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Ajedrez: seis piezas y un mercado inmobiliario

Piezas

¿Es el ajedrez una mera colección de figuras de madera sin personalidad propia, o cada una de ellas —por lo que pueden hacer y por lo que no— podrían representarnos, e incluso caernos mejor o peor, a cada uno de nosotros? ¿Valen siempre más las torres que los peones? ¿Valen todos los peones lo mismo? ¿Es el rey siempre tan débil? ¿Es siempre la dama tan fuerte? ¿Son todas las casillas igualmente importantes? ¿Es el tablero solamente un tablero, o es realmente un mundo en miniatura?

El peón

Si el ajedrez es un juego monárquico —y sin duda lo es porque el rey es la pieza más importante y la reina la más poderosa— entonces podemos decir que el peón es el equivalente sobre el tablero del obrero o del campesino. Y además es la pieza revolucionaria por excelencia. Como en la vida, si se produce una rebelión para derrocar al rey y la reina, son los peones quienes la protagonizarán. Porque aunque el movimiento del peón es el más limitado y su poder ofensivo muy débil… reúne dos cualidades que lo hacen único.

Por un lado, el peón es capaz de asociarse con los demás peones y así adquirir —mediante la organización— esa fuerza del pueblo llano cuando decide unirse. Si el peón desarrolla una consciencia de clase y se une a sus compañeros, puede adquirir una sorprendente fuerza. Un peón rara vez puede hacer grandes cosas por sí solo, pero cuando trabaja codo con codo junto a sus compañeros es capaz de inmovilizar e incluso de destruir a la más temible de las piezas enemigas. Los peones pueden edificar una muralla que ninguna otra pieza es capaz de romper. Philidor, teórico del ajedrez y casualmente —o no tan casualmente— campeón hegemónico de ajedrez en la Francia inmediatamente anterior a la Revolución de 1789, lo resumió en una frase que parece hablar tanto de los escaques como de la vida misma: “los peones son el alma del juego”.

Peon
Un peón puede convertirse en reina, así que nadie es insignificante en el ajedrez.

Para ser sinceros, no existe una estricta democracia sobre el tablero de ajedrez, que no deja de ser el escenario de una guerra en la que combaten dos ejércitos fuertemente jerarquizados. Pero, a pesar de todo, el pueblo sí tiene una voz, y la tiene a través del peón. La clarividencia de Philidor fue rescatada en el siglo XIX por Wilhem Steinitz, máximo impulsor de las estrategias modernas del ajedrez, estrategias basadas en el orden y la lógica. El campeón alemán cultivó una filosofía que sigue imperando en el ajedrez de hoy en día: si el juego  es como una guerra que enfrenta a dos naciones, la mejor forma de obtener la victoria es contando con el pueblo y dándole, cuando es posible, un papel preponderante. Crear una sólida estructura de peones sobre el tablero, en la que cada uno de ellos apoye al de al lado, es una de las bases fundamentales que garantizan la victoria. Una estrategia de ajedrez, como una nación, sólo resulta sólida cuando los peones se sienten lo bastante fuertes como para colaborar activamente en el resultado final. Y esa fuerza proviene del apoyo, de la colaboración, de la solidaridad. Así, Steinitz llevó la teoría del Estado moderno a la que —antes de él— fue la caótica sangría medievalizante del ajedrez, donde los peones habían sido como carne de cañón que podía sacrificarse sin demasiados remordimientos. Cuando Steinitz comenzó a vencer a todos sus rivales —algunos, celosos y consumidos por la envidia, le acusaban de efectuar un juego “poco caballeroso” cuando quizá, en el fondo, querían decir “poco caballeresco”—demostró que el pueblo, unido, no puede ser vencido.

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10 comentarios

  1. Héctor García Botero

    ¡Excelente!

  2. Me ha gustado el artículo pero no puedo obviar algunas imprecisiones.

    Dice el autor del artículo: […] así como la necesidad imperiosa de huir de su casilla cuando es puesto en jaque;[…] Sobre interponer una pieza, siempre que no sea el caballo o capturar la pieza que produce jaque ni palabra.

    […]Quien posee la iniciativa es quien elige el plan a seguir, quien decide qué se juega y en qué parte del tablero, mientras el rival sin iniciativa se ve limitado a reaccionar pasivamente sobre la marcha[…] Petrosian no estaría demasiado de acuerdo.

    […]Nada más empezar la partida, las casillas a intentar dominar son las del centro geométrico del tablero. En asegurar el control sobre esas casillas —conservando a la vez la armonía entre nuestras piezas— consiste básicamente toda la ciencia de la apertura, estudiada desde hace siglos[…] Nada sobre las defensas diferidas, en las que se les concede a las blancas el centro para atacarlo.

    En acolación a esto último encuentro que falta mención a los hipermodernos, Reti y Nimzowich.

    En cuanto a las torres ni mención de la séptima fila o las columnas abiertas. Aunque esto no es un olvido.

    Y naturalmente, hablando de ajedrez sin que aparezca Garry, es algo que a mí me cuesta entender.

    Saludos.

  3. Añadiré dos importantisimas propriedades del caballo y qes que por una parta a cada movimiento ataca una conjunato de escaques competemnte distinto excepto el de salida (en cambio el afil o la torra renuevan la mitad de casuillas atacada) y es la unica pieza que puede atacar a la dama sin necesidad de ser protegida. Todo ello hace que las combinaciones que tras una serie de maniobras forzadas culminan con una horquilla rey, dama son la principal causa de perdida de esta.

  4. Bello y magnifico articulo, me ha encantado. Enhorabuena!

  5. Pingback: Reflexiones de un tablero de ajedrez | David Rodríguez Arias

  6. Rafael C.G.

    Verdaderamente sublime.

  7. una aclaración, Wilhem Steinitz era austriaco no alemán, es un articulo interesante y ameno.

  8. Pingback: Otro suculento texto de ajedrez | Los juegos son cultura

  9. ¡Excelente articulo!, me gustó… Yo tengo una duda, a ver si me pueden ayudar. Es una duda heredada pues el problema me lo planteó un pana mío.

    Él viene y me comenta que en la mayoría de diagramas de ajedrez al alfil es común que se lo represente usando el ícono de una mitra episcopal de la que usan los Papas y obispos; el símbolo es una mitra con sus 2 ínfulas haciendo las veces de pie; pero él me dice que hay algunos diagramas en donde el alfil queda representado con un yelmo con visera.

    Si la pieza del alfil es un obispo en forma estilizada, ¿Cuál es la razón específica de representarlo con un yelmo de armadura de caballero medieval (un símbolo más bien bélico) y no con la típica mitra de siempre? … Tiene que haber una causa especifica para adoptar ese otro símbolo; ¿Pero cuál?.

    Si alguno me lo puede responder se lo agradezco.

  10. Pingback: Garaga Nombres Y Valores De Las Piezas De Ajedrez & More - image world

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