya está impresa en esta mítica entrevista de 1959 en la que el maestro cuenta cómo ese 16 de mayo de 1926 estaba alojado en una pensión de la Carrera de San Jerónimo (que por cierto sigue ahí, agazapada entre tiendas de souvenirs) en la que, combatiendo el frío a base de mantas, brandys y Valdepeñas, le sobrevino un ataque creativo que recordaría hasta el fin de sus días. Antes de acostarse había puesto por escrito tres de sus más célebres (y mejores) relatos breves: Los asesinos, Hoy es viernes y Diez indios.
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Excelente artículo, enhorabuena!
Huevos con tocino y sin quitarse los guantes, inolvidables, Los asesinos.
Brutal el artículo. ¡Enhorabuena!
Hay también otras adaptaciones de «The Killers» algo menos conocidas. «Ubiytsy», por ejemplo, es un corto de los 50 dirigido por el mismísimo Tarkovsky en su época de estudiante. Creo recordar que él mismo sale actuando como cliente.
Larga vida a Hem.
Uy! Me emocioné y lo mencionas justo al final. Touchè. ;)
Preciso artículo. Una auténtica caricia para el alma. Enhorabuena
Muchas gracias por hacerme pasar un rato de gozoso. Muy bueno el artículo.
Me encantó el artículo! En el mundo de hoy donde se publican tantas cosas prescindibles, habrá un nuevo Hemingway? Lo hay y no lo vemos entre tanta neblina intelectual?
Aquí les dejo un link sobre Inceptionism, un nuevo arte creado por inteligencias artificiales, estos serán los nuevos artistas?
http://fullde95.blogspot.com/2016/01/inceptionism-principio-o-final-de-los.html
ME PARECE EXTRAORDINARIO ESTE REPORTAJE SOBRE HEMINGWAY, UN AUTOR Y UNA OBRA SIEMPRE «NOBELEZCO» (NOVELAS MAESTRAS Y PREMIO NOBEL!!). GRACIAS A IKER ZABALA POR ESTA VISION Y REVISION. Andrés Alberto Padilla desde Venezuela.